Arco Iris e Diluvios, Ríos y Desiertos

022121 Cuaresma 1 

El sermón empieza en el minuto 17:15 del video

Génesis 9:8-17; Marcos 1:9-15

 

La experiencia de Noé con diluvio y el arco iris, y el bautismo y la tentación de Jesús, subrayan una verdad de doble filo: el reinado de Dios no puede acercarse hasta que uno haya experimentado tanto el reino como las tinieblas. Siempre es el diluvio y el arco iris, la tentación y el bautismo, la Epifanía y la Cuaresma, la luz y la oscuridad. El Evangelio de Marcos abarca el bautismo, la tentación y la proclamación en 6 versículos. Después de su bautismo, el Espíritu condujo a Jesús al desierto inmediatamente. Cuando regresó a Galilea proclamó la cercanía del reinado de Dios. Jesús no habría tenido credibilidad para decir que el reino estaba cerca si no hubiera confrontado las partes oscuras de este mundo de frente en el desierto. El arco iris envía el mismo mensaje a Noé. Se sabe que un arco iris sólo se puede ver cuando haya lluvia y sol. Los momentos oscuros ofrecen regalos. Uno de esos regalos es que no podemos estar verdaderamente presentes con otra persona hasta que hayamos vivido ciertos niveles de dolor, alegría o drama.

¿Cómo utilizamos el don de la oscuridad en nuestras relaciones con la creación y con los demás? Al entrar en el tiempo de Cuaresma, tanto el Evangelio de la semana pasada como el de esta semana incluyen la frase, mi hijo amado. La semana pasada la voz celestial habló a los discípulos: este es mi hijo amado; escúchenlo. El Evangelio de hoy repasa el bautismo de Jesús cuando la voz habló a Jesús: eres mi hijo amado, en quien estoy muy complacido. Reportar ese mensaje tres veces en siete semanas indica su importancia. El mensaje claro al comienzo de esta temporada penitencial es que debemos contemplar ser queridos antes de poder participar en la penitencia. Seguramente esas tres palabras – mi amado hijo – fueron a las que Jesús se refirió en su respuesta a la oferta de Satanás de convertir piedras en pan: uno no vive solo con pan, sino por cada palabra que viene de la boca de Dios.  Seguramente se preguntaron por qué yo invertí el orden de la confesión y la absolución esta mañana. Puse la absolución primero porque en la economía de Dios, el perdón viene antes de la penitencia. Así que no se olviden sumergirse en ser amados antes de ahondar en su pecado esta Cuaresma. 

La promesa del arco iris dado a Noé envía el mismo mensaje. No es el corazón humano lo que cambia con la inundación. Lo que cambió fue el corazón de Dios. Dios considera el mal humano lo mismo antes y después del diluvio. Lo que Dios pensó según Génesis fue: nunca más maldeciré el suelo debido a la humanidad, porque la inclinación del corazón humano es malvada desde la juventud. Un teólogo lo dijo bien: Nos enfrentamos en este texto… con una crisis pesada y dolorosa en los tratos de Dios con la creación… es el corazón y la persona de Dios que se ponen en crisis … el mundo es llevado al gobierno de Dios sólo por los patetismos y la vulnerabilidad del creador. (Génesis, pág. 78-79) Dios decidió nunca volver a dar rienda suelta a su ira, incluso cuando el corazón humano era decepcionante. 

El signo de esa promesa es el desarme unilateral de Dios: he puesto mi arco en las nubes, y será un signo del convenio entre yo y la tierra. Observen que el arco aún no es el arco iris. Es un arma de guerra. Dios soltó su arma en un acto de desarme unilateral para acompañar la promesa de paz. Las inundaciones seguirán sucediendo y, trágicamente, la gente perderá la vida. Pero la vida seguirá después de inundaciones y sequías. Dios lo ha prometido. Del mismo modo, la gente se traicionará y abandonará mutuamente, y permitirá que la tentación le distraiga de su mejor yo. La vida seguirá; las relaciones se renovarán. ¿Cómo suena la promesa de Dios de no volver a inundar la tierra cuando nos acercamos a un año en una pandemia mundial que tiene demasiado en común con un diluvio? Ese puede ser un buen foco de reflexión para esta Cuaresma, un año después de la pandemia.

