El Otro Lado es el Mismo Lado

062721 Pentecostés 5 

El sermón empieza en el minuto 15:50 del video

2 Samuel 1:1, 17-27; 2 Corintios 8:7-15; Marcos 5:21-43

 

     Estamos llegando al final del Mes del Orgullo Gay. Hoy es el aniversario de la protesta de Stonewall, que según muchos inició el movimiento. No se celebra en muchas iglesias, porque rechazan la comunidad gay. Pero, al comprender la totalidad del mensaje bíblico y no solo unos versículos, nos damos cuenta de lo importante que es celebrar los pasos a la inclusión de muchos grupos que han sido rechazados a lo largo de la historia. Por eso hoy celebramos la valentía de quienes decidieron que ya no iban a soportar que las autoridades los intimidaran por ser quienes eran. Así que, en lugar de dispersarse después de ser sacados del bar, se quedaron en la calle, comenzando cinco días de protestas con miles de personas. Nuestra celebración hoy toma en cuenta las protestas raciales después del asesinato de George Floyd. 

     La historia hebrea de Jonathan y David y la historia en el Evangelio de la mujer con flujo de sangre y la hija de Jairo, demuestran que Stonewall fue un marcador, aunque inesperado, en el camino al Reino de Dios. La amistad entre Jonathan y David revela que las relaciones de amor entre personas del mismo sexo no tienen que ser o gay o derecho, o malas o buenas; hay un rango amplio en las relaciones humanas. El Evangelio nos recuerda que la protesta contra las leyes injustas no solo es sancionada por Dios, sino es practicada por Jesús en el camino hacia la sanidad y la integración. 

Escuchamos a David decir, estoy angustiado por ti, mi hermano Jonathan; muy querido eras tú para mí; tu amor para mí fue maravilloso, pasando el amor de las mujeres. A lo largo de la historia, varios han descrito la amistad entre esos dos hombres como un ejemplo bíblico de relaciones gay en la Biblia. ¿Debemos, y tenemos que llegar a esa conclusión para aceptar a todos? Creo que no. El año pasado, después de la muerte de George Floyd, formé un grupo para estudiar libros sobre el racismo. Algunos de mis aprendizajes se aplican a este asunto también. El primer libro que leímos se llama La Fragilidad Blanca. Allí aprendí que el racismo tiene un rango también; uno no es o racista o no. Si hay un rango del racismo, significa que puedo ser menos racista hoy que ayer. Puedo crecer y cambiar. Si se trata de o ser racista o no, tengo que defenderme cada vez que alguien me acusa de ser racista. 

Creo que es más útil describir la relación entre 

David y Jonathan como una entre muchas opciones 

para describir una amistad entre dos hombres. Estoy de acuerdo con alguien que escribió: “La ambigüedad de estos pasajes es evidente. El problema, por supuesto, es que la homosexualidad se considera un pecado en la Biblia. Lev. 20:13 dice: Si un hombre se acuesta con un hombre como uno se acuesta con una mujer, ambos han hecho lo que es detestable. Hay que acabar con ellos. Pero esa ley fue escrita cientos de años después de que David viviera, y como tal, no podría haber impactado su pasado. ¡Pero impactó el tiempo en que fue escrita! En la época en que se recogieron las historias de David en la Biblia, existía un sesgo anti-homosexual; esto puede haber afectado la forma en que se presentaron estas historias. A lo mejor el lenguaje fue suavizado a propósito. Mi propia conjetura es que David no debería de ser llamado gay. No existía una distinción clara en el tiempo de David; no se designaban homosexuales o heterosexuales; solo una escala móvil de preferencia, y todo el mundo cayó en algún lugar en esa escala. Cómo pasó que el sexo gay se convirtiera en una abominación a los ojos de los legisladores posteriores de Israel, no lo sé. (Lee Harmon)

La ciencia moderna por lo general ve la sexualidad humana como “una escala móvil de preferencia”. Un modelo con un rango de opciones podría ayudarnos con muchos problemas culturales que enfrentamos hoy en día. Reconocer que todos debemos y podemos crecer, aprender y cambiar en nuestros puntos de vista sobre la sexualidad, la raza, el género, la clase, la fe, la violencia y una serie de otros elementos de nuestras vidas ayudaría sanar la discordia civil en torno a esos temas hoy.

