La Via Animadora

Posted by St. Athanasius at the Cathedral Center on Sunday, December 16, 2018

La Via Animadora

Sof. 3:14-20; Fil. 4:4-7

   Hace unos años participé en una ceremonia para celebrar el inicio de la reconstrucción de una iglesia que se había quemado en un ataque de incendiarismo. Mientras el Cardenal pasaba el incienso sobre la piedra de ángulo y le echó agua bendita, empezaron a sonar las campanas de la iglesia por primera vez en 18 meses. Después del servicio encontré a Miguel, uno de los líderes de la iglesia. Tenía lágrimas en sus ojos. Me dijo que solo había sentido lo mismo en una ocasión. Fue cuando pudo regresar a su país para volver a ver a su mamá después de conseguir sus papeles de residencia. Solo en esa ocasión habían salido las lágrimas que ese día llenaron sus ojos. 

Hoy quiero explorar la vía animadora del camino hacia la presencia de Dios. En los domingos de adviento hasta ahora vimos la vía afirmadora en la comunidad en Tesalonica y la vía agitadora en la persona de Juan el Bautista. El Diccionario define Animar como “infundir vigor o energía; excitar a una acción; vivificar el alma al cuerpo. Llamamos a la persona que organiza fiestas el animador. Ojalá que esa sea la meta de los que están despiertos en esta jornada de Adviento hacia la fuente de la vida – aquella lugar que llamamos el hogar, o bien, Belén.

Pero por supuesto en el camino nuestro mundo sigue cambiando porque la única manera de mantenerse vivo es moverse, actuar. Cuando hay movimiento y acción, las cosas cambian. Cuando un río no tiene salida, el agua deja de fluir, y se estanca; se convierta en una cienega. Si empieza a moverse de nuevo, se vuelve clara el agua, refleja la luz, y se le devuelve la vida. Cuando las campanas volvieron a sonar en esa iglesia algo se movió en Miguel. Se animó con la música de las campanas. Sus lagrimas fueron de alegría.

Las vías afirmadoras y agitadoras dependen de nosotros. La mayoría escogería la vía afirmadora sobre la vía agitadora si pudiéramos. El enojo y el cambio no son tan cómodos y muchos tratamos de evitar las experiencias que nos llevan allá. Pero no siempre podemos escoger. La vía animadora nos ofrece otra opción. Y esa opción no depende tanto de nosotros como de Dios. La Biblia enseña que el ánimo viene de Dios. El último versículo de Sofonías dice, “En aquel tiempo les traeré a casa.” No se trata solo de nuestro caminar; no todo depende de nosotros. Gracias a Dios. Porque habrá periodos en que estamos tan desanimados, cuando el sufrimiento será tan grande y la injusticia tan abrumadora que no podremos encontrar el camino a la casa si nuestra vida dependiera de ello. Es entonces que la vía animadora es tan buena noticia: “les traeré a casa.”

Una acción a que el profeta y el apostol nos llaman en la vía animadora es cantar. No es por accidente que el tiempo de navidad es un tiempo para el canto. Gente que no canta el resto del año canta en navidad. Vamos a cantar esta tarde en el concierto de navidad y esta noche en la Posada. No todos cantan bien, pero todos pueden cantar con ánimo, y eso es lo que importa. 

La historia de navidad que encontramos en Lucas incluye muchas canciones. Los cantos de María, de Zacarías, de los Ángeles, y de Simeón.  Estas canciones no solo son cantos de alegría.  También hablan de cambios en medio de un censo que trata de mantener todo lo mismo. Los cambios incluyen derribar reyes de sus tronos, poner en alto a los humildes, llenar de bienes a los hambrientos, dar luz a los que viven en la más profunda oscuridad.  Entre mas imposible que parezca la situación, mas apriado es el canto como respuesta. En medio de situaciones que se han estancado, cuando se necesita valor porque tenemos miedo, cuando necesitamos ánimo porque estamos desanimados, cuando parece que Dios está ausente, o que no le importa suficiente nuestro sufrimiento, cantar trae nueva energía.

Es el contexto de los dos textos que leímos hoy. El profeta Sofonías anima a su pueblo con un llamado a cantar: “Canta, ciudad de Sión!  Da voces de alegría, pueblo de Israel.” El Apostol Pablo anima a la comunidad cristiana en Filipos en la misma manera: “Alégrense siempre en el Señor. Repito: Alégrense.”

Hace dos años cuando iniciamos el moviemiento de resistencia sagrada en la diócesis. Jaime Edwards insistía en que cantar fera incluido en nuestras acciones. Él sabía que sin el canto los movimientos de cambio social no tenían éxito. En Sofonías las cosas parecían imposibles. Dios no tenia otra opción sino de destruir la creación. Algunos fueron víctimas en ese juicio, mientras otros perpetraban la injusticia. Pero todos fueron amenazados con las consecuencias. Después de 3 capítulos describiendo el enojo de Dios con Israel, Sofonías urge al pueblo a cantar: “Canten en voz alta, O hija de Sión; regocíjense con todo el corazón… Tu Dios está en medio de ti y se gozará sobre ti con alegría, y renovarte en amor y regocijarse sobre ti con cánticos.” Cantar no es un escape. Sofonías parece pensar que puede cambiar las cosas. Sucede en medio de la salvación: “Trataré a todos tus opresores en ese momento. Salvaré a los cojos y reuniré a los rechazados y los llevaré a casa.” El factor decisivo es que Dios está en medio de nosotros. En los tiempos de Sofonías muchos decían que Dios ya no era relevante porque estaba ausente.

