Imaginando el Reino

 

“Imaginando el Reino”

2 Sam. 11: 1-15; Salmo 14; Ef . 3: 14-21; Juan 6: 1-21

 

En las últimas semanas el leccionario nos ha estado guiando a través de la carta de Pablo a los Efesios. El próximo año, en este periodo estaremos viendo la carta a los Gálatas. Encontramos a un Pablo muy diferente en Gálatas que en Efesios. Gálatas fue la primera carta de Pablo en el Nuevo Testamento. Él parece haber madurado mucho para el tiempo en que escribió la carta a los Efesios. Ambas cartas abordan el problema de sectarismo en la iglesia; específicamente judíos y gentiles que se critican mutuamente sobre cómo ven su fe.

Pero en Gálatas, Pablo confronta a la iglesia en un lenguaje duro acerca de sus prejuicios religiosos: “¡Gálatas insensatos! ¿Quién les ha embrujado?” Cuando se escribió la carta a los Efesios el sectarismo no había disminuido en las iglesias de Pablo. Pero el acercamiento de Pablo fue muy diferente. Aquí se centró en el propósito de Dios de unir todo en Cristo. Todavía nombra el prejuicio religioso entre los circuncidados y no circuncidados. Pero en Efesios él sabe que uno debe tomar en cuenta la amplitud, la altura, la altura y la profundidad de la vida para cumplir la misión de Dios de unir todas las cosas. Surgen preguntas tales como: ¿Qué tan amplio es tu criterio para incluir a otros? ¿Qué tan largo es el tiempo de Dios para cumplir la misión? ¿Qué tan alto es el estándar para cumplir la misión de Cristo? ¿Qué tan profundo has dejado que te toque el amor de Cristo?

Yo confieso que a mí me gusta considerarme más maduro que el Pablo de Gálatas. Pero cuando me levanto cada mañana y reviso las noticias del día, mi reacción es más cercana al Pablo de Gálatas que el de Efesios. Mi primera reacción es crítica y disgusto por el último tweet o política peligrosa saliendo de Washington. Tal vez no soy tan maduro como creo.

Y no soy el único. Tuve una larga conversación la semana pasada con alguien que estaba furioso acerca de cómo fue tratado por gente que se ofrece como voluntarios en un programa de servicio patrocinado por la iglesia. No podía entender por qué la gente de la iglesia no se comporta mejor que las personas que no asisten a la iglesia. Le dije que necesitaba manejar sus expectativas para controlar su ira y no estar decepcionado todo el tiempo. Eso es parte de la verdad.

Pero una de las tragedias de la iglesia actual es que es cierto que no vivimos la fe que proclamamos. Después de hablar sobre el perdón y la gracia, somos vengativos y condenadores. Después de hablar sobre la confianza y la generosidad, somos codiciosos y mezquinos. Después de hablar sobre la valentía y la integridad, somos temerosos y cobardes. Si el mundo va a creer nuestro mensaje, tenemos que demostrarlo en nuestras vidas y comunidades, o, como dice el eslogan popular, ser el cambio que buscamos. Cuando hagamos esto, a lo mejor descubriremos que contribuimos a la integridad y la paz en el mundo.

¿De dónde viene la habilidad de ver la vida con amplitud, longitud, altura y profundidad? ¿Y cómo se ve y cómo no se ve? De acuerdo con la oración de Pablo, proviene de conocer el amor de Cristo de manera experiencial y profunda, de modo que nos fortalezcamos en nuestro ser interior, arraigados y fundados en el amor. Y se ve como Jesús alimentando a los 5000 al usar la suficiencia de la abundancia; no se ve como David persiguiendo su propio interés en vez del bienestar de quienes lo rodean.

La oración de Pablo está arraigada en su vocación de reconciliar a judíos y gentiles. Para él, el propósito total de la iglesia es que “a través de la iglesia, la sabiduría de Dios en su rica variedad podría ser dada a conocer a los gobernantes y autoridades en los lugares celestiales”. Pablo sabía que la energía detrás del sectarismo y todos los demás ismos – el racismo, el sexismo, y el nacionalismo – proviene de los gobernantes y las autoridades en los lugares celestiales; en otras palabras, las fuerzas culturales y espirituales invisibles que impulsan a las sociedades humanas a comportarse de maneras que van en contra de la verdad de la creación. Cuando Jesús habla del Reino de Dios y Pablo de Cristo morando en sus corazones mediante la fe, están imaginando un mundo diferente; en el cual lo que tenemos es suficiente para compartir con todos; nadie tiene más derechos a la abundancia de Dios que cualquier otra persona. La oración es una manera de cultivar esa imaginación.

