La Libertad de Dios

012421 Epifanía 3 

El sermón empieza en el minuto 15:00 del video

Jonas 3:1-10

 

La semana pasada fue para muchos el verdadero inicio del año 2021. Con la inauguración de un nuevo presidente parece que se acabó una pesadilla y empezó una nueva era. Pero existe mucha incertidumbre sobre el camino correcto para el futuro y el manejo justo del pasado. Los líderes están haciendo malabarismo con las distintas demandas: la unidad y la justicia, el avance y el legado. ¿Se debe castigar a los malhechores que arruinaron tantas cosas? ¿Se debe posponer el juicio para poder avanzar con asuntos urgentes durante una pandemia? ¿Se debe corregir los errores que afectaron tantas personas? ¿Cómo se puede buscar la unidad y la justicia? 

Este cuadro del panorama público es un reflejo de lo que cada uno tiene que manejar en su vida personal. Muchas veces tenemos varios asuntos en el aire, y tenemos que priorizar unos por encima de otros. Uno puede estar empezando una relación nueva que requiere atención. Pero al mismo tiempo está iniciando un nuevo trabajo donde uno tiene que ofrecer lo mejor. Otro puede estar enojado por lo que su pareja hizo, pero por el bien de los niños tiene que encontrar la manera de reconciliarse. 

En medio de tantos problemas, sean personales o públicos, muchos agregan la pregunta, ¿dónde está Dios? ¿Por qué Dios permite que yo tenga que manejar tantas cosas al mismo tiempo? ¿Por qué el racismo, la pandemia, el desempleo, la insurrección, el cambio de clima, y otros crises todos surgen juntos? Todas estas preguntas tienen que ver con la libertad de Dios de ser Dios. Si somos honestos muchas veces no queremos que Dios sea libre. Queremos controlarlo. Eso fue el problema de Jonás también.

Los que crecimos en la iglesia aprendimos la historia de Jonás como la historia de un gran pez que tragó a un hombre que sobrevive la aventura. Es una historia que les encanta a los niños. Pero, el propósito principal de la historia de Jonás es invitarnos a considerar qué significa vivir bajo la libertad de Dios. Muchas cosas malas suceden a gente buena, y buenas cosas suceden en las vidas de gente mala. A veces nos enojamos con Dios cuando vemos eso. Cuando recordamos el holocausto de los judíos, nos enfurece pensar que Dios en su poder y libertad pudiera permitir tal tragedia. 

El reto que nos enfrenta en vivir con un Dios libre es escoger la vida, a pesar de las injusticias y contradicciones que hay en el camino. Escoger la vida significa reconocer por dónde va el camino y aceptarlo en vez de rechazarlo. Significa seguir creciendo, ampliar nuestra comprensión de la realidad en vez de aceptar una versión simplista de la realidad. Significa seguir relacionándonos con otros, en vez de evitarlos cuando algo nos molesta. 

Pero, no siempre es fácil escoger la vida. Preferimos evitar el cambio, rehusar el crecimiento y caminar a solas. Así era Jonás. Como Israelita, él sabía tres cosas bien: la misericordia de Dios se aplicaba solamente a Israel; Dios nunca cambiaba de opinión; Nínive era un lugar malo. Mucha gente tiene ideas semejantes: Dios       bendice a nuestro país por encima de otras naciones; Dios nunca cambia de opinión; y los ninivitas de hoy, que podrían ser los que invadieron el capitolio o los que apoyan a Trump, están más allá del perdón.

Jonás tenía razón sobre Nínive. Era un lugar de mucha maldad. Hasta Dios lo sabía. Pero Jonàs ignoraba algo en que el narrador insistía: a pesar de su maldad, Nínive era una gran ciudad. 

Después de subir al barco, pasar 3 días en el vientre del pez, y ser vomitado en tierra firma, Dios volvió a hablar a Jonás. No dijo nada sobre la maldad de Nínive; solo que era una gran ciudad. Le dijo a Jonás que anunciara algo a ella, no contra ella. Algo había cambiado. Es lo que Jonás había temido: por eso se huyó. Jonás se enojó. Dios actuaba en una forma opuesta a todo lo que Jonás sabia: perdonó a los enemigos de Israel; se arrepintió de un castigo prometido, y llamó a Nínive una gran ciudad.

