Fe, Sufrimiento, e Inclusividad

022821 Cuaresma 3  Fe, Sufrimiento, e Inclusividad

El Sermón empieza en el minuto 14:30 del video

Gen. 17:1-5, 10-16; Salmo 22:23-31; Marcos 8:31-38

 

Ya hemos pasado diez de los cuarenta días de la cuaresma. La cuaresma es un camino que nos prepara y orienta hacia la senda que lleva a la vida al confrontar la muerte. Y encontramos muchos retos en ese camino porque no es para nada intuitivo. Los tres pasajes de hoy muestran que la visión de Dios siempre ha incluido al mundo entero, pero para incorporarse a esa visión, uno debe tener fe, sufrir y enfrentarse a la muerte, porque existe mucha resistencia a la idea de incluir a todos en la comunidad. Hay cierta resistencia en nosotros mismos, y también en aquellos que se oponen a nuestros esfuerzos cuando queremos incluir un grupo en particular. Se necesita fe para superar esa resistencia, porque creer que la visión se logrará va en contra de todo pronóstico. Así que fe es el medio, sufrimiento es el camino, y inclusividad es el signo de la vida de resurrección; los tres están indisolublemente entrelazados. 

La fe viene por etapas. No empezamos con fe completamente desarrollada. La fe joven no logra la meta porque se centra en uno mismo por encima de los demás (como nos dicen de la generación de Noé). En esa etapa, creemos que todo depende de nosotros. Incluso, a veces sentimos que tenemos que protegernos de Dios, como hicieron Adán y Eva. 

Lo bueno es que Dios conoce esa debilidad en los seres humanos. Por eso, ha creado una serie de convenios. Vimos el convenio del arcoíris con Noé la semana pasada. Los convenios son acuerdos que ordenan la vida, las comunidades de fe, y las naciones. El matrimonio, el bautismo, la ordenación y membresía en una iglesia son convenios religiosos que hacen eco de los grandes convenios históricos. El convenio con Abraham que leímos hoy es el tercer intento de Dios de llegar a la humanidad. El primero surgió cuando desobedecimos a Dios y fuimos expulsados del paraíso. El segundo se estableció cuando el pecado fue tan severo que Dios decidió eliminar casi toda la humanidad y empezar de nuevo. Pero el convenio con Abraham y Sarah es diferente. Da un salto a la fe. Aparentemente, ellos confiaron en Dios y aceptaron su invitación. De ese convenio nació un pueblo.

  Pero, con el tiempo, los convenios bíblicos fueron reemplazados por las leyes de las naciones. Hoy en día, los pueblos luchan por vivir en comunidades con acuerdos económicos, políticas sociales, y políticas eclesiásticas. Me pregunto si en los tiempos ansiosos  y fragmentados en los que vivimos, las búsquedas de la justicia, la seguridad y la compasión no expresan ese deseo de vivir bajo un convenio. Los convenios bíblicos son relevantes hoy en día porque su sabiduría y poder para ordenar a las sociedades tienen mucho que enseñarnos sobre cómo relacionarnos con Dios, con los demás y con el orden creado en una manera. 

La vida marcada por convenios requiere fe en las promesas de Dios. En Génesis 17, Dios promete bendecir a todos los descendientes de Abraham y Sara. El convenio creó una estructura social que supera los juramentos y los actos formales. Abraham y Sara respondieron con fe a ese convenio. La historia se inclina hacia la justicia cuando existe un balance entre leyes y políticas por un lado, y convenios y el crecimiento de la fe por el otro. 

    La sociedad sigue luchando con ese balance. Muchos se enojaron hace 60 años cuando 9 jueces en Washington decidieron que las escuelas en Alabama se tenían que integrar, o que una pareja interracial podía casarse en Virginia, o que las parejas del mismo sexo en Texas tenían derecho a casarse. Hoy en día, vemos los partidos políticos luchar para defender su partido más que ayudar al pueblo. 

      Necesitamos convenios y leyes porque los corazones nunca cambian con suficiente rapidez como para sacar a relucir el cambio social necesario para lograr el cambio de corazón en la mayoría de la población. Nunca superaremos nuestro racismo si no se hacen leyes que hagan ilegal negar a una persona basada en la raza. Pero tampoco podemos superar el racismo hasta que nuestros corazones hayan cambiado. Así que el cambio es un baile que sucede por dentro y por fuera. Requiere fe y requiere perder la vida para salvarla. Cuando dejamos de aferrarnos tanto a la vida, nos podemos conectar plenamente a Dios y la historia de salvación. Las prácticas espirituales cultivan una fe que crece en lugar de estancarse o desviarse del camino.