También podríamos reflexionar sobre la manera en que Dios se relaciona con la creación puede ser la mejor forma para las relaciones humanas. Dado que nada había cambiado en el corazón humano, la promesa unilateral de Dios de que nunca más toda la carne será cortada por las aguas de un diluvio fue una promesa que no garantizaba de que tendría un impacto. Dios no buscaba una palanca en su relación con la creación. Solo estaba prometiendo nunca destruir toda la carne por la ira. Muchas personas creen que, si hacemos promesas incondicionales, o damos afirmación incondicional, a nuestros hijos o vecinos, se aprovecharán de nuestra promesa, y su confianza en sí mismos se convertirá en arrogancia. Queremos usar las promesas como palanca para sacar algo de la persona. La psicología nos enseña lo contrario: es afirmando a las personas, incluyendo los niños, en el amor incondicional, que adquieren la confianza para brillar y florecer. Parece que Dios está más de acuerdo con la psicología que con aquellos que quieren asegurarse de que el ser amadas no se les vaya a la cabeza a las personas. 

    Relacionarnos en una manera que cultive la confianza de ser amados debe convertirse en el camino para toda la creación. La convenio de Dios con Noé afirma que estamos espiritualmente conectados en todos los niveles. Estoy estableciendo mi convenio con ustedes y sus descendientes y con toda criatura viviente a su alrededor. Ninguna parte de la creación está excluida de la promesa. El universo, el planeta y todas las criaturas nunca más serán cortadas. ¿Qué dice esto sobre el cambio climático? Muchos creen que la gente no se tomará en serio el cambio climático a menos que los amenaces con la posible extinción del planeta. Pero los pueblos nativos nos muestran un enfoque diferente, basado en la promesa de Dios a Noé. Se sienten a uno con la creación, y no se les ocurriría dañarla. El cambio climático no es una amenaza para ellos, sino una advertencia que motiva su cuidado de la creación porque ven a todas las criaturas como sus hermanos/as.

En las relaciones humanas, vivimos en un mundo que se caracteriza por contratos transaccionales más que por convenios relacionales. Tal vez el convenio universal de Dios con Noé es una alternativa oportuna que puede ayudarnos a llegar a ser conscientes de ser parte de algo más grande que nosotros mismos. Qué apropiado que la semana pasada el presidente Biden propusiera a los líderes mundiales que las relaciones entre naciones ya no se basaran en la diplomacia transaccional: Nuestra colaboración ha perdurado porque está arraigada en la riqueza de nuestros valores democráticos compartidos. 

Si vamos a sustituir una visión transaccional de las relaciones humanas de ser contratos a ser convenios, también debemos enfrentar el racismo. La responsabilidad de reducir las estructuras racistas de nuestra sociedad tiene sus raíces en que somos parte de la familia de la creación que fue bendecida por el convenio del Arco Iris. Cuanto más aprendo sobre el racismo en este país, más consciente soy de que la experiencia de la esclavitud sea el origen del problema. La esclavitud es la forma más obvia de relacionarse con otros seres creados como una transacción. Algunas personas usan eso como una excusa más que un reconocimiento: Yo nunca tuve esclavos, así que el racismo no es mi culpa. Equiparar no es mi culpa con no es mi responsabilidad mantiene la misma visión transaccional de las relaciones. El convenio del Arco Iris ve a todas las criaturas como hermanos.  

Amigos, debemos abrazar la luz y la oscuridad para vivir la vida al máximo. La Epifanía llega antes de la Cuaresma, el bautismo llega antes de la tentación, los arco iris vienen antes del pecado, y ser amados viene antes de la penitencia. No se les olvide llevar su convicción de ser amados consigo al viajar a la oscuridad esta Cuaresma. Que ese viaje nos transforme para que podamos participar en convenios de amor con cada parte de la creación. Amén.