La Espiritualidad en Dos Direcciones

Sermón 7/21/19

Posted by St. Athanasius at the Cathedral Center on Sunday, July 21, 2019

072119 Pentecostés 6c 

Lucas 10:38-43

 

El profeta Amos escuchó mensajes de Dios acerca del mal comportamiento de los poderosos en Israel. Él proclamó juicio por la manera que trataban a los pobres que incluían a todos los grupos que no gozaban de la prosperidad que los ricos disfrutaban en esa época. Pero especialmente ofensivo era que los poderosos practicaban su religión en su día santo a fin de que parecieran piadosos. Es lo que más enfurece a Dios. Amos hace burla de ellos al exponer sus propias palabras habladas detrás del telón de la religión.

¿Cuándo pasará el sábado, para que vendamos el grano a precios altos y usando medidas con trampa y pesas falsas? ¡Arruinaremos a los pobres hasta que ellos mismos se nos vendan como esclavos para pagar sus deudas, aunque sólo deban un par de sandalias! ¡Venderemos hasta el desecho del trigo!»

¿Quiénes no han visto la misma práctica en nuestros días? Amos no solo estaba describiendo su propia generación. Estaba denunciando la realidad en cualquier sociedad donde existe una gran diferencia entre ricos y pobres, poderosos y marginados. ¡Está denunciando nuestra sociedad! No sé cuántos de ustedes reflexionan sobre el impacto de las malicias de los poderosos en sus propias vidas y en las vidas de otras personas. A veces las condiciones de vida son tan precarias que uno no quiere pensar en ellas. No me hables de la política. Apenas puedo con mi propia vida. No tengo energía para pensar en lo que está pasando a niveles que no puedo cambiar de todas maneras. Déjame en paz. 

¿Tú piensas así? Es entendible si es así. Pero la Palabra de Dios siempre nos invita a mirar la realidad, y hacer las conexiones entre lo que está pasando “allá” en los lugares de poder y mi propia vida y la vida de mi familia, vecinos y semejantes. Las políticas que salen de Washington o Sacramento afectan nuestra realidad diaria. Pero decimos, ¿qué haremos? No tenemos poder para cambiar lo que hacen los poderosos. Esa forma de pensar es parte de la maña de los corruptos. Tratan de distraernos con escándalos que nos entretienen mientras ellos hacen sus maldades. Pintan los cambios como beneficios para todos, cuando solo se benefician ellos. Eso es lo que denuncian los profetas. Y los poderosos siempre se burlan de los profetas. ¿Recuerdan que en el pasaje de la semana pasada, Amos expuso las palabras del sacerdote del rey diciendo a Amos, Regresa a la tierra de Judá; gana su pan allí; y profetiza allí. 

Hace dos semanas, el presidente de los EEUU dijo lo mismo a cuatro profetas en el congreso que él creía que eran inmigrantes. Resulta que solo una de ellas inmigró. Las otras nacieron aquí. Pero ese detalle distrae de la parte más ofensiva: los corruptos siempre quieren deshacerse de los profetas que hablan la verdad. Hoy en día los profetas tienen muchos nombres, y sus mensajes toman muchas formas. Pero la realidad es la misma que en los tiempos de Amos. Cuando los poderosos denuncian a los profetas, la intención es desacreditarlos para que el pueblo no los escuche. ¡Personas de fe no podemos permitir eso! Tenemos que aumentar su voz, y reconocer la palabra de Dios en su mensaje.

Pero si no reflexionamos sobre estos asuntos, no vamos a saber a quién creer – a los poderosos o a los profetas. Por eso es tan importante que reflexionemos sobre el impacto de las malicias de los poderosos en nuestras vidas y en las vidas de otros. No podemos permitir que nos distraigan con decirnos que no tenemos voz en los cambios, o que los cambios nos benefician cuando sabemos que no es así.

