La verdad: ¿casualidad o esperanza?

051720 Pascua 6. Servicio de Oración Matutina

Posted by St. Athanasius Episcopal Church, Echo Park on Sunday, May 17, 2020

051720 Pascua 6 

Hechos 17; 1 Pedro 3; Juan 14: 15-21

 

En el Evangelio de hoy, Jesús hace una conexión entre el amor y la verdad. El concepto de la verdad ha sufrido mucho en esta semana. La gente ha llegado a desconfiar de la verdad, ya que diferentes versiones de la verdad compiten entre sí por nuestra atención. A veces diferenctes versiones salen de la misma boca:

  • ¿Cuántos han muerto realmente por COVID-19?
  • ¿Cuántas pruebas realmente hay disponibles?
  • ¿Cuál es el verdadero impacto de COVID-19 en las escuelas, la vivienda, la inmigración y la medicina?
  • ¿La ciencia y la política tienen diferentes estándares de verdad?

Hay opiniones muy diferentes sobre esas preguntas, y se habla de cada una como si fuera la verdad. Una vez que eso sucede, la verdad pierde su autoridad y es fácil encaminar al pueblo en la dirección que uno quiera.

En el Evangelio de esta mañana Jesús promete dar a sus seguidores el Espíritu de verdad. Eso suena relevante para nuestro tema, ¿no? Pero no debemos confundirnos: la verdad no es un asunto religioso; es un asunto humano. Cuando Jesús dijo que el mundo no puede recibir el Espíritu de verdad, no quiso decir que solo los cristianos acogen la verdad. No había cristianos cuando dijo eso. El mundo en el Evangelio de Juan se refiere a sistemas humanos que se oponen a la verdad de la creación, que es el mundo verdadero. Muchas personas fuera de las ortodoxias religiosas se preocupan por la verdad. Y muchas personas dentro de las ortodoxias religiosas internas usan la verdad a su conveniencia. Así que, el Espíritu de Verdad está disponible para todos, pero no es elegido por todos.

¿Cómo accedemos a esta verdad? ¿Y a qué acción nos lleva a hacer la verdad? Las primeras palabras del Evangelio son, si me amas, guarda mis mandamientos. Los mandamientos de Jesús eran amar a Dios y amar a nuestro prójimo. Podríamos traducir sus palabras, Si me amas, ama. Los mandamientos de Jesús se tratan del amor. El pasaje es parte del llamado discurso de despedida de Jesús durante la última cena, cuando él trató de preparar a los discípulos para su partida. Las palabras de Jesús han sido descritas como pensamiento espiral. Un espiral da muchas vueltas. Así la enseñanza de Jesús da muchas vueltas; no va en una línea recta. O sea, para comprender la enseñanza de Jesús uno tiene que dejar de pensar o esto o aquello, y pensar tanto esto como aquello. La iglesia no ha hecho eso bien a través de la historia. Para aquellos que insisten en pensar en una forma literal y lineal, el discurso de Jesús puede ser confuso. Las primeras palabras hablan de la obediencia: si me amas, guarda mis mandamientos. Pero más adelante Jesús promete enviar al Abogado, el Espíritu de verdad, el Espíritu Santo, que traerá otra forma de saber y conocer. Este Espíritu habitará en el pueblo de Dios – individuos y como comunidades. Esta no es una idea nueva con Jesús. Por medio del profeta Jeremías, Dios ya había prometido al pueblo, pondré mi ley dentro de ellos y la escribiré en sus corazones.

En el Evangelio de Juan, Pentecostés es la 2da venida de Cristo. En ese sentido, Cristo ya regresó. Para Juan, la venida del Espíritu a morar dentro de todos nosotros cumple la promesa de Jesús: no los dejaré huérfanos; yo voy a ti. No hay que esperar una venida futura. La iglesia ha enseñado que el cielo está arriba, que la salvación viene después de la muerte y que la segunda venida de Cristo es el juicio futuro del mundo. Todo esto ha distraído a los cristianos de otras con verdades: que el cielo está disponible aquí, que la salvación viene ahora, y que Cristo ya ha regresado como prometió. Lo bueno es que esas verdades no se eliminan entre sí. Quizás la verdad es que el cielo está arriba y aquí, que la salvación viene después de la muerte y ahora, y que el regreso de Cristo ya está y todavía no ha llegado.

El beneficio de la versión que el cielo está aquí, la salvación es ahora, y la promesa de Cristo ya se cumplió ha sido mejor conocida en la tradición mística, que es un hilo fino en la historia de la iglesia. Los místicos conocen el cielo aquí y la salvación ahora a través de un encuentro directo con Cristo, quien habita dentro de nosotros; o en las palabras de Jesús en Juan, sabiendo que estoy en mi Padre, y ustedes en mí, y yo en ustedes. Esa unión espiritual con Cristo cumple el regreso prometido de Cristo. Es disponible para todos desde Pentecostés. Pero los místicos alimentaban esa union con una práctica espiritual. Con la oración y la meditación frecuente, ellos cultivaron su experiencia de la presencia verdadera de Dios. 

Esto nos lleva de vuelta a la línea de apertura: si me amas, guardarás mis mandamientos. La vida cristiana no es una observancia externa de los mandamientos de Cristo, ni una relación personal que se disuelva en meras emociones. Más bien es la relación intensa de una comunidad humana con la comunidad divina de la Trinidad en un amor mutuo que incluye la obediencia a los mandamientos de Cristo – el amor. Como nos recuerda Richard Rohr, la comprensión de que Alguien está viviendo en nosotros y a través de nosotros es cómo nos conectamos con una mente y un corazón más grandes más allá de los nuestros. Después, sabemos y conocemos de una manera diferente, aunque tenemos que seguir aprendiendo esta verdad una y otra vez.

Discernir la verdad en este momento cuando versiones tan distintas están en venta en la sociedad requiere una mirada hacia adentro y no hacia afuera. La mayoría de nosotros no tenemos tanta práctica en aprender cosas por dentro como por fuera. La ley escrita en nuestros corazones no es tan fácil de descifrar como las leyes externas. Pero la interna es la que nos libera a nosotros y a nuestro prójimo, porque proviene de alguien que nos amará y se revelará a nosotros; y de alguien que aboga por nosotros. Satanás, el acusador, es la voz que se opone al defensor. Eso debería darnos una pista sobre cómo se ve la verdad.

Entonces, necesitamos practicar aprender del Espíritu de la Verdad. Debemos subir el volumen en la voz interna y bajar el volumen en las externas. Para mí, eso significa pasar menos tiempo escuchando las voces externas. A mí me encanta ver la última batalla entre diferentes versiones de la verdad afuera: entra la derecha e izquierda, republicana y demócrata, política y ciencia. Pero tengo que callar esas voces externas para oír el Espíritu de la Verdad. No es que las voces externas sean más fuertes; solo que los he escuchado más. Cuando bajo su volumen, puedo sintonizar mis oídos con la voz que no es necesariamente más baja, pero que estoy menos acostumbrado a escuchar.

Conocer la verdad no es un ejercicio intelectual. Consiste en amar al que nos ama. El mundo necesita más gente que conozca la verdad así. ¿Serás uno de ellos?

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