Hacer las Conexiones antes de Actuar

041821 Pascua 3 

El sermón empieza en el minuto 17:10 del video

Salmo 4; Hechos 3:12-19; Lucas 24:36-48

 

Cuando leí las Escrituras de hoy por primera vez, me sonaron muy negativas. ¿No se supone que debemos estar celebrando la resurrección de Cristo? ¿Por qué estos pasajes se centran en el rechazo, el asesinato, la ignorancia, el sufrimiento y el anhelo de tiempos mejores? Luego me acordé. Jesús pasó los 50 días entre Pascua y Pentecostés ayudando a los discípulos a entender lo que acababan de vivir. No era un momento para celebrar que la cruz estaba detrás de ellos ahora, y seguir adelante aliviados. Jesús sabía que no podían seguir adelante si no aprendían las lecciones y la sabiduría secreta del momento difícil que acababan de experimentar. 

Yo he estado diciendo por semanas que el mundo se enfrenta a una situación parecida con la luz al final del túnel de la pandemia. Anhelamos celebrar y volver a vernos en persona. Muchos están corriendo hacia esa experiencia a toda velocidad con fiestas, viajes a la playa, visitas al cine y a conciertos, quitar máscaras, abrazar a sus seres queridos, regresar a la iglesia y una lista interminable de cosas que nos hemos extrañado hacer. Pero, al menos a corto plazo, la enfermedad parece estar advirtiéndonos, no corran tan rápido. Picos en la enfermedad, variantes, efectos secundarios, y el aumento de la contaminación son signos de que tal vez debemos reflexionar más al ir recuperando la vida que teníamos. 

También hay impactos a largo plazo de apresurarse sin reflexionar. En este Domingo de la Tierra, haríamos bien en reflexionar sobre lo que aprendimos sobre cómo tratar la tierra durante la pandemia. ¿Recuerdan hace un año cuando el aire estaba despejado y las autopistas estaban vacías? Nos dimos cuenta que realmente está en nuestras manos sanar la tierra. Pero tendremos que cambiar para limitar algunas de las opciones que hemos tenido en el pasado. Tal vez tengamos que sufrir algunas privaciones. Las lecciones y secretos que la pandemia nos guarda no serán todos agradables, así como las lecciones que aprendieron los discípulos no fueron todas agradables. Pero la vida es mejor cuando los aprendemos.

¿Habrá alguna conexión entre los secretos de vida que Jesús enseñó a los discípulos entre la Pascua y Pentecostés, y lo que nuestra generación debe aprender hoy? Desde una perspectiva, nuestra sociedad está en una buena mentalidad para escuchar los secretos de la vida. Vivimos en un momento en que las teorías de conspiración son más populares que nunca. A lo mejor la atracción por las teorías conspirativas tenga las mismas raíces que nuestro anhelo de saber los secretos. Cuando “sabemos” algo que otros no saben, aunque no sea verdad, nos sentimos especiales, como si hubiéramos encontrado el tesoro enterrado, una sabiduría secreta, que esperaba ser encontrado. 

Jesús se aprovechó de esta característica humana. No sólo enseñó en parábolas que requerían oídos para oír y ojos para ver; cualquiera que haya estudiado en serio los Evangelios sabe del secreto mesiánico. Con frecuencia Jesús le decía a la gente que no le dijera a nadie lo que él había hecho por ellos. ¿Por qué? ¿Tendría algo que ver con los secretos de la vida que les enseñó después de la resurrección? El Evangelio de Marcos deja claro que hay una sabiduría secreta que debe ser captada si se quiere entender el profundo diseño del mundo. ¿Qué es? 

Básicamente, es la cruz de Cristo y la sabiduría contenida en ella. La vida y misión de Jesús abrieron a todos el más profundo secreto para que ese secreto fuera accesible a todos. Pero hasta que Jesús murió y resucitó, los discípulos no podían entenderlo. Él les enseñó una manera de morir. Él enfrentó su muerte con inocencia y confianza; por amor no se protegió del sufrimiento; absorbió el odio y el pecado de sus asesinos; entendió y perdonó a aquellos que lo estaban asesinando; se negó a recurrir a cualquier tipo de poder físico superior para abrumar a sus adversarios; se negó a vengar lo que le hicieron; y se negó a entregarse a la amargura y el cinismo. Esa fue una manera claramente diferente de enfrentar la muerte, especialmente siendo injustamente asesinado

