Cristo Cósmico En el Encuentro con Jesús en la Oscuridad

 

Ezequiel 34:20-28; Mateo 25:31-46

 

Hoy vamos a ver la segunda parte del mensaje del domingo pasado sobre la parábola de los talentos. No sé si todos entendieron lo que yo traté de comunicar. Interpreté la parábola de los talentos a la luz de la parábola de las vejas y las cabras que leímos hoy. Dijimos que el reino del cielo se veía en el tercer siervo que fue tirado a la oscuridad, no en el dueño y los dos primeros siervos, como en las interpretaciones tradicionales. Jesús fue a la cruz porque no aceptó la perspectiva de sus contemporáneos sobre quién debe ser juzgado. En la opinión de ellos, el tercer sirviente era considerado perezoso por no mostrar ambición sobre la agenda mundana de obtener ganancias. Jesús volteó el juicio al decir que el tercer siervo era el único que entendía que la agenda del mundo estaba equivocada; ese mundo de acumulación está desapareciéndose y no tiene sentido participar en él.

La historia de hoy presenta una alternativa similar. La parábola de las ovejas y las cabras es una escena de juicio. Pero ¿cómo funciona el juicio para Jesús? Hay dos tipos de mensajes sobre el juicio final: el apocalíptico y el Profético. Ambos tienen que ver con el juicio final al fin de la historia. El mensaje apocalíptico dice que las cosas ya están decididas, por lo general de una manera bastante predecible. La gente buena será recompensada, y la gente mala será castigada. Y todo el mundo sabe quién es bueno y quién es malo. La religión centrada en el apocalipsis era tan popular en la época de Jesús como es en la nuestra.  

El mensaje de Jesús era principalmente profético. El mensaje profético también describe cómo será el fin si nada cambia. Si las cosas siguen como están, tal cosa va a suceder. Pero lo profético no cree que las cosas ya están decididas. La gente puede crear un futuro diferente si se despierta, presta atención y se comporta de manera diferente. Jesús no anunció el juicio para encerrarnos en un destino determinado, sino para invitarnos amorosamente a arrepentirnos.

El mensaje profético también voltea la pregunta, ¿quién es bueno y quién es malo? Ezequiel muestra eso en el juicio de Dios entre las ovejas gordas y las ovejas flacas. Dios busca la sanidad integral en el rebaño. Esto implica elevar a los débiles y desafiar a los fuertes. Las ovejas gordas han florecido por haber intimidado y manipulado a las ovejas más flacas. No es difícil ver cómo funciona esto en nuestra sociedad. La lucha para la justicia busca un entorno en el que la flaca será capaz de florecer. Esa es una de las razones por las que Dios muestra preferencia por los miembros más débiles del rebaño. 

Pero Jesús nos lleva a otra razón más básica. El Jesús viviente nos viene por sorpresa y nos sostiene al mismo tiempo que permite que nuestras máscaras se caen. Mueren las identidades que nos llevan a una forma de pensar que distingue entre nosotros y ellos. Ya no estamos en contra de nada ni nadie. Empezamos a ver a Jesús no como para nosotros en contra de los demás, sino como alguien que está en medio de nosotros, que encontramos por sorpresa. El mundo cómodo que distingue entre nosotros y ellos empieza a colapsar. Las personas que antes veíamos como pésimos pastores de ovejas son ahora sólo otras ovejas como nosotros que necesitan a alguien que los pastoree. Jesús permite que nuestra identidad se derrumbe para que nazca un nuevo nosotros – un nosotros no en contra de nadie, sino un nosotros que está llegando a ser.

Una manera de decir el mensaje de la parábola es decir que los que entienden el camino de Jesús son aquellos que han podido salir del autoengaño del mundo que es ciego a sus víctimas y han tendido la mano para ayudarlas. (James Alison) La parábola de las ovejas y las cabras sigue la tradición profética de Ezequiel. Los sistemas mundo ya han juzgado a los que están en prisión, por eso están en prisión; el mundo en el que Jesús vivía etiquetó a las personas enfermas como pecadores porque veían la enfermedad como una consecuencia directa del pecado; ese mundo también creía que los desnudos, hambrientos y sedientos eran pobres porque su iniquidad los había separado de las bendiciones de Dios. Nuestra cultura tiene sus propias justificaciones para aceptar esas condiciones, pero es la misma dinámica. 