La historia de David y Betsabé ilustra cómo no se ve esto. David se desconectó de su fuerza interior cuando envió a buscar a Betsabé y se acostó con ella. Los hombres en posiciones poderosas como los reyes siempre han creído que podían salirse con la suya con ese tipo de comportamiento. Betsabé no pudo haber resistido. Hoy llamamos a ese acoso sexual o abuso sexual, y todavía sucede. En el año pasado se han logrado grandes avances para cambiar la naturaleza sistémica de esa práctica, y la facilidad de salirse con la suya, pero los hombres aún necesitan acceder a la fuerza interna para superar el patrón que se ha vuelto habitual.

La historia de Jesús alimentando al 5000 ilustra cómo se ve imaginar el Reino de Dios y la morada de Dios. Jesús se encuentra frente a una ladera llena de personas, que han venido a Jesús, hambrientas de muchas cosas. Jesús le pregunta a Felipe dónde encontrarán comida para alimentarlos; Felipe está claro que en ninguna manera se podría alimentar a tanta gente. Luego Andrés señala los cinco panes y dos peces de un joven; pero ¿qué es eso para tanta gente? Jesús hace algo totalmente inesperado que cambia las vidas de quienes lo rodean para siempre. Ni Felipe, ni Andrés, ni el niño pequeño, ni nadie más parado allí alguna vez soñaron lo que iba a pasar cuando Jesús tomó el pan y los pescados. Jesús aparece constantemente en lugares inesperados y en formas inesperadas.

Para lograr que la iglesia y los cristianos enfoquen su imaginación en el reino de Dios en vez de en visiones más pequeñas de un mero interés propio, Pablo dice: Que Cristo more en sus corazones por medio de la fe. Creo que en la iglesia no concentramos lo suficiente en ayudar a la gente a conocer el amor de Cristo en el fondo de su corazón. Les pedimos a que se ofrezcan como voluntarias para las tareas, que lleguen a eventos, que apoyen financieramente el ministerio de la iglesia. Y sí se ofrecen como voluntarios, sí se presentan y sí dan dinero. Pero los que verdaderamente experimentan a Cristo viviendo en sus corazones tienen una motivación más profunda; porque el Cristo que mora en nosotros es el mismo espíritu de Jesús que siguió apareciendo en lugares y caminos inesperados. Cuando hemos experimentado y expresado gratitud en nuestros corazones porque Cristo continúa apareciendo por nosotros, tenemos una imaginación más rica y una motivación más profunda para vivir la visión del Reino de Cristo que proclamamos. Responderemos a la necesidad que tenemos frente a nosotros con los recursos que tenemos, aún si parece ridículo, porque hemos recibido suficiente de las riquezas de Cristo como para confiar en que son suficientes por el momento. Daremos la bienvenida a la no invitada porque sabemos en el fondo que nuestro lugar en el banquete está asegurado. Perdonaremos a quien nos hiere porque hemos experimentado suficiente perdón como para saber que nada se gana reteniéndolo. Compartiremos la amplitud, la longitud, la altura y la profundidad del amor de Dios, porque es el manantial que brota de nuestro interior. Tenemos que alimentar ese manantial constantemente para poder resistir el empuje de nuestra visión pequeña.

Amigos y amigas, lo que está en juego nunca ha sido más importante para las personas de fe. Las mismas palabras de fe han sido secuestradas para legitimar una agenda contraria a la visión que Dios tiene para su creación. Donde Dios desea la unidad, la gente usa la religión para dividir. Donde Dios insta a la hospitalidad, la gente apela a leyes religiosas para excluir. Donde Dios promete abundancia para todos, la gente pone condiciones en el acceso a los recursos. Donde Dios ofrece acceso, la gente quiere construir muros.

No ganaremos los corazones de esa gente usando las duras palabras de un Pablo inmaduro en Gálatas. Debemos proclamar audazmente la visión que imaginamos de justicia, paz y sanidad para todos, sin importar cuán contraria sea esa visión a la dirección en que están avanzando los demás. Debemos demostrar en la forma en que vivimos que hay suficiente para lograr esa visión, porque Jesús es el que viene a nosotros en medio de nuestro miedo y enojo, asegurándonos que “Soy yo; no tengan miedo”. Así es como llegaremos a la tierra a la que nos invita.