Día de Pascua Haciéndolo de nuevo por Primera Vez

040421 Día de Pascua Haciéndolo de nuevo por Primera Vez

El sermón empieza en el minuto 21:00 del video

Marcos 16:1-8

 

¡Qué tan apropiado que el Evangelio de este 

año sea Marcos, cuyo final es tan ambigua e inconclusa. Los otros Evangelios terminan con la esperanza de que Jesús encuentre a sus discípulos – tanto mujeres como hombres – en Galilea. En Marcos, no hay un encuentro, y no van a Galilea. La última palabra es miedo. Las mujeres, que fueron las primeras en ir a la tumba, perdieron su valentía cuando vieron al joven que dijo que Jesús se había resucitado, y que les instruyó a informar a los hombres que todos ellos – hombres y mujeres – verían a Jesús cuando regresaran a Galilea. Marcos no nos dice si las mujeres se lo dijeron en fin a los hombres; y no nos dice si fueron a Galilea. Solo dice que huyeron de la tumba con terror y asombro, y que no le dijeron nada a nadie.  

Este último año ha sido ambiguo e inconcluso para nosotros, ¿no creen? Hace un año, si no celebramos la Pascua en el internet, no asistimos un servicio. Este año, algunos están celebrando por internet, y otros estamos aquí en persona. ¿Cómo nos sentimos en este momento? ¿Estamos pensando más en el aumento de nuevos casos y informes aterradores sobre variantes? ¿O estamos alegrándonos de que la tasa de mortalidad haya bajado y de que cada día se dan más vacunas? El Evangelio quiere que prestemos atención a todo esto y que nos permitamos sentir toda la gama de emociones. Tal vez la Pascua debe funcionar como una bisagra para nosotros.

La visita a la tumba fue una bisagra para las mujeres, entre el miedo y la tristeza de los días desde  la muerte de Jesús, y las posibilidades y compromisos del futuro. A diferencia de los hombres, las mujeres fueron a la tumba. Y eso importa. Por supuesto, no fueron porque pensaban que Jesús hubiera resucitado. Esa posibilidad ni siquiera se les había ocurrido. Fueron a cumplir con su costumbre cultural de ungir el cuerpo. Lo hicieron por amor; pero también por costumbre. No esperaban nada más que una piedra cubriendo la tumba. Al caminar, se preguntaban cómo iban a lograr que la piedra se rodara. Cuando se dieron cuenta de que la tumba ya estaba abierta, Marcos no dice que se sorprendieron; simplemente que entraron en la tumba.

Allí vieron a un joven, envuelto en una túnica blanca, sentado en el lado derecho. ¿Quién es este joven? ¿Y por qué Marcos, el más conciso de los evangelistas, añade los detalles de que era un joven, envuelto en una túnica blanca, sentado en el lado derecho? Aunque no podemos estar seguros, Marcos nos da algunas pistas importantes. Primero, este joven estaba sentado en el lado derecho. Marcos no dice “el lado correcto de qué”. Eso indica que es más un símbolo que un detalle relevante – tal vez evoca la petición de Santiago y Juan de estar sentados junto a Jesús en el reinado de Dios. Entonces, la palabra griega para el joven es la misma palabra que se utilizó para describir al discípulo que huyó de la escena de la detención de Jesús en el Jardín de Getsemaní. Los guardias lo agarraron, pero él dejó la sábana de lienzo que era lo único que tenía puesto, y huyó desnudo. Si ese joven desnudo es el mismo que ahora se sienta junto a un lienzo doblado en la tumba, puede ser una pista importante sobre lo que está pasando aquí.
Marcos frecuentemente usa la vestimenta en un sentido simbólica. Juan el Bautista usaba el pelo de camello y un cinturón de cuero, que lo identificaba como profeta. La ropa de Jesús en la Transfiguración era de color blanco deslumbrante, como nadie en la tierra podía blanqueara, otro detalle innecesario a menos que esté resaltando un símbolo. Entonces, sería fuera de carácter para Marcos que este joven no estuviera conectado de alguna manera con el joven en la tumba. La palabra para tela de lino sólo se utiliza una vez fuera del lienzo en la tumba de Jesús en los relatos de Lucas y Juan. Ese único uso fue cuando Marcos describe la prenda del joven que dejó la prenda e huyó desnudo.
En un contexto judío, la desnudez se consideraba como un estado vergonzoso. A lo mejor, Marcos está dando a entender que el joven, ahora deseoso de seguir a Jesús después de fallarlo, había caído en vergüenza. Dijimos en jueves santo que Jesús pudo lavar los pies de los discípulos sin sentir vergüenza porque sabía quién era, de dónde venía y a dónde iba. ¿Qué efecto tiene la cruz en nuestra vergüenza? La visión tradicional con la que muchos crecimos dice que Jesús murió por nuestros pecados, pagando una deuda (con Dios o con el diablo) en nuestro nombre. En esta interpretación, Jesús lidia con nuestra vergüenza y culpa al poner nuestros pecados en la cruz. Pero en conversaciones que he tenido con algunos cristianos, admiten que su lucha contra la culpa y vergüenza es más fuerte, no menos, con esa interpretación de la cruz. Agradecen de que Jesús haya muerto por sus pecados; pero eso los hace sentir más culpa y vergüenza, porque eran sus pecados los que mandaran a Jesús a la cruz; sus pecados obligaron al Padre Celestial a sacrificar a su propio hijo amado, algo que ningún padre debería tener que hacer. Ese mensaje se refuerza a menudo durante la Semana Santa, haciendo hincapié en esta culpa, supuestamente para promover la gratitud. Pero esa culpa agradecida o gratitud culpable no parece muy liberadora.

