Aprendiendo de un Desconocido

042620 Tercer domingo de Pascua servicio de oración matutina

Posted by St. Athanasius Episcopal Church, Echo Park on Sunday, April 26, 2020

042620 Pascua 3 

Salmo 116: 1-3, 10-17; Lucas 24: 13-35

 

La historia del Camino de Emaús comienza con dos de los discípulos de Jesús reflexionando sobre los acontecimientos de la semana anterior, algo que los amigos y los esposos a menudo hacen cuando se ven después de una ausencia. Muchos de nosotros estamos haciendo eso por teléfono en estos días. Para Cleofás y su amigo, esta fue sin duda la semana más dramática de sus vidas; entonces, su intercambio debe haber sido bastante intenso. Aquel que esperaban que iba a liberar a Israel había sido asesinado por el Estado y toda su vida debió ser reevaluada. No es tan común para la mayoría de nosotros que nuestras vidas personales se vean tan directamente afectadas por las noticias. Pero en estos días, nuestra experiencia es similar a estos dos discípulos. Las noticias se tratan de lo que nos ha sucedido a nosotros o amigos, lo que podría suceder y qué hacer para evitar que suceda.

Pero no fue solamente la relevancia de las noticias que llama nuestra atención. Fue la manera en que un desconocido volteó el sentido de sus reflexiones.  Cleofas y su amigo estaban lamentando el hecho de que ahora nadie iba a liberar a Israel para ellos. El desconocido volteó su comprensión para ver en cambio que Dios iba a liberar al mundo entero con ellos. Cuando Jesús se unió a ellos en su caminata, les preguntó qué estaban discutiendo tan intensamente. Relataron los acontecimientos de la última semana. Entonces, Jesús comenzó a conectar su historia con la historia de las Escrituras. Solo más tarde se dieron cuenta los discípulos de que cuando Jesús conectó los eventos de la semana anterior con el Mesías profetizado, sus corazones ardían dentro de ellos. No reconocían a Jesús en el desconocido. Pero la verdad que hablaba resonó en sus corazones. 

Reflexionar sobre nuestras vidas a la luz del Evangelio nos llevará a vivir en solidaridad con el mundo de una manera que conecte nuestras vidas con las noticias. Algo sucede en nosotros cuando nuestras historias se conectan a una historia más grande. Nos damos cuenta que no estamos tan aislados, y no nos sentimos tan solos. Comenzamos a sentirnos comprendidos. Nos damos cuenta de que nuestras dudas, miedos y alegrías no son tan diferentes a los de los demás. Otros han sentido lo mismo. Es parte de la vida. Las Escrituras cuentan historias que nos ayudan a hacer sentido de nuestras vidas, y nos ofrecen esperanza.

Si has plantado un jardín, sabes que hay que hacer ciertas cosas antes de plantar: limpiar el terreno, poner irrigación y poner additivos en el suelo. Del mismo modo, reflexionar sobre nuestras vidas a la luz de las Escrituras nos prepara para recibir lo nuevo que Dios quiere plantar en nuestras vidas. Nos hace receptivos a nuevas formas en que Dios podría venir, al darnos cuenta de cómo Dios ha venido en el pasado. Mientras Cleofás y su amigo intentaban encontrar sentido en la muerte del Mesías, un desconocido comenzó a caminar con ellos. Les preguntó qué estaban discutiendo. Cuando se dio cuenta de su ansiedad, dijo: ‘¡Oh, qué tontos son y qué lentos de corazón para creer todo lo que los profetas han declarado! ¿No era necesario que el Mesías sufriera estas cosas y luego entrara en su gloria?’ Luego, comenzando con Moisés y todos los profetas, les interpretó las cosas acerca de él en todas las Escrituras.

Yo he tenido esa clase de conversación con Jesús cuando no sabia que era Jesús. Cuando estoy resistiendo alguna tarea nueva, o siendo expuesto a un nuevo grupo de personas, o confrontando un nuevo reto como el COVID 19, a veces nuevas ideas que deberían haber sido obvios entran en mi cabeza como palabras de una fuente desconocida. Solo más tarde me doy cuenta que la fuente era Jesús. Creo que eso debe ser lo que quiso decir cuando dijo, “Cuando me vieron con hambre, con sed, sin ropa, o un extraño…” Quizás hay cosas que solamente podemos aprender de Jesús  cuando Jesús llega como un desconocido.

Cuando los discípulos llegaron a su pueblo e invitaron a Jesús a cenar con ellos, lo nuevo sucedió: el extraño se convirtió en el anfitrión. tomó pan, lo bendijo y lo partió, y se lo dio. Entonces se les abrieron los ojos y lo reconocieron; y él desapareció de su vista. Se dijeron unos a otros: ‘¿No ardían nuestros corazones dentro de nosotros mientras nos hablaba en el camino, mientras nos abría las Escrituras?’ El suelo había sido preparado; por eso estaban receptivos a la nueva verdad y al momento.

Cuando yo vivía en México, un grupo de obispos luteranos visitaron el estado de Oaxaca y se encontraron en un pequeño pueblo en el campo. Cuando unos campesinos trajeron cajas de Coca Cola y bandejas de elotes, uno de los obispos tenía los ojos abiertos al momento. Fue a la mesa y comenzó a decir las palabras de la institución sobre la coca cola y los elotes. Todo el grupo compartió la Eucaristía con esos elementos de comunión no convencionales, y nadie fue excomulgado.

A veces los cristianos suponen que conocemos a Jesús tan bien que no queda lugar para la sorpresa. Cuando eso sucede, generalmente se pierde todo el sentido, y nuestra fe de de ser atractiva. Esto sucede tanto a los liberales como a los conservadores, a los progresistas y a los fundamentalistas. Se cuenta una historia sobre un organizador comunitario en el área de Boston en una reunión en la iglesia mas famosa de Boston, una de muchas bellas y tradicionales iglesias en Boston. El organizador fue particularmente entusiasta al criticar las grandes disparidades de riqueza en la ciudad. Con gran fervor, usó la iglesia en la que estaban sentados como ejemplo. Toma esta iglesia, dijo. Es obsceno, todo este vitral, cálices de oro, tapices finos. Si la iglesia realmente se preocupara por la gente pobre, venderían todo esto y lo daría a los pobres.

Una mujer del barrio, que había vivido allí toda su vida, respondió: Este es uno de los lugares más bellos de la ciudad. Es uno de los únicos lugares donde la gente pobre puede darse el lujo de estar cerca de la belleza. Toda la otra belleza en esta ciudad cuesta dinero. Aquí, podemos estar rodeados de cosas hermosas, y todo nos pertenece. Ni se te ocurra quitar la poca belleza que tenemos. El organizador sabía demasiado. Había aprendido que el Evangelio daba prioridad a los pobres, pero lo había aplicado con demasiada rigidez. Para él, todo el problema estaba resuelto, como para los discípulos. Una extraña se lo aclaró ese día.

Con la hermana Teresa de Avila cantamos, Cristo a mi lado, Cristo delante de mí, Cristo detrás de mí, Gobernante de mi corazón. ¿Dónde te encontraremos? ¿Cómo responderemos a tus regalos? Con el salmista decimos: “¿Qué le devolveré a Dios por toda la recompensa que he recibido? Levantaré la copa de la salvación e invocaré el nombre de Dios”.