Eso nos lleva al evangelio de hoy. La historia del encuentro de Jesús con María y Marta se trata de cómo reaccionamos al cambio. Martha acusó a María de sentarse a escuchar mientras ella hacía sus quehaceres. Lucas dice: “Marta se preocupaba con muchos quehaceres.” Él pudo haber dicho: “Marta tenía mucho que hacer.” Pero dijo que estaba “distraída”. Cuando estamos distraídos, no escuchamos a los profetas. María reconoció que era un momento importante; que Jesús traía un mensaje más urgente que los quehaceres. Lucas no está diciendo que sentarse para escuchar a Jesús u otro profeta siempre es más importante que los quehaceres. Muchos han hecho ese error: dejan sus responsabilidades para escuchar a una persona carismática. 

El reto es discernir el momento, reconocer qué hora es. Las personas que conversan regularmente con Dios son los primeros en reconocer lo que está pasando. Los profetas mismos pasan mucho más tiempo escuchando a Dios que hablando en nombre de Dios. Eso es lo que olvidamos cuando dividimos la espiritualidad en dos: los activistas que trabajan por la justicia en nombre de Dios; y los contemplativos que pasan su tiempo orando y reflexionando. Pero la espiritualidad es una. Cuando yo estaba aprendiendo el español me enseñaron un dicho: siempre orando, y con el mazo dando. La oración que no lleva a la acción de promover la justicia es una oración que no agrada a Dios. La acción que no tiene raíces en la oración no logra lo que busca. 

Por eso Lucas pone la historia de Maria y Martha como una bisagra entre la historia del Buen Samaritano que leímos la semana pasada, y la enseñanza de Jesús sobre el Padre Nuestro, que veremos el domingo entrante. La historia del Buen Samaritano demuestra que el abogado que solo escuchó a Jesús y quiso que lo aplaudieran por su religiosidad sin ponerla en práctica tenía una religión vacía. La enseñanza sobre el Padre Nuestro nos dice que debemos orar por lo que se necesita y actuar confiados de que Dios lo va a dar porque insistimos en lo justo, y porque al escuchar a Dios nos damos cuenta que es un buen padre. La historia de Marta y María demuestra que es inútil actuar como siempre hemos actuado sin escuchar lo nuevo que Dios esta haciendo. Se necesita la vida exterior de la acción y la vida interior de la oración. Ambos son piezas insustituibles de la vida espiritual. No podemos inhalar sin exhalar. Ambos son necesarios para la vida. Las personas que escuchan su voz interior son a menudo los primeros en discernir que es hora de actuar.

Hermanas y hermanos, no podemos seguir ignorando nuestro papel como personas de fe en lo que está pasando en nuestro mundo. Si actuamos como siempre hemos actuado cuando las cosas han cambiado, vamos a destruir cuando estamos tratando de construir. Un ejemplo sencillo y cercano. Cada domingo vendemos desayunos después del servicio para recaudar fondos para las becas al Encuentro. Usamos los platos más económicos para que más dinero vaya al fondo de becas. Es lógico, ¿verdad? Por supuesto que sí. Pero algunos están reflexionando en el impacto que esa lógica tiene en el bienestar del planeta. Resulta que los platos más económicos son de plástico. Pero el plástico no se deshace por miles de años, y está llenando nuestra tierra de cosas que la calientan. Entonces, esas personas están diciendo que debemos usar platos de papel, aun cuando cuestan más, porque a lo largo cuesta más destruir el planeta.

Esa decisión al nivel de nuestra congregación es la misma que tienen que tomar todos para salvar al planeta. Es una nueva forma de pensar. Algunos van a ser como Marta al decir que es un gasto innecesario. Pero hay una nueva consciencia de cómo estamos destruyendo el planeta, nuestro hogar. Tenemos que vivir de acuerdo con esa consciencia. Esa es el mensaje tanto de Amos como de Lucas. Escuchemos a los profetas en nuestro medio que nos hablan la verdad. Así nos podemos salvar de la destrucción que amenaza si fallamos.