La Economía de la Vida de Resurrección

041121 Pascua 2 

El sermón empieza en el minuto 17:00 del vido

Salmos 133; Hechos 4:32-35

 

En las semanas entre Pascua y Pentecostés los seguidores de Jesús somos invitados a construir el nuevo mundo que Jesús inauguró en la resurrección; a llenar la nueva realidad iniciada después de la ruptura con el mundo viejo producida por la resurrección. El domingo pasado dijimos que el domingo de Pascua fue un momento bisagra en la vida de las mujeres. La Pascua anunció el fin del viejo mundo y el inicio del mundo nuevo. Fue un momento de desorientación y confusión porque lo único que sabían en ese momento fue que algo iba a ser diferente. Los Evangelios no clarifican cómo iba a ser diferente hasta que Jesús aparezca a los discípulos: ellos van a participar en realizar la nueva historia. El inicio de esa nueva historia se narra en el libro de los Hechos de los Apóstoles. 

La frase “vida de resurrección” describe el nuevo mundo. El pasaje en Hechos de hoy describe la creciente comunidad de gente que empezó a andar en el camino de Jesús después de enviar el Espíritu en Pentecostés. Los apóstoles estaban descubriendo que las autoridades iban a tratarlos como trataron a Jesús. Los encarcelaron, los trajeron delante de las autoridades, y les ordenaron dejar de hablar en nombre de Jesús. Pero respondieron a las amenazas con la misma valentía que Jesús mostró – y que no entendían unas pocas semanas antes.

He descubierto en mi propia vida que hay una conexión entre valentía y claridad: la valentía llega cuando la visión se aclara. Una experiencia impactante trae una nueva claridad que evoca la valentía para actuar. La acción valiente abre una nueva claridad y así uno recibe más valentía. El proceso no sigue sin abatirse. El crecimiento va y viene. Pero la conexión entre la valentía y la claridad nunca se pierde.

Los apóstoles recibieron una nueva claridad con la resurrección y el día de Pentecostés. Cuando el Espíritu descendió sobre ellos, y vieron el impacto que tuvo en ellos y en la gente a su alrededor, empezaron a entender lo que Jesús había dicho. Una vez que “vieron” eso con claridad, la valentía llegó en seguida. Pedro se paró y con valentía y claridad explicó a la multitud lo que estaba pasando. Con la nueva claridad y valentía en sus vidas, los apóstoles empezaron a hacer lo que Jesús había hecho – formar comunidad, partir el pan, orar juntos, sanar en el nombre de Jesús, enseñar sobre el nuevo mundo que se estaba amaneciendo, y responder con valentía a la oposición que surgió de parte de los que sentían amenazados por el nuevo mundo.

Una gran parte de la nueva claridad fue mirar a lo que tenían en común, más que en sus diferencias. Desafortunadamente, esta situación no duró mucho. Muy pronto estaban peleando entre sí, engañandose y cometiendo fraude. Resulta ser facil salir del flujo del Espíritu. Pero el impacto inicial de su nueva visión fue una valentía en crear una vida basada en lo común que vieron como más fundamental que sus diferencias.

La palabra en griego para lo común es koinonia. Igual que en español, tiene por lo menos dos sentidos: por un lado, significa normal. Pero a veces la usamos para despreciar: “Ella es tan común.” Pero también significa tener algo “en común”, algo que pertenece a todos. Así se usa en el pasaje de Hechos: en la nueva comunidad, “todo lo tenían en común.”

Parte de la nueva claridad para los apóstoles era que los dos sentidos eran profundamente relacionados. Entre más cerca te acerques a la tierra, más claridad estás de que todo pertenece a todos. Cuando yo fui a México para vivir entre gente de bajos recursos, no fui porque yo pensé que iba a salvar el mundo. Más bien, acabé de ser golpeado por una enorme dosis de realidad en la muerte de mi primera esposa. En el momento en que yo tenía menos capacidad de cambiar la realidad con mi propio poder, yo tenía más claridad de que todos estamos juntos en este proyecto. Eso me hizo anhelar estar en comunidad con aquellos que viven esa realidad todo el tiempo; a saber, los pobres. 