El apostol Pablo escribió palabras parecidas a las comunidad cristiana en filipos: “Regocíjense en el Señor siempre; otra viz digo, Regocíjense…. No se afanen de nada.” En medio de nuestras vidas agitadas parece que estas palabras no tienen mucho que ver con nuestras vidas. Queremos decirle a Pablo, “está bien para ti, pero no tienes hijos para criar, biles para pagar, padres mayores para cuidar y trabajos con mucha tensión para llenar los días.” Pero eso es precisamente lo que no podemos decirle a Pablo. La primera vez que Pablo ministró en filipos, terminó en la carcel encadenado por anunciar la liberación de Dios en una manera que desacomodó ciertas relaciones económicas en la ciudad. Pero él y Silas entretenían y animaban al resto de los prisioneros con sus cantos.

Ahora, al escribir una carta de una carcel en algún lugar del Imperio Romano a la comunidad cristiana en filipos, los animpo a responder a la adversidad que confrontaban en la misma manera: canten, sean alegres, no se preocupen, oren, vivan despiertos sabiendo que Dios está cerca.

Cantar funciona en la misma manera en los tiempos modernos. Cuando el movimiento de derechos civiles empezó los afroamericanos enfrentaban una situación imposible. Era una gente pacífica, pero al fin se habían enojado por haber sido excluidos y dejados atrás. Entonces empezaron a cantar. Aprendieron a cantar por sus vidas cuando lols perros y las mangueras de los bomberos les atacaron. 

Han llamado a los cantos de la lucha, el lenguaje que canalizó la energía de la gente que llenó las calles. Por ejemplo, hubo un incidente en Georgia en el que el aguacil y sus diputados trataron de intimidar una asambléa masiva por su presnecia. Una participante cuenta la historia. “Se inició un canto. Y el canto aseguró que el aguacil y sus diputados sabían que estábamos allí. Nos hicimos visibles; nuestra imagen se engrandeció, cuando los sonidos de libertad llenaron todo el espacio en esa iglesia.”

Solo requirió una voz para iniciar el canto, y luego todos se unieron al canto. Eso es lo bueno de la vía animadora. No todos tienen que tener la valentía de empezar el canto. Ni todos tienen que tener suficiente energía para unirse al canto. Por eso importa que la iglesia esté aquí Domingo tras Domingo cantando los himnos y rezando sus oraciones. Dios no tiene que escuchar las voces de todos para restaurar nuestras fortunas. Los que están tan tristes que no pueden unirse al canto están incluidos en la llegada si participaron o no. Si participan, ganan la valentía para enfrentar los retos. Pero si no, todavía serán salvados. Yo puedo recordar momentos cuando no tenía la fuerza para partipar, orar o cantar. Recuerdo cuando mi primera esposa murió y llegaron mis amigos para animarme. Yo ni podía responder. Pero ellos seguían consolándome. En mi interior yo confiaba en que estaba bien; que era suficiente que otros estaban orando y cantando. Así que, si tú tienes la fuerza para venir a la iglesia, puedes venir o para encontrar valentía para ti mismo, o puedes venir por los que no pueden. Lo mejor es venir por ambos.

Me encanta una historia de Sudafrica sobre un día cuando el Arzobispo Desmond Tutu estaba predicando a una iglesia llena de gente. En medio del sermón, soldados armados rodearon la iglesia. Le informaron a Tutu de su presencia. Pero en vez de dejar de predicar, él empezó a predicar a los soldados. Les invitó a dejar sus armas e unirse al lado ganador. Él tenía un sentido de la dirección de la historia tan fuerte que, aún cuando toda la evidencia estaba en contra, cuando la gente no tenía el poder para ganar la batalla, él podía proclamar que el pueblo sin armas en la iglesia iban a ganar. Quizás solo Tutu tenía valentía ese día; y no cantó literalmente. Pero su fe era suficiente, aún cuando el pueblo tenía miedo.

Hermanas y hermanos, no importa qué lucha estas enfrentando en tu vida. Sé que varios de ustedes están enfrentando situaciones difíciles. Acabas de recibir información nueva y asustante sobre tu salud. Perdiste a un ser querido que siempre había estado allí, y no sabes cómo vas a seguir. Enfrentas un reto increíble; tu familia y tus amigos están lejos; estás solo. Estás en una relación que no está creciendo y no sabes cómo romper la barrera.

La buena nueva en las palabras de Sofonías es que “tu Dios está en medio de ti, y regocijará sobre ti, te renovará en el amor, y se gozará sobre ti con cánticos.” En las palabras de Pablo, “El Señor está cerca, y la paz de Dios, que sobrepasa todo entendimiento, guardará sus corazones y sus mentes en Cristo Jesús.