Adviento 3 Sanidad y santidad

Sermón 12/15/19 Advent 3

Posted by St. Athanasius Episcopal Church, Echo Park on Sunday, December 15, 2019

121519 Adviento 3 Sanidad y santidad

Isaías 35: 1-10; Mateo 11: 2-11

 

    Durante el Adviento miramos las señales que muestran que Dios viene; como la justicia, la alegría, la paz y la sanidad. El tercer domingo de Adviento es el domingo de Gaudete, o domingo de alegría. En algunos años los textos nos llevan a reflexionar sobre esa alegría. Pero los textos de este año nos invitan a explorar el camino a la sanidad. No sé uds, pero yo necesito sanidad mucho este año con todo lo que está pasando en el mundo y en mi vida.

    La buena noticia es que Isaías y Jesús la ofrecen. Ambos conectan la sanidad con la salvación y la santidad en formas nuevas. Isaías incluye la sanidad de la creación en la salvación. La conexión con la sanidad del alma es tan profunda como la palabra misma utilizada para la sanidad. Sozo en griego significa salvación y sanidad. A veces se traduce salvación, y a veces sanidad. La iglesia perdió contacto con partes centrales del ministerio de Jesús al enfocarse demasiado en una imagen legal de salvación: Dios, el juez, envía a Jesús a morir para que las personas puedan evitar el castigo de la condenación eterna por sus pecados y recibir la vida eterna. Ese es el significado legal de la salvación. Todos los otros significados hermosos y ricos de la salvación fueron ignorados a favor del énfasis en la necesidad de la humanidad de la salvación legal de un Dios enojado. El doble sentido de la palabra sozo eleva la importancia de la salvación como sanidad por encima de una visión de la salvación como legal, y muestra que la sanidad es central en la historia del Evangelio. Perdemos la belleza de la participación de Dios en el mundo cuando insistimos en que la salvación es principalmente legal.

    La tarea del Adviento es prepararnos para la venida de Dios. Una manera de prepararse es darnos cómo es cuando Dios está cerca para reconocer a Dios cuando venga. Isaías y Jesús ofrecen muchas de las mismas evidencias de la presencia de Dios. Isaías escribe: Dios vendrá y te salvará. Entonces se abrirán los ojos de los ciegos y los oídos de los sordos; entonces el cojo saltará como un ciervo, y la lengua del mudo cantará de alegría. Cuando Juan pregunta si Jesús es el que ha de venir a revelar a Dios, Jesús responde: Ve y dile a Juan lo que oyes y ves: los ciegos reciben su vista, los cojos caminan, los leprosos se limpian, los sordos oyen, los muertos resucitan y los pobres tienen buenas noticias.

    Para Jesús, la sanidad ocurre cuando Dios viene. Es como si el Evangelio estuviera diciendo: “Cuando ves que hay mucha sanidad, Dios está presente en ese lugar”. No es por casualidad que hayamos perdido esa idea. Gran parte de la iglesia considera que la verdadera historia del Evangelio es la muerte sacrificial de Jesús por nuestro pecado. Pero Jesús habló muy negativamente sobre el sacrificio. Cuando los líderes religiosos criticaron a Jesús por comer con pecadores, respondió: Los que están bien no necesitan médico, sino los que están enfermos. Ven y aprenden lo que esto significa: “Deseo misericordia, no sacrificio. Cuando lo criticaron por permitir a sus discípulos satisfacer su hambre arrancando espigas en el día de reposo, dijo: Si hubieran sabido lo que esto significa: ‘Deseo misericordia y no sacrificio’, no habrían condenado a los inocentes. (12: 7) Es extraño que la iglesia concluyó que el Evangelio se trata más del sacrificio de Jesús que de sus actos de misericordia.

    ¿Quién no quisiera que todos tuvieran la oportunidad de ser sanados? Pues, resulta que no todos quieren sanidad para todos. Muchos han usado la relación entre la sanidad y la santidad para separar a las personas de los dones sanadores de Dios. En la ortodoxia de los días de Isaías, la santidad estaba reservada para aquellos que eran ritualmente limpios. Los impuros no podían participar en la salvación que Dios ofreció a Israel. 600 años después, en los días de Jesús, Israel tenía aún más reglas sobre cómo mantenerse ritualmente limpio y, por lo tanto, santo y aceptable para Dios. Cada nueva regla excluía a otro grupo de personas de la posibilidad de santidad, sanidad y salvación. Hoy en día, muchos quieren limitar la entrega de alimentos a las personas sin hogar porque atrae a las personas sin hogar a lugares donde los residentes no los quieren, diciendo que no es sanitario y que no hay control en la preparación de alimentos. Algunos quieren restringir la atención médica para los inmigrantes porque podría atraer más para venir aquí. Muchos quieren limitar el seguro de salud a quienes pueden pagarlo. Todas esas son maneras de excluir a personas que faltan santidad.