Luego, el sufrimiento es lo que más nos tienta a abandonar el camino a la muerte y resurrección. Nos enfrenta a situaciones que exigen fe para seguir. Ya sea que algún ser querido muere de COVID, que perdemos el trabajo, o entremos en crisis económica, la manera en que respondemos determina si se convierte en sufrimiento redentor o dolor inútil. Necesitamos fuerza y flexibilidad para responder bien a lo que la vida nos presenta. No podemos desarrollarlas a menos que respondamos al sufrimiento en maneras que no son intuitivas o lógicamente consistentes. Kahlil Gibran dice: “Tu dolor rompe la concha que encierra tu comprensión”. Tenemos que ser fuertes en lugares quebrantados. 

      El Salmo 22 canta a un Dios verdadero en el mundo real. Expresa la experiencia humana de estar desorientado en medio de la vida. El salmista obviamente había sido rechazado, que muchas veces acompaña el sufrimiento. También había experimentado algo diferente de Dios. Ese Salmo revela la compleja vida del ser humano en torno al sufrimiento, al alternar entre la alabanza por un lado, y el abandono y la opresión por otro. El Salmo incluye todo: se  queja del abandono de Dios; alaba al mismo Dios por no avergonzarnos; ruega a Dios que esté cerca en tiempos de problemas; reconoce que es Dios quien lo ha puesto en el polvo de la muerte; y llama al pueblo de Dios a glorificar a Dios. El salmista encontró el balance.

    Como nos relacionamos al sufrimiento importa mucho en tiempos de inseguridad. Ahora, todos están preguntándose cómo será el mundo el año que viene. ¿Cómo puedo aguantar otra muerte en mi familia? ¿Cuánto dinero más puedo perder antes de que sea imposible mantener mi estilo de vida? ¿Cuándo vamos a poder regresar al cine o a los restaurantes? Tenemos que ayudarnos a lidiar con el dolor y el sufrimiento. Cuando enfrentamos y aceptamos las cosas crueles que nos han sucedido en nuestra vida, la vida funciona a favor de nosotros en vez de en contra. Vivimos en armonía con el universo en lugar de estar en su contra.

La evidencia de cuál camino escogimos es cómo incluimos a las personas diferentes a nosotros. ¿Cuánta contradicción podemos abrazar? ¿Cuánta diversidad podemos celebrar? El Dios que habló con Abram y Sara prometió ser Dios de muchas naciones, algo que nunca se había visto en la historia humana. Dios mostró un espíritu inclusivo al llamar a Abraham y Sara como compañeros en el llamado. Ambos recibieron nuevos nombres: Abraham y Saraí; ambos eran vistos como antepasados de las naciones que surgirían de ellos.

Pero la historia demuestra que lucharon con ser inclusivos. Les costó integrar la realidad de dos hijos de dos madres. Dios prometió tanto a Sara como a su sirvienta, Agar, tanto Isaac como Ismael, que serían antepasados de muchas naciones. Seguimos luchando para que eso sea una realidad. Nos han enseñado que nosotros tenemos la razón y aquellos están equivocados. Creo que parte del momento Kairós en el que estamos viviendo es que finalmente ha llegado el momento en que nuestra propia supervivencia depende de nuestra capacidad de abrazar el espíritu de inclusividad. El cuidado del medio ambiente, los patrones de migración, la economía global, y nuestros armamentos muestran que la cooperación no es una entre muchas opciones. Es una necesidad. 

Pero nuestros hábitos aún no reflejan esa necesidad. Todavía desperdiciamos el agua, contaminamos el aire y consumimos bienes como si nuestro comportamiento no tuviera ningún efecto en las generaciones futuras y en las personas de todo el mundo. Construimos muros para mantener a la gente fuera. Invertimos en armas diseñadas para una forma de guerra que ya no existe, creando más enemigos. Necesitamos una espiritualidad que cultiva hábitos que alcancen la práctica que se necesita. Les exhorto a practicar una espiritualidad que fortalece su fe, abraza el sufrimiento, y se abre a la diversidad durante esta Cuaresma, para lograr el balance que necesitamos en nuestros corazones y cuerpos.