¡Despiértense!

112920 Adviento 1 

El sermón empieza en el minute 17:30 del video.

Isaías 64:1-9; Salmo 80; Marcos 13:33-37

 

En septiembre alquilamos el patio fuera de la iglesia a una sinagoga judía para sus días santos. Unas semanas más tarde su rabina me envió una nota de agradecimiento. Ella puso la fecha “en el mes de Tishrei, en el año 5781.” Estaba llamando la atención sobre el hecho de que el evento que acababan de celebrar en San Atanasio era Rosh Hashanah, el Día de Año Nuevo en el calendario judío, que comenzó el año 5781. Bueno, el calendario de la Iglesia comienza con el primer domingo de Adviento. Así que hoy es el día de Año Nuevo para los cristianos. ¡Feliz Año Nuevo! Pero judíos, cristianos y otros celebraremos el 1 de enero como el día de Año Nuevo que inicia el año 2021. 

Estos calendarios con sus diversas fechas de inicio de Rosh Hashanah, Adviento y el 1 de enero pueden servir como símbolos de qué tan fuera de sincronización están nuestras esperanzas con nuestra realidad actual. Ser bautizados en la iglesia nos sumerge en un tiempo fuera de sincronía con otros calendarios, incluso cuando vivimos nuestras vidas fiscales, familiares, profesionales, y de temporada dentro de ellos. Esa disonancia de tiempo nos recuerda que la misión de la Iglesia exige atención a las cosas más allá de las necesidades diarias; el bien común, una ética consistente de la vida, y un interés especial en los pobres. Ese programa no encaja con ningún partido político existente; desafía a todos los candidatos y funcionarios electos; y afirma que el resultado final fiscal no es el resultado final del Evangelio. En la medida de tiempo de fe, lo que importa es la fidelidad a las relaciones del pacto – con Dios, unos con los otros, y con el resto de la creación. 

El Adviento en sí es un símbolo de tiempo fuera de sincronización. ¿Qué podría ser más fuera de sincronía con la cultura de la Navidad en Estados Unidos que participar en una temporada de penitencia cuando se supone que debemos ser de buen ánimo? ¿O señalar que nuestras vidas no son permanentes cuando los mercaderos esperan que creamos en la permanencia de sus productos? ¿Y por qué la gente debe creer que Dios traerá justicia y liberación cuando hayan sentido que Dios los ha abandonado durante tanto tiempo? El ex arzobispo de Canterbury, Rowan Williams, escribe, El Adviento jala la imaginación en dos direcciones: el anhelo universal de Dios, y ‘Quien puede soportar el día de su venida’. El Adviento tiene que ver con la ambigüedad esencial de nuestra religiosidad. Isaías expresa anhelo por el Dios que trabaja por aquellos que lo esperan, sin embargo, templa ese anhelo con penitencia: Oh, Señor, no te enojes excesivamente, y no recuerdes la iniquidad para siempre. Del mismo modo, en el Evangelio, Jesús da señales claras de la venida de Dios, pero insiste en que no podemos saber cuándo vendrá el Reino. 

    Las palabras de Isaías expresan el clamor de los israelitas. Ellos regresaron a Judá después de que Ciro conquistó Mesopotamia en respuesta a la predicación anterior de Isaías. Todo estaba en ruinas. El templo y los muros de Jerusalén seguían como escombros después de la conquista babilónica. No se sentía como la Nueva Creación y el Nuevo Éxodo que había predicado Isaías. Liberados de un sistema, ahora tenían que reanudar la vida bajo otro. Todo tenía que ser renovado, y sólo Dios podía hacerlo. Isaías le ruega a Dios que sea un padre para ellos de una manera que los patriarcas muertos Abraham y Jacob/Israel ya no podrían ser. El templo aún no se había restaurado. El lamento fue una poderosa oración comunitaria de parte de gente que buscaba una liberación adicional de su Creador y Redentor.

¿No se parece al momento que muchos sentimos que estamos enfrentando en los EE.UU.? Nos sentimos esperanzados por un futuro mejor después de las elecciones, pero el país está en ruinas. Estamos felices de que una pesadilla esté terminando, pero no estamos seguros de que sea suficiente. ¿Bloqueará o permitirá el Senado los cambios buscados por la nueva administración? ¿Quién controlará el Senado después de las elecciones en Georgia en enero? ¿Participarán los partidarios de Trump en acciones violentas y subversivas para dividir aún más al país? ¿Comenzarán los líderes la tarea de reconciliación o seguirán bloqueando el movimiento hacia adelante con políticas unilaterales?

