experimentando la resurrección en la desesperación

Sermón 5/12/19

Posted by St. Athanasius at the Cathedral Center on Sunday, May 12, 2019

051219 Pascua 4c 

Hechos 9: 36-43

 

En esta temporada de Pascua, cuando celebramos la nueva vida, es importante reconocer que la muerte toma muchas formas y que la resurrección tiene que responder a cada una. En viernes santo Jesús murió físicamente, y la resurrección tomó la forma de resurrección corporal. Pero a lo largo de su vida, y especialmente durante la última semana de su vida, Jesús sufrió muchas muertes. Hubo la muerte de perder un hogar cuando Nazaret lo rechazó y trató de matarlo literalmente, y también cuando su familia lo llamó loco y insistió que dejara de predicar, sanar y expulsar demonios. La resurrección tomó la forma de un grupo de mujeres y hombres que lo seguían, y satisfacían sus necesidades emocionales y materiales como una familia. Cuando esa familia lo traicionó, negó y abandonó en su hora de mayor necesidad, se enfrentó la muerte de la soledad. La resurrección ocurrió en Pentecostés, cuando aquellos que lo negaron y abandonaron recibieron poder para ser la comunidad que debían ser. La angustia de Getsemaní fue otra muerte, cuando se enfrentó a que no había otro camino sino el del dolor para cumplir su misión.

Todos hemos experimentado esas y otras formas de muertes. Y todos hemos llegado al otro lado de esas pequeñas muertes, sea que lo hayamos llamado o no resurrección. Nos fortalece llamarla resurrección; cada vez nos da valor para aceptar la próxima muerte con esperanza. Algunas personas viven con la amenaza constante de muerte. Tienen SIDA o cáncer u otra enfermedad terminal. La resurrección puede tomar la forma de un nuevo tratamiento experimental. Otras personas son parte de un grupo excluido. Tal vez sean personas gays en el closet que no ven ninguna salida buena de su situación. Alguien la descubre un día, y le sorprende al aceptar y amarla. Es como una resurrección. Otros son inmigrantes cuyas únicas opciones son la deportación, el encarcelamiento o la huida constante para no ser encontrados. Se aprueba una nueva ley que les permite ser miembros legales de la sociedad, y experimentan resurrección.

El pasaje en Hechos cuenta la historia de un grupo de viudas que vivían desesperadas porque sus opciones eran limitadas. A lo largo de la historia, dos de cada tres personas pobres han sido mujeres. En el primer siglo en Roma, las mujeres sin hombres eran las personas más vulnerables. Una viuda tenía poco acceso a las estructuras económicas controladas por los hombres. Por eso la Biblia enfatiza la necesidad de la caridad para las viudas. Aún así, la caridad solo permitía que las viudas sobrevivieran en un sistema injusto. Pero algo les había pasado a las viudas en Jope. Tabitha les inculcó la esperanza; y les dijo que podían tener algo de dignidad y orgullo propio.

Por eso los creyentes fueron a traer a Pedro: Tabitha, la que había dado esperanza a las viudas en Jope, estaba muerta. Ella cuidaba a las viudas con sus propios recursos, cosiendo sus ropas. Su ayuda fue el hilo delgado por el cual se podían aferrar a la esperanza de sobrevivir; ahora la única que les daba esperanza estaba muerta. ¿Qué sucede cuando un recurso clave muere? ¿Cómo sigue adelante la gente cuando muere la persona que los había apoyado en sus frágiles vidas, o se agotan los fondos para un proyecto de soporte vital? Quizás la historia de Tabitha se trata más de la muerte y resurrección de la esperanza en una comunidad frágil y desesperada que de la muerte y resurrección de una mujer particular. Todos hemos enfrentado la desesperación que acompaña a la muerte de esperanza:

  • La menopausia llega demasiado pronto a una mujer que ha deseado por muchos años quedar embarazada. Ahora ella nunca dará a luz a su propio hijo.
  • Un joven inmigrante finalmente se gradúa del colegio con calificaciones suficientes para ir a la universidad, y se entera de que, como no tiene los papeles correctos, tendría que pagar la matrícula de no residente en las universidades estatales, lo que hace imposible asistir.
  • Un esposo y padre cuyo sueño ha sido comprar una casa para su familia finalmente ha ahorrado lo suficiente para el pago inicial. Justo cuando iban a comprar la casa, su madre se enferma y necesita ese dinero para pagar las facturas del hospital.

Muchos dicen que es mejor no despertar las esperanzas de la gente porque son muy fáciles de destruir. Tabitha debería haber sabido mejor que generar esperanza en un grupo de viudas. Ella no debería luchar para esas mujeres chismosas. Debería haberse quedado en casa y coser para su familia. Oí eso muchas veces cuando trabajaba con un grupo de mujeres pobres en México. Muchos esposos prohibieron a sus esposas participar en proyectos de nutrición, cuidado infantil y generación de ingresos, porque deberían estar en casa cuidando a la familia. No sabía que todavía había lugares en el planeta donde las mujeres fueran tratados así.