Un autor católico (James Alison) ofrece otra manera de interpretar el impacto de la cruz en la vergüenza: Cuando Jesús deliberadamente toma el espacio de la víctima, ya no tenemos por qué tener miedo a la muerte, o vergüenza, o que hayamos tratado a otros con vergüenza. [Jesús dice] “Sí, me hiciste esto, como haces el uno al otro, y heme aquí, estoy sometiendo a esto sin ser amargado o resentido para convencerte de que no sólo estoy completamente vivo, sino que soy totalmente amoroso. No hay nada que puedas hacer, ninguna maldad que puedan cometer el uno al otro, que sea capáz de detener a mi amor, nada que puedas hacer para separarte de mí. Así es como te demuestro mi amor: llevándote a tu punto más bajo y decirte “sí, me haces esto, pero no me preocupa eso, veamos si no podemos aprender una nueva forma de estar juntos”.

Por medio del encuentro que las mujeres tuvieron con el joven en la tumba, pudieron ver dos maneras en que los seguidores de Jesús podían comportarse. El joven que había huido el jueves por la noche ahora puede representar a la iglesia recién nacida. Él había aceptado el camino de la cruz y había entrado con Jesús en la recompensa. Incluso el lienzo de la tumba se había convertido en la prenda blanca de la victoria. Él estaba sentado en el lado derecho – el lugar de autoridad que Jesús había indicado que los discípulos tendrían después de la resurrección. Y representa el testimonio de la iglesia. Él fue la última persona con Jesús; y él también había abandonado a Jesús. Y fue el primero en anunciar la resurrección de Jesús. Las mujeres pensaron en los hombres que abandonaron, negaron y traicionaron a Jesús, escondidos desde el jueves. Las mujeres tenían que decidir qué lado tomar. 

Las palabras del joven hicieron su decisión aún más difícil: vamos, díganles a sus discípulos y a Pedro que él va por delante de ustedes a Galilea; allí lo verán, tal como les dijo. Hay una condición inevitable para ser parte de la nueva comunidad de Jesús: debemos volver a donde comenzó la Buena Nueva. Los discípulos sólo podían ver a Jesús si regresaban a Galilea, donde todo comenzó para ellos. Esta vez no sólo caminarían con Jesús; servirían con él.

El joven les dijo a las mujeres la buena noticia de que el crucificado se había levantado. También les ayudó a ver que tenían que decidir si iban a comprometerse con ese camino exigente. ¿No son ellas como nosotros? Cuando escuchamos buenas y malas noticias, ¿qué recordamos? Lo malo, ¿verdad? Ellas solo recordaron que tenían que empezar el viaje de nuevo. Y así como la comunidad del Jueves Santo había sido destruida en dos etapas – primero, el abandono de los discípulos y luego la negación de Pedro – ahora el joven dice que tuvieron que decirles a los discípulos y a Pedro que tenían que comenzar el viaje de nuevo, comenzando en el mismo lugar que la primera vez.

El Evangelio termina sin decirnos lo que hicieron las mujeres. Sabemos por los otros Evangelios y por la historia que finalmente superaron su miedo. Pero no lo sabemos al final del Evangelio de Marcos. El Evangelio de Marcos ofrece a la iglesia de cada generación la oportunidad de decidir qué hará para completar la historia. ¿Cómo lo vamos a completar nosotros?

 

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