Comunidad Radical para Hoy

05/03/20 Pascua tres servicio de oración matutina

Posted by St. Athanasius Episcopal Church, Echo Park on Sunday, May 3, 2020

050320 Pascua 4 Salmo 23; Hechos 2: 42-47; 1 Pedro 2: 19-25; Juan 10: 1-10

 

Esta semana pasada mi mundo profesional se ha llenado de preguntas como:

– ¿Cuándo podremos regresar al edificio físico para la iglesia?

– ¿Cómo serán los servicios de adoración cuando empecemos?

– ¿Cómo afectará la forma en que viviremos como iglesia en el futuro?

– ¿Cómo practicaremos la Eucaristía cuando todavía estamos preocupados por el virus?

Cada industria está haciendo sus propias preguntas; y se están dando diferentes respuestas; diferentes estados y municipios se están abriendo a diferentes ritmos. La izquierda y la derecha están divididas sobre lo que más importa: cuerpos sanos o economías saludables. Grupos de manifestantes están apareciendo en lugares que no han sido asociados con protestas políticas antes.

El otro día, uno de los que trabaja con Saul le preguntó si yo estaba en las marchas en el centro de Los Angeles protestando la cuarentena. Sabía que yo participo en muchas manifestaciones, y por eso estaría allí. Es importante recordar que no todas las protestas son iguales. La izquierda y la derecho están discutiendo qué importa más: cuerpos sanos o economias saludables. Los que analizan bien las cosas saben que la verdad supera dicotomías como esa.

En el lenguaje del Evangelio de hoy, los manifestantes de ahora quieren ser los porteros que abren y cierren el portón para las ovejas. Quieren proteger su bienestar económico y emocional. Gritan, Las pequeñas empresas se están hundiendo. La gente se volverá loca si no puede ir a la playa. Ellos ven a los que están extendiendo la cuarentena como ladrones que están quitando sus vidas. 

El argumento toma muchas formas:

  • ¿Podemos confiar en la ciencia?
  • Si vamos a contraer la enfermedad de todos modos, ¿por qué no exponer a las personas a ella ahora?
  • ¿No debemos confiar en la gente para que tome responsabilidad en cómo van a regresar a sus vidas?

¿Qué formas de comunidad está la iglesia llamada a tomar en este momento y en el futuro cercano? El Evangelio da una respuesta; el Libro de los Hechos otra. Jesús se identifica a sí mismo como una puerta: cualquiera que entre por mí entrará y saldrá. El lugar del portero está en el borde, donde está el portón. El mundo necesita personas que puedan mantenerse en el borde, mantener una fuerte oposición a la injusticia, escuchar a aquellos con quienes no estamos de acuerdo, hablar claramente por la verdad y la justicia y contra las mentiras e injusticias a los de afuera y de adentro, y saber cuándo la gente debe salir.

¿Cómo pueden discernir los porteros en el borde cuándo es el momento para que los que están dentro prueben el pasto afuera y cuándo los de afuera deben ser recibidos en el redil? Algunos manifestantes tratan de responder a esas preguntas sin entender lo que significa ser un portero para el redíl. Vivir en el borde es diferente de ser un miembro privilegiado. El mejor patriota comprende y respeta al sistema en lo posible, pero no necesita proteger, defender o promoverlo. El sistema ya cumplió su función. El verdadero patriota conoce las reglas suficientemente bien como para saber cómo cuestionarlas sin destruirlas.

El pasaje de Hechos nos da diferentes pistas sobre el tipo de comunidad que necesitamos ser. Nos dice que la iglesia primitiva vivía como una comunidad radical al principio. Compartieron la vida y las posesiones como familia. Vendieron sus bienes y distribuyeron las ganancias a todos, como hubo necesidad. Las distinciones que existían antes, y que todavía existían en la sociedad que los rodeaba, dejaron de ser factores en su vida en común. La sociedad en general miraba su vida en comunidad con asombro, especialmente las señales y maravillas realizadas por los apóstoles. Parece que la sanidad era la mayor señal en ese momento. Durante la pandemia actual, los sanadores siguen siendo los héroes que evocan el mayor asombro.

Esa forma radical de ser comunidad no duró mucho en la iglesia. Tres capítulos más tarde, las semillas de la destrucción se revelaron en una pareja que estaba engañando a la comunidad a través de una venta secreta de propiedad. El Nuevo Testamento continúa describiendo comunidad tras comunidad que no pudo cumplir con la imagen idílica de la comunidad pintada en el pasaje de Hechos de hoy. Tal vez no deberíamos usar esta imagen idílica de la comunidad como estándar para medir si cierta comunidad es digna de nuestra participación. En cambio, podemos usarla como una imagen de lo que es posible y cómo crearla cuando más la necesitamos. Fue un experimento realizado por un pequeño grupo de personas en una población más grande que en su mayoría continuó con la vida como de costumbre.

No sé ustedes, pero he tenido varias experiencias de comunidad radical. Hace 40 años, la comunidad de una iglesia me cuidó cuando mi esposa se estaba muriendo; hace 30 años, una comunidad de paracaidistas en México mostró cómo la lucha por los elementos básicos de la vida puede unir a la gente; incluso recuerdo que hace 6 años aquí en San Atanasio la congregación se unió para ayudar a los jóvenes cuando necesitaban solicitar DACA. Todas esas fueron experiencias de comunidad radical. No duraron mucho; pero respondieron a una necesidad en su tiempo.

¿Cómo podemos ser una comunidad radical durante esta pandemia y en la transición entre la cuarentena y lo que venga después? No tenemos que saber cómo crear una forma permanente de ser comunidad. Solo necesitamos descubrir una manera oportuna de ser comunidad hoy. ¿Qué significa para la iglesia practicar una comunidad radical en una sociedad que envía mensajes mixtos sobre qué tipo de salud es más importante?

Esta semana el Obispo propuso unas pautas para determinar cuándo las iglesia puedan regresar a tener servicios en sus edificios. Las dos últimas hablan del tipo de comunidad que necesitamos ser:

  1. Aun cuando las iglesias más pequeñas en comunidades menos densas pudieran abrirse antes que los demás, regresar todas al mismo tiempo será espiritualmente más saludable para todo el cuerpo de la familia de Dios en nuestra diócesis.
  2. Al recuperar lo que amamos, debemos asegurarnos de reclamar todo lo que hemos aprendido.

San Atanasio es una de esas iglesias pequeñas; podríamos abrir antes con distanciamiento social. Pero esperar hasta que todas las iglesias puedan regresar a sus edificios es una forma radical de ser comunidad. Cumple el último punto del obispo: reclamar todo lo que hemos aprendido. El coronavirus nos ha enseñado que no solo pensamos en nosotros mismos cuando decidimos usar una máscara y practicar el distanciamiento social. Estamos protegiendo a otros, especialmente a los más vulnerables; vamos más allá de los derechos a lo que es mejor para todos. Antes llamábamos eso el bien común. Servir al bien común ha caído en tiempos difíciles. Ahora los manifestantes en todo el país están cuestionándolo. Incluso si no podemos cumplir con el llamado a vivir para los demás siempre, en este momento necesitamos dar un paso adelante para ser una comunidad radical. ¿Qué otras medidas podemos adoptar para ser la comunidad radical que el mundo necesita hoy?