Conociendo al Dios a quien Oramos

7/28/19 Sermón conociendo al Dios a quien oramos

Posted by St. Athanasius at the Cathedral Center on Sunday, July 28, 2019

072819 Pentecostés 7c 

Salmo 85; Lucas 11: 1-11

 

En unos momentos vamos a dar la bienvenida a diez jóvenes a la Eucaristía. Tuvimos 8 sesiones de preparación. Yo las disfruté mucho. Con ellos me acordé lo que más importa de nuestra fe porque tuve que explicar todo en términos que ellos pudieran entender. Los jóvenes ahora no crecen en un ambiente en que se habla de la fe, o de muchas partes de su identidad cultural. Estoy agradecido por tener que explicar todo en palabras que pudieran entender. Me ayudó a comunicar mejor el evangelio en esta cultura.

   Las costumbres y patrones culturales importan mucho. Estamos viendo cambios profundos en este país. Cuando los niños crecen, solo aprenden lo que ven y que se les enseña. Por lo tanto, es importante encontrar formas de cultivar su conciencia de valores que consideramos vitales, utilizando un lenguaje que entienden. Estados Unidos ha sido conocido durante toda su existencia como un lugar donde los refugiados son bienvenidos. Pero algunos en la Casa Blanca están proponiendo no admitir a ningún refugiado en 2020. Eso representa un cambio importante en los valores para los Estados Unidos. ¿Cómo respondemos? ¿Qué dirán nuestros hijos? ¿Cómo les enseñaremos?

En el Evangelio de esta mañana, Jesús enseñaba a sus discípulos cómo y por qué orar. No fue la única vez que lo hizo. Toda su vida fue una lección sobre cómo y por qué orar. Aquí enseñó la oración que decimos cada domingo, y que estos jóvenes recitarán hoy. Después cuenta una historia sobre un amigo que le pide comida a otro amigo a la medianoche. Creo que esa historia, bien entendida, habla tanto de la oración como de la tarea de enseñar valores cuando una cultura los está perdiendo. Digo bien entendida porque la palabra que la mayoría de las Biblias en español traducen como persistencia mejor se traduce como no querer ser avergonzado. Así dice, aunque no se levante a darle algo por ser su amigo, lo hará porque no quiere ser avergonzado, y le dará todo lo que necesita. Eso da un sentido totalmente diferente y hace mucho más sentido.

No dice que el amigo persistió en pedir. ¡Solo pidió una vez! Pero hablar de la vergüenza tiene mucho sentido en la cultura del Medio Oriente, donde la hospitalidad es un valor muy alto. Yo he encontrado el mismo valor en la cultura latina. Cuando alguien llega de un viaje debe ser alimentado, aun si no tiene hambre. Muchas veces yo he comido más de la cuenta porque una mamá latina insiste que coma. En igual forma, los que escuchaban la historia de Jesús sabían lo que estaba pasando. Un amigo se había presentado después de un viaje y el anfitrión no tenía nada que ofrecerle. Si no le da la bienvenida al invitado con comida, buena comida y mucha, se sentirá avergonzado. Y la vergüenza fue uno de los motivadores más fuertes en su cultura. Si estás avergonzado, todo el pueblo comparte la vergüenza. Los oyentes de Jesús sabían que el anfitrión ya había ido a buscar comida con su familia extendida. Ellos tampoco tenían nada. Entonces, fue a un amigo.

Jesús comienza su historia con, Imaginen lo impensable. No podían imaginar a nadie que no se levantara para ayudar con tal solicitud. Incluso si no se levantara porque era un amigo, al menos se levantaría debido a la vergüenza para él y su pueblo si no lo hiciera. Dije arriba que la historia de Jesús puede ayudar con la tarea de enseñar valores cuando una cultura los está perdiendo, como la nuestra. Lucas tiene a Jesús contando la historia para enseñarnos algo sobre la oración. Jesús concluye que debemos pedir, buscar y tocar; y al hacerlo, debemos esperar algo bueno. ¿Hay alguien entre ustedes que, si su hijo pide un pescado, le dará una serpiente? ¿O si el niño pide un huevo, le dará un escorpión? ¿Cuánto más dará Dios el Espíritu Santo a quienes lo pidan? Jesús quiere que sus discípulos conoscan al Dios a quien oran. Es impensable que Dios diga no a la solicitud de un amigo. Sin embargo, cuando no le pedimos a Dios lo que necesitamos, estamos actuando como si eso es lo que imaginamos. Jesús les dice a los discípulos que tienen que entender que Dios no les da serpientes cuando piden pescado.