Los apóstoles se dieron cuenta de algo similar. Se habían enfrentado a la muerte de su líder. Luego el Espíritu de su líder llenó sus propias vidas. Cuando tenían menos capacidad de responder a su realidad, vino un poder de afuera para darles la valentía para actuar. Lo primero que hicieron fue crear una comunidad en la que ricos y pobres vivían juntos, con todas las cosas en común. Creo que también se dieron cuenta que los pobres conocen el poder que viene de afuera. No fue por casualidad que Jesús pasara todo su tiempo entre los más marginados de la sociedad. Ellos fueron los que vieron la vida con más claridad. 

En este momento de la historia los dos sentidos de koinonia son muy urgentes: ¡al fin estamos dándonos cuenta de que, ya que podemos destruir a la tierra, lo que todos tenemos en común es la tierra! Yo hice esa conexión por primera vez en Chiapas, México. Visité una pequeña granja de mexicanos indígenas. Unos agrónomos habían introducido una nueva planta, que, cuando se plantaba alrededor del maíz, la producción de maíz se multiplicó por diez. En ese lugar, la gente era tan pobre que sus hijos no podían ir a la escuela porque tenían que ayudar en la granja. Así que, la nueva vegetación era una gran bendición económica.

Pero cuando yo me maravillé de la bendición económica, su respuesta fue: “Sí, eso es cierto. Pero la razón por la que nos gusta esto es que se está reponiendo la tierra. El suelo es mucho más saludable, y estamos restaurando los nutrientes en lugar de agotarlos. De esa manera nuestros hijos podrán cultivar esta tierra por muchas generaciones”. No pude creer lo que decían. Ellos no estaban pensando en términos económicos, sino en la ecología. Ese día me di cuenta de que el beneficio económico fluye cuando se prestar atención a la ecología. 

    Este mes celebramos el Mes de la Tierra. Lo que los indígenas en Chiapas entendían es lo que el mundo entero debe comprender: que la generosidad económica y social fluyen naturalmente cuando entendamos que debemos trabajar juntos para reponer la tierra. Lo que caracterizó la comunidad primitiva de la iglesia era su generosidad. Rompió barreras sociales e ignoró tabúes religiosos. La religión que habían aprendido enseñaba que uno tenía que separar lo puro de lo impuro, lo digno de lo indigno, lo respetable de lo irrespetuoso. Ellos dejaron atrás esa separación para ser uno en el corazón y la mente. Subvirtieron las jerarquías sociales de riqueza, etnia, religión y género a favor de la igualdad radical ante Dios y entre sí: No hay judío ni griego, esclavo, ni libre, ni hombre ni mujer, porque todos ustedes son uno en Cristo Jesús. (Gal. 3:28).

La Biblia enseña que esa igualdad incluye toda la creación. Pablo lo dice más claramente: La creación espera con gran impaciencia el momento en que se manifieste con claridad que somos hijos de Dios. Siempre tenía la esperanza de ser liberada de la esclavitud y destrucción, para alcanzar la gloriosa libertad de los hijos de Dios. Sabemos que hasta ahora la creación entera se queja y sufre como una mujer con dolores de parto. El mundo nunca ha vivido un momento en que la lección de los campesinos de Chiapas haya sido más relevante. 

    Es urgente recuperar la economía de la resurrección, entre los seres humanos, y con toda la creación. Los apóstoles crearon una comunidad de compartir la vida entre ricos y pobres en Jerusalén como su respuesta a la resurrección. Nosotros debemos crear un intercambio de vida entre pobres y ricos en todo el planeta. La contaminación en Beijing afecta la vida en Los Ángeles. Las emisiones de carbono en cualquier lugar afectan el calentamiento global en todas partes. Hay muchos recursos para dar de comer a todo el planeta, a pesar del hecho de que millones de personas se acuestan con hambre todas las noches.  

Comunidad de Cristo, cuando empezamos a vivir la resurrección en nuestro tiempo, se hará la voluntad de Dios, nuestra moneda será el amor y la bondad de nuestra ley, nuestra comida y fe serán compartidas como una para siempre. 



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