    Isaías y Jesús tenían una visión muy diferente de la relación entre la sanidad y la santidad. Isaías usó la imagen de “El Camino Santo”, diciendo que los impuros no caminarán en él. Pero el pueblo de Dios sí caminará en él. Entonces, todo el pueblo de Dios se considera limpio. ¿Isaías creía que pisar el camino santo limpiaba a la gente? ¿O creía que las reglas de la limpieza ritual hacían posible que todos sean limpios a los ojos de Dios? De cualquier manera, es un Evangelio muy liberador en una situación opresiva.

    Jesús hace lo mismo. Sabía que los líderes religiosos se ofenderían cuando él sanaba a los enfermos, debido a las elaboradas reglas para ser y permanecer ritualmente limpios. Pero a Jesús no le importaba tanto lo que decía la ley ritual sobre ser santo y limpio como lo que decía la ley moral sobre amar a Dios y amar al prójimo. Por eso, no debería sorprendernos que Jesús se haya metido en muchos problemas por sanar a la gente de sus enfermedades. Se atrevió a ofrecer sanidad y perdón a los que el sistema mantenía en los márgenes de la sociedad. Los líderes religiosos la llamaron blasfemia, y creían que era mejor que un hombre muriera por el bien de la gente que destruir todo el sistema de salvación. (Juan 11:49)

    Entonces, después de describir su ministerio a los mensajeros de Juan, Jesús dijo: Bienaventurado cualquiera que no se ofenda por mí, porque muchos consideraron ofensiva esa opinión. Jesús continuó hablando de Juan como alguien que ofendió a muchos porque también se negó a seguir las reglas de un sistema que determinaba dónde se juntan las personas santas y cómo son. María anticipó la misma realidad en su canción de cuna a Jesús, que llamamos Magnificat.

    Todavía luchamos con la relación entre la sanidad y la santidad. El debate sobre la atención médica universal es básicamente una cuestión sobre quién merece ser sanado. Puede ser que no lo llamemos santidad, pero el impacto es el mismo. Algunos de ustedes vienen a la mesa para una bendición porque creen que son demasiado indignos o impuros para recibir la Eucaristía. Sigo repitiendo que todos somos indignos y que la Eucaristía solo tiene valor para aquellos que saben que su bienvenida no se basa en ser dignos. Dondequiera que Jesús esté presente, la sanidad y el perdón están presentes. Ni siquiera tenemos que verlos; solo recibirlos. El Evangelio que queremos que la gente experimente en San Atanasio afirma que eres bienvenido a recibir todos los regalos de Dios. No importa cuánto te haya dicho tu madre, tu maestro o tu sacerdote que no los merecías, o que Dios te castigaría, la verdad del Evangelio es que Jesús te ofrece sanidad y perdón -sin precio y sin condiciones.

    Encontrar una comunidad que acepte las partes de uno que otros rechazan cumple un anhelo profundo que requiere más que la bienvenida a la comunión. Se trata de darle la bienvenida a su corazón. Cuando no le tratamos bien; cuando le culpamos, le atacamos y le avergonzamos, la gente quiere huir de nosotros. Por eso necesitamos perdón y sanidad primero. Culpamos, avergonzamos y atacamos porque así han respondido los adultos a las partes inaceptables de nosotros. Somos una comunidad de seres humanos heridos; por eso nunca seremos completamente consistentes en la forma en que nos tratamos unos a otros. Pero en nuestras imperfecciones, algo hermoso resulta de ver a Dios enraizado en la compasión y la gracia en vez del juicio y el castigo. A medida que descubramos la gracia y la compasión, nos trataremos cada vez más con esa misma gracia y compasión en lugar de culpar, avergonzar y atacar. El Evangelio ofrece la buena noticia de que no tenemos que ser tan santos para ser sanados.

    Finalmente, Isaías nos ayuda a ver que la sanidad no es solo para personas. La creación misma se sana: las aguas brotarán en el desierto y las corrientes en el desierto; la arena ardiente se convertirá en una piscina, y la tierra sedienta manantiales de agua. Nuestra generación necesita esa dimensión de sanidad como nunca antes. La crisis del calentamiento global nos obliga a enfrentar la verdad de que es imposible salvar a algunos sin salvarlos a todos. Los africanos siempre han sabido esto. Ellos tienen una palabra, Ubuntu. El Arzobispo Desmond Tutu dijo: Una persona con ubuntu está abierta y disponible para otros, afirmando a otros, no se siente amenazada de que otros sean capaces y buenos, porque tiene una seguridad adecuada que proviene de saber que todos pertenece a todos, y que es disminuida cuando otros son humillados o disminuidos, cuando otros son torturados u oprimidos. Sociedades enteras y la creación entera deben comportarse así. Los Estados Unidos no puede salvar su economía a expensas del medio ambiente global. Los países en desarrollo sufrirán primero los efectos del calentamiento global; pero cada nación se verá afectada. El Evangelio ofrece sanidad a una creación contaminada y a personas envenenadas por los mismos elementos que han contaminado. Todas estas formas de sanidad están conectadas. ¿Dónde necesitas sanidad? ¿Dónde puedes ofrecer sanidad al mundo?