Una vez más, Jesús voltea todos esos juicios al decir que aquellos que, con toda su espiritualidad y religiosidad, se ponen de acuerdo con el juicio del mundo sobre esas personas, y por lo tanto se mantienen alejados de ellos, son los que Dios juzga. Cada vez que nos separamos de nuestras hermanas y hermanos necesitados, corremos un grave riesgo de consecuencias terribles, especialmente cuando damos razones religiosas por hacerlo. Las personas que no prestan atención a quién el mundo llama bueno y malo ya han pasado por el juicio, y eso no les afecta. No importa si han oído hablar de Jesús o no, o si tienen una motivación explícitamente religiosa o no. 

En caso de que creemos que es simplemente una cuestión intelectual de entender la base del juicio de Dios, tenemos que darnos cuenta de lo amenazante que es todo esto para las autoridades. El camino de Jesús es un escándalo precisamente porque elimina la distinción entre gente buena y gente mala, cuestionando la forma en que se ha construido el orden social hasta ahora. Aquellos que intentan seguir a Jesús serán odiados y denunciados por aquellos que quieren mantener la distinción entre los buenos y los malos. Esto se hace muy claro cuando miramos estaba enfermo y me visitaste. El Día Mundial del SIDA es Dic. 1. Aquellos que éramos vivos en la década de los ochenta recuerdan que hubo mucho discurso religioso del SIDA como un castigo de Dios. Se sugirió que, dado que estas personas merecen lo que les había sucedido, no es apropiado hacer algo para aliviar el problema. La ironía evidente en la parábola de hoy es que sí hay un juicio de Dios, pero funciona inversamente a lo que esa gente imagina. El SIDA podría interpretarse como un juicio de Dios, pero funciona como una pregunta: se ha producido una catástrofe; ¿Estás dispuestos a ignorar el juicio de los sistemas de este mundo y extender una mano hacia aquellos que están muriendo? ¿O te vas a convertir en cabra, pensando que eres una oveja?

Podríamos hacer las mismas preguntas sobre otras crisis que han ocurrido desde el SIDA, como el ébola, los avispones asesinos, los incendios forestales y COVID. Irónicamente los que han llamado a muchas de estas crisis el juicio de Dios sobre algún grupo de seres humanos, guardan silencio sobre el COVID. ¿Podría ser que el coronavirus no es una crisis apocalíptica porque el líder que ven como el elegido de Dios dijo repetidamente que no era una crisis? Si creyeran que era una crisis, tendrían que tomarla en serio, separarse de él y cerrar sus iglesias. Pero no lo hacen. COVID no es la crisis que esperaban.

¿Pero qué de nosotros? ¿Cómo vivimos a la luz del juicio de Dios sobre las naciones? ¿Dónde se puede ver a Jesús en el mundo? Hay historias inspiradoras de personas que ven a Jesús en enfermeras y médicos que se presentan todos los días para cuidar a los pacientes con COVID. Si pasas tiempo en Echo Park, verás que se multiplican los que no tienen casa. Hace dos días algunos jóvenes de San Atanasio expresaron el deseo de proporcionar una comida de Acción de Gracias en Echo Park. Puede ser abrumador pensar en todos los hambrientos, sedientos, desnudos, encarcelados, y solitarios a nuestro alrededor. Jesús nos invita a solo tomar el siguiente paso. Tal vez se trata de cambiar nuestras prioridades de ganar más talentos a mostrar más compasión. Quizás se trata de hacer algo concreto para alguien en que hemos estado pensando. Quizás se trata de ofrendar más a la iglesia para que pueda servir mejor a los necesitados. Vamos a permitir que la historia de Jesús nos guíe a la acción, para que podamos cambiar cómo será el juicio final.