Parte de lo que nos molesta en Dios es su libertad de ver cambios en los corazones de la gente y empezar a tratarlas de manera diferente. Nosotros no siempre vemos esos cambios, especialmente cuando estamos cegados por prejuicios que aprendimos como niños. Jonás tenía mucho que aprender acerca de cómo el mundo funciona bajo la libertad de Dios. Y nosotros también. Junto con Jonás, tenemos que aprender a ver el mundo como Dios lo ve para obtener nuestra propia libertad. Al guardar rencor contra Dios y contra los ninivitas, Jonás perdía su propia libertad. Pablo escribió a los corintios: El Señor es el Espíritu, y donde está el Espíritu del Señor, hay libertad. Y todos nosotros estamos siendo transformados en la misma imagen de un grado de gloria a otro. (2 Co. 3:17-18) 

Esa transformación gradual nos ayudará a superar nuestra ilusión sobre quiénes son los buenos y los malos, a preguntarnos si eso aún importa, y a encontrar espacio en nuestro corazón para las imperfecciones de los demás. Eso habría ayudado a Jonás, y nos ayudará a nosotros. Con cada grado hacia la imagen de Dios, nuestras prioridades cambiarán: unas cosas serán menos importantes, y otras cosas importarán más. Nos damos cuenta de que ni nosotros ni nuestros enemigos siempre eligen la mejor manera de expresar la libertad que Dios nos da. 

Pero eso no significa que nunca debemos enojarnos por acciones dañinas, ni que no debería haber consecuencias. No se trata solo de entender ambos lados del asunto para encontrar el término medio. Cuando Jonás estaba en el barco hacia Tarsis, una poderosa tormenta se apoderó del mar. Los marineros arrojaron toda la carga al mar, pero el barco todavía se hundía. Cuando echaron suertes y la suerte cayó sobre Jonás, y concluyeron que su rebelión contra su Dios era la causa de la tormenta. Jonás aún no estaba listo para arrepentirse. Así que les dijo a los marineros que lo arrojaran al mar. Para apaciguar a Dios lo único que tenían que hacer era tirar a Jonás al mar. Pero no querían tirar a Jonás. Entonces, remaron duro para traer el barco de vuelta a tierra. Pero fue inútil. Oraron al Dios de Jonás. Nada calmó la tormenta. Así que arrojaron a Jonás al mar y el mar cesó su furia.

Los marineros experimentaron un cambio de corazón para reconocer al Dios de Jonás. Llegaron a ver su situación con los ojos de Dios: Jonás era el problema. Sin embargo, no podían prescindir del problema tan fácilmente, porque veían a Jonás como un ser humano como ellos. La situación se volvió personal. Los llamados paganos actuaban como Dios y el profeta de Dios era la causa del mal.  

Recuerdo hace muchos años cuando luché con un grupo para rescatar a unos inquilinos que estaban siendo desalojados de sus departamentos. Fuimos a confrontar al dueño a pedir clemencia. Los alquileres iban a aumentarse en más de 50%. Los inquilinos no podían pagarlo, y sería difícil encontrar alojamiento alternativo. El dueño explicó que acabó de comprar el edificio. El dueño anterior había comprado el edificio muchos años antes a un precio más bajo. El nuevo dueño tenía que cubrir los costos de una hipoteca más alta cobrando rentas elevadas. Yo entendía ambos lados y no sabía qué hacer. De repente un inquilino dijo: A lo mejor tiene razón, pero usted todavía tendrá el edificio y nosotros estaremos en la calle. Me di cuenta de que ya no se trataba ni de derechos, ni del sistema. Se trataba de personas que estaban en presencia del otro. Yo tenía que apoyar a los inquilinos.

A fin de cuentas, los inquilinos perdieron sus departamentos. La justicia no siempre gana. La historia de Jonás tampoco se resolvió al final. Pero después de acompañar a esos inquilinos se profundizó nuestro compromiso de seguir la lucha por la vivienda para la gente en este vecindario. No resolvimos todo el problema de la vivienda. Pero al volverse personal, encontramos una combinación de comprensión y pasión para seguir luchando por una solución.  

Ese es el desafío de la libertad de Dios, y es el desafío de los días que estamos viviendo. No hay respuestas fáciles; pero tenemos opciones. No tenemos que escoger entre la unidad y la justicia. No tenemos que decidir entre el futuro y el pasado. Tenemos que abrazar la tensión en la libertad de Dios. No tenemos que aislarnos en ilusiones, o en enojo, o en la desesperación. Podemos abrazarnos unos a otros en la libertad de Dios y encontrar sentido en la lucha. ¿Qué vas a hacer tú?  

1 Comment

  1. WWW.XMC.PL on February 21, 2021 at 2:54 am

    Aw, this was a really nice post. In idea I wish to put in writing like this moreover – taking time and precise effort to make an excellent article but what can I say I procrastinate alot and by no means seem to get one thing done.