En la historia del Evangelio, aprendemos que desobedecer las leyes injustas es algo no solo sancionado por Dios, sino a veces necesario, en el camino hacia la sanidad y la integridad. En mis años 20, me suscribí a una revista llamada El Otro Lado. Tomó su nombre de este texto. Literalmente se refería al otro lado del Mar de Galilea. Pero en el Evangelio de Marcos, el otro lado simbolizaba el lugar donde suceden cosas que nos hacen repensar nuestras creencias y replantear nuestras vidas. La revista presentó puntos de vista que representaban el otro lado de lo que la mayoría de los cristianos creían. 

Esta historia no representa la primera incursión de Jesús al otro lado. Dice que había cruzado otra vez. Esta vez una gran multitud se reunió para saludarlo, porque ya lo habían visto en acción. Las dos historias intercaladas en este pasaje muestran que realmente no hay otro lado. Según la sociedad, Jairo representaba el lado derecho. Fue un líder en la sinagoga. Su hija estaba enferma. Si alguien merecía tener la atención de Jesús, era su familia. Pero se nos dice que Jesús lo siguió no porque él fuera el líder de la sinagoga, sino porque su hija estaba enferma. 

Escondida en medio de la multitud había una mujer que, a juicio de las leyes, no debería haber estado allí. Ella estaba al lado equivocado. Pero ella sintió algo en Jesús que le hizo pensar que la entendería y aceptaría. En la misma manera en que los clientes del bar de Stonewall encontraron la valentía de desobedecer las leyes injustas para sanar y ser sanados, la mujer con flujo de sangre encontró la valentía de escapar de la prisión que la sociedad le había impuesto y correr el riesgo de ser rechazada por Jesús y la multitud. El código de pureza hebreo decía que una mujer que menstruaba debía ser apartada por su inmundicia por siete días (Lev. 18:19). Cualquier hombre que yace con ella durante este tiempo también es impuro durante siete días, y cualquiera que la toque es impuro hasta la noche (Lev. 15:19-24). Según esa ley, Jesús era impuro cuando fue a sanar a la hija de Jairo. 

Jesús a menudo desobedeció las leyes. Pero en este caso fue la mujer la que dio el primer paso de la desobediencia. Ella sabía que no debería de poner a toda una multitud en riesgo de volverse impura al caminar en medio de la gente. Pero lo hizo. No era descaradamente desobediente; más bien, ella vino a Jesús con miedo y temblor. Resulta que el miedo y el temblor que a veces nos avergüenzan y nos hacen sentir que nuestra fe es débil, son más bien signos de la fe que salva. 

Incluso Jairo rompió muchas reglas para salvar la vida de su hija. Sería como un padre que pasa por el Hospital Buen Samaritano para ir a ver a un curandero que usaba pociones para sanar a la gente. En los ojos de la buena sociedad, Jairo debe haberse resistido a ir a Jesús. Pero, igual que la mujer, él había intentado las otras opciones. Si no fuera a Jesús, la única opción que le quedaba era ir a casa y tirar de la sábana sobre la cabeza de su hija, hacer su duelo y seguir adelante.

Estamos viviendo en una sociedad que designan como “posverdad” – la verdad ya no es un criterio importante en seleccionar un lado. Es necesario encontrar nuevas formas de persuadir y poner a prueba nuestras creencias. A lo mejor, la mejor manera de buscar el reino de Dios y formar un solo lado es tener el mismo aroma que Jesús tenía, para que las personas confíen en nosotros para correr el riesgo de ser quienes son, y así sean sanadas. Qué Dios nos unja con ese aroma.