Cuando nuestras vidas están arraigadas en el conocimiento de que en el centro del universo hay un gran SÍ, nos da el poder para enfrentarnos a una cultura cuando esa comienza a decir NO. Cuando un gobierno empieza a cerrar las puertas a los refugiados que huyen de la violencia en sus países de origen, encarcelar a niños separados de sus padres, favorecer a los ricos sobre los pobres con cada propuesta, darles a los violadores más derechos que a sus víctimas, y miles de otras formas de dar serpientes a quienes piden pescado, necesitamos arraigarnos en el SÍ de Dios para seguir resistiendo.

La oración es el instrumento para hacer eso. Jesús resistió las normas culturales de su día a cada paso. Por eso constantemente se retiraba para orar: para mantenerse firme. De la misma manera, nosotros debemos orar; no porque no tengamos dudas, sino porque no podemos dejar de orar. Jesús enseñó a los discípulos a poner 5 mandamientos delante de Dios:

  1. Que tu nombre sea santificado
  2. Que tu reino venga a la tierra
  3. Danos cada día nuestro pan diario
  4. Perdona nuestros pecados
  5. No nos traigas al momento del prueba

Esos son temas centrales de la vida: santidad, paz y justicia, comida, perdón y protección. Pero para muchos, son importantes pero no urgentes. Todos queremos ser perdonados y protegidos, pero otras cosas a menudo se sienten más urgentes. Se podría pasar toda una vida en esos cinco temas, pero Jesús pasa a contar una historia. Parece pensar que saber qué pedir es la parte fácil. El desafío es saber cómo pedir y qué expectativas tener al pedir.

Encontramos la misma lección en el Salmo 85. El salmista le recuerda a Dios: Tú restauraste la fortuna de Jacob. Perdonaste la iniquidad de tu pueblo. Retiró toda su ira. ¡Hazlo otra vez! Avívanos de nuevo. El salmista apeló al honor de Dios. Sería vergonzoso para Dios violar las reglas de su carácter al negarse a responder a nuestras peticiones. Eso es lo que Jesús enseña sobre la oración. Incluso en una era de inocencia perdida, podemos orar con confianza porque la integridad de Dios no será violada.

Cada lección del Evangelio en el último mes ha demostrado que la acción debe estar enraizada en la oración, y que la oración sin acción está muerta. Los agentes de cambio social más eficaces y comprometidos eran personas de oración. Mujeres como Sor Juana Inez de la Cruz, Madre Teresa, Dolores Huerta y Sonia Sotomayor. Hombres como Martin Luther King, Thomas Merton, Oscar Romero y Mahatma Gandhi. Gandhi dijo una vez que “la oración, entendida y aplicada adecuadamente, es el instrumento de acción más potente”. Estas personas permitieron que la oración formara su carácter, de modo que la ira necesaria para motivarlos a trabajar por el cambio no los destruyera.

Un teólogo emite una advertencia que habla profundamente sobre el momento presente en esta nación: “Me he vuelto a la oración…es lo que necesito para que mi acción no termine siendo violenta, odiosa frenética y furiosa… cosas que no quiero que hagamos como nación para nosotros mismos y para el mundo”. (En Journey into Freedom, julio de 2004) A medida que resistimos la pérdida de valores en la Casa Blanca, la oración puede salvarnos de ser como los que resistimos.

Un día, cuando Desmond Tutu era el obispo anglicano en SudAfrica, acababa de regresar de uno de sus viajes al extranjero donde buscó abiertamente apoyo para la lucha contra las políticas raciales de su país. En una conferencia de prensa en el aeropuerto, declaró que no le preocupaba que su pasaporte fuera tomado de nuevo. “Que nos quiten el pasaporte no es lo peor que le puede pasar a un cristiano. Incluso ser asesinado no es lo peor. Para mí, una de las peores cosas sería si me despertara un día y le dijera a la gente: ‘Creo que el apartheid no es tan malo’. Esto sería peor que la muerte”. Arraigar nuestras vidas por medio de la oración en el carácter del Dios que nunca haría algo vergonzoso evita que eso suceda.

Mis amigos, cada día que pasa en este país trae una nueva sensación de vergüenza y pérdida en torno a los valores que hemos apreciado durante toda nuestra vida. Mientras entrevistaba a Robert Mueller la semana pasada, el congresista Peter Welch preguntó si los futuros candidatos a cargos electivos podrían estar más dispuestos a aceptar la ayuda de partidos extranjeros, y no informar al FBI de su conocimiento de la interferencia extranjera en las elecciones. Mueller respondió: “Espero que esta no sea la nueva normalidad, pero me temo que lo es”. Necesitamos estar arraigados ​​en la oración como Desmond Tutu para seguir resistiendo y no despertarnos diciendo: “Creo que la intervención extranjera en las elecciones no es tan mala”. Que cada día que pase nos lleve a una mayor conciencia del SÍ de Dios a la santidad de la vida, la paz y la justicia en todos nuestros tratos, el pan de cada día para todos, el perdón mutuo y la protección de juicios insoportables.