Así que, con la realidad de su muerte como trasfondo, Jesús invitó a sus discípulos –y a nosotros– a conectar la muerte de Jesús con sus propias vidas. Los discípulos acababan de escuchar la historia de Cleofás y su amigo sobre su experiencia en el Camino a Emaús. Pero de repente, sin previo aviso, apareció Jesús. Estaban sorprendidos y aterrorizados; pensaban que estaban viendo un fantasma. Jesús respondió, ‘los fantasmas no tienen carne y huesos, ¿verdad? Tóquenme y sepan que soy de verdad.’ Les mostró sus manos y pies, con las heridas de la cruz ahora hechas hermosas por el amor de Dios. Luego dijo que tenía hambre. ¿Qué más hacía falta para darse cuenta de que no era un fantasma? 

     Comenzó a explicar su pasión, muerte y entierro, que parecían como un desastre. Recordó todo lo escrito sobre él en la ley de Moisés y en los profetas y salmos. Les dijo por qué el Hijo del Hombre tuvo que sufrir, morir y luego resucitar. El pasaje de Hechos nos dice que, después de Pentecostés, Pedro y los demás se fueron a predicar lo que Jesús les enseñó durante esas semanas: lo que Dios había anunciado de antemano a través de la boca de todos los profetas, que su Cristo sufriría, y moriría y sería glorificado. Este es el “resto de la historia” de Emaús, y también de nuestra historia. Jesús mostró las conexiones entre todo lo acontecido que habían presenciado esa semana: el arresto, el juicio, la crucifixión, la espera y la tumba vacía. Esas conexiones tenían la clave para descifrar el código del amor. 

Jesús quería que se sentaran con esas conexiones para relacionarlas con sus propias vidas, al recibir el poder de enseñarles a los demás. No descubrimos el código todo a la vez – en un retiro o mitin religioso. Lo descubrimos lentamente, dolorosamente, con muchos contratiempos, a lo largo de toda la vida. Un predicador lo dijo bien: ¿no es precisamente cuando somos vulnerables e incapaces de impresionar o dominar a los demás que finalmente estamos abiertos a la intimidad, el amor y la familia? ¿No es el sacrificio propio y la abnegación, al final, la forma en que el amor real se manifiesta? ¿No es la crucifixión del ego privado la ruta hacia la empatía y la comunidad? ¿No es el perdón de aquellos que nos lastiman la manifestación final de la madurez humana? (Ron Rolheiser) Esas son las conexiones que encontramos cuando nos sentamos con todos los hechos.

Tenemos mucho con que sentar en esta Pascua, ¿verdad? Las muertes innecesarias e injustas de tantas personas negras asesinadas por la policía siguen multiplicándose y causando dolor, ira y protestas. Hay tantos tiroteos con tantas víctimas que nuestros corazones se están extendiendo hasta romperse. El curso desnivelado de la pandemia genera confusión sobre cómo seguir adelante con nuestras vidas. Aun en San Atanasio, estamos encontrando que el camino de regreso a la iglesia en persona tiene muchos topes. Y esto ni siquiera incluye todos los desafíos que enfrentamos en nuestras vidas personales: nuestros propios problemas de salud, intentos de vacunarnos, la enfermedad y muerte de familiares y amigos, los desafíos de ingresos y empleo, y la lista continúa. ¿Son útiles las palabras de Jesús en todo esto?

Mientras esperamos el poder de Pentecostés, tal vez el consejo del salmista pueda darnos una manera de averiguar si las palabras de Jesús sean útiles: habla con tu corazón en silencio sobre tu cama. ¿Qué significa hablar con tu corazón en silencio sobre tu cama? En las palabras del salmista, significa recordar todas las maneras en que Dios me ha liberado, en que ha hecho maravillas por los fieles, y ha puesto alegría en mi corazón y me ha hecho morar en seguridad. Pero no dice esto sólo para sentirse optimista. Esas palabras se hablan en una situación de angustia, infamia, y el anhelo de mejores días. Es lo mismo que Jesús enseñó a los discípulos a hacer. El cuerpo del resucitado, incluso el mundo resucitado, todavía tienen heridas. El trabajo de esta temporada puede ser hablar a nuestros corazones en silencio sobre nuestras camas. Puede ser la mejor manera de prepararse para hablar y actuar sobre lo que Dios ha anunciado durante estos tiempos turbulentos.

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