El proyecto de transformación luchó por nacer en esa comunidad; enfrentó muchas decepciones en el camino. Cada fracaso vino con un se lo dije de aquellos que no creían que mujeres pobres podían cambiar nada. Pero con toda la oposición y el fracaso esas mujeres se fortalecieron. Más tarde, cuando los fondos externos que habían apoyado el proyecto se agotaron, no se dieron por vencidos. O, sí se preocuparon; y lloraron. Pero también hicieron lo que pudieron para resucitar el proyecto.

     Cada comunidad, cada familia, cada congregación existe dentro de ciertos arreglos fijos de poder y debilidad, vida y muerte. A las personas se les dice que hay una jerarquía establecida por Dios, un orden fijo en el que debemos encontrar nuestro lugar y permanecer allí. Tabitha debería quedarse en casa y dejar que los hombres diseñen un sistema de bienestar asequible. Pedro debería quedarse con sus redes de pesca y dejar la teología a los eruditos. Eneas, un hombre en el pasaje anterior estaba paralizado en cama, debe obedecer las instrucciones del médico y quedarse en cama. Pero cuando Pedro experimentó el poder de Pentecostés, ya no podía dejar la teología a los eruditos, ni a Tabitha ni a Eneas en sus camas. Se paró junto a ellos para restaurarles la vida y dar testimonio de la lógica de la resurrección.

Las personas como Pedro son subversivas para el orden actual, porque anuncian una nueva era, una era en la que la realidad no se basa en una lógica rígida o en circunstancias de causa y efecto, sino en las promesas de Dios. Si la muerte no es la última palabra, entonces la realidad no está ligada a lo que ha existido. La realidad está ligada a la promesa de Dios de que todas las cosas son renovadas. En el nuevo orden mundial de Dios, es posible ser viuda y próspera. Es posible ser auto-poseído en lugar de impotente. Es posible ser un agente de ministerio en lugar de un objeto de ministerio.

El testimonio de Tabitha a la lógica de resurrección estaba en juego cuando los creyentes enviaron por Pedro. Probablemente no estaban pensando en eso todavía. Sólo eran amigos de Tabitha; es lo que hacen los amigos. Pedro vino a Jope porque los amigos de Tabitha lo enviaron. Funciona así también para nosotros: nunca sabemos qué trabajo de resurrección podríamos estar haciendo simplemente siendo amigos. Incluso podríamos invitar a un amigo a unirse a nosotros para dar testimonio de la lógica de la resurrección, del poder de Dios en el trabajo entre nosotros, aún si no nos sentimos completamente seguros acerca de ese poder nosotros mismos.

Me imagino que Pedro tampoco tenía tanta confianza cuando entró en la habitación donde yacía el cuerpo de Tabitha. Todas las viudas estaban reunidas alrededor de su cama llorando. Cuando vieron a Pedro, se reunieron a su alrededor, todos hablando al mismo tiempo, contándole lo maravillosa que era Tabitha, cómo me había hecho esta túnica, cómo me enseñó a coser, cómo me había ayudado después de la muerte de mi marido, cómo había estado allí para mí; y ahora quiero estar allí para ella, pero no sé qué hacer. El nivel de ruido y confusión debería haber sido alto.

Pedro necesitaba un poco de calma para enfocar sus energías. Sabía quién era Tabitha y qué estaba en juego, pero no sabía qué iba a hacer. Entonces oró; no sabemos qué oró, pero yo habría orado: “Dios, ¿qué diablos se supone que debo hacer ahora?” Pero la palabra que recibió Pedro fue a pedirle a Dios que la resucite de la muerte.

Entonces, a solas con el cuerpo, Pedro oró y luego le ordenó a Tabitha que se levantara. Ella abrió los ojos y vio a Pedro. ¿Qué crees que pasó por su mente en ese momento? ¿Estaba molesta porque la habían devuelto a la vida desde un lugar donde podría haber descansado de todo el trabajo que había estado haciendo? ¿O lo miraría a sabiendas, como si dijera: “ambos sabemos que el mundo necesita que personas como nosotros sigamos levantándonos para dar testimonio de la lógica de la resurrección una y otra vez? Sea lo que sea, se levantó y la esperanza volvió a las viudas de Jope.

Algunas veces necesitamos resurrección para nuestra propia desesperación; otras veces tenemos que ser resurrección para la desesperación de otros. Sabes cual se ajusta a tu situación. Ambos requieren apertura: uno para permitir que ocurra resurrección, y el otro para salir de nuestra zona de confort para llevar la resurrección a otros. Algunos de ustedes están agotados y no pueden ver cómo asumirían otra responsabilidad. Otros pueden encontrar energía y tiempo para involucrarse en nuevas maneras. Pero todos podemos estar abiertos a dar testimonio de la lógica de la resurrección en cada relación, en cada tarea, en cada proyecto que estemos. Que los ejemplos de Tabitha, Pedro y Eneas nos alienten a ser testigos de la resurrección nuevamente por primera vez.