Son preguntas envueltas en el tiempo. Importan, sí. Pero el Adviento nos invita a hacer preguntas adicionales y abrazar verdades adicionales, bailando entre el tiempo y la eternidad. ¿Qué hay debajo de esas preguntas? ¿Cuál es la verdad de este momento a la luz de la eternidad? ¿Cómo podemos afirmar que Dios nos está moldeando y remodelando en la forma en que un alfarero forma y vuelve a formar una olla? Según Jesús, la eternidad significa conocer a Dios, la última base de toda realidad. La eternidad es una ventana que permite que las preguntas envueltas en el tiempo canalicen nuestra visión hacia la realidad última. Sin ella, esas preguntas son muros que nos ciegan a esa realidad. Lamentablemente, el sistema educativo convierte las ventanas en paredes. 

Carl Sagan lo dijo conmovedoramente:

Vas a hablar con niños de jardín de infantes o de primer grado, y encuentras una clase llena de entusiastas de la ciencia. ¡Hacen preguntas profundas! Preguntan: ‘¿Qué es un sueño, por qué tenemos dedos, por qué la luna es redonda, ¿cuál es el cumpleaños del mundo, por qué la hierba es verde?’¡Son preguntas profundas e importantes! Vas a hablar con estudiantes de 12o grado y no hay nada de eso. Han perdido su curiosidad. Algo terrible ha sucedido entre el jardín de infantes y el 12o grado.

El mensaje del primer domingo de Adviento es: despertar, abrir las ventanas, no perder la maravilla de los niños sobre el significado de los acontecimientos, la dirección indicada por la serie de eventos, y el poder disponible para responder a los eventos. ¿Cómo seguimos haciendo eso? Pues, como todos los hábitos, requiere repetición. El Salmo de hoy nos invita a mantener nuestra relación con Dios vital, fresco y evolucionando, al repetir el refrán: Restáuranos, oh, Dios; muestra la luz de tu rostro, y seremos salvos. 

El año cristiano que empezamos hoy también nos invita a la repetición. ¡Despiértense! no es el mensaje sólo para el primer domingo de Adviento. Es una habilidad que debemos perfeccionar repitiéndola todo el año. El año litúrgico no es sólo un juego de pretender. Liturgia significa trabajo del pueblo. Tal vez la idea de que hoy es el día de Año Nuevo para los cristianos te parezca graciosa: vamos a fingir que estamos empezando un nuevo año, a pesar de que todos sabemos que el día de verdad es el 1 de enero. Pero no es un ejercicio para fingir. Es un camino a una realidad más profunda; es reconocer que, aunque Dios ya está presente en nuestras vidas espiritualmente, todavía hay un proceso psicológico inacabado. 

Tal vez estamos avergonzados por las heridas que llevamos y las cicatrices escondidas en el fondo de nuestro ser. Somos reacios a admitir que seamos vulnerables. Preferiríamos que no se nos recordara, una vez más, que necesitamos ser salvos. Es mucho más atractivo pensar que podemos pasar la vida sin abordar el dolor. Las palabras de Jesús en Marcos son la llamada del Adviento: Despiértate. No pospongas 

la apertura de tu vida a Dios. En Adviento practicamos el arrepentimiento y pedimos misericordia. ¿Qué tan real es eso para nosotros? ¿Qué tan despiertos estamos, qué tan abiertos estamos a la verdad de nuestra ineptitud y a la entrada de Dios en nuestras vidas y en nuestro mundo? ¿Qué tan dispuestos estamos a tomar en serio las palabras de Isaías? ¿Por qué nos dejas apartar de tus caminos y endurecer nuestros corazones para que no te temamos? Somos un pueblo pecaminoso e inmundo, nuestras buenas acciones son como trapos contaminados. Hemos sido entregados a la culpa. El mundo antiguo veía la calamidad como evidencia de una tensa relación con Dios. Pero Isaías proclama que una relación continua con Dios, en que Dios y las obras creativas del pueblo de Dios están íntimamente relacionadas. El mensaje de Adviento para lo antiguo y lo moderno por igual es que Dios siempre está entre nosotros; es nuestra percepción y conciencia de esa presencia que varía. Así que, ¡Despiértense! Amén.