Los dos extremos de las crisis

080419 Pentecostés 8c 

Salmo 107; Oseas 11: 1-11

 

Ayer 9 miembros de San Atanasio se unieron a 23 otras personas para visitar Tijuana. Fuimos a ver lo que se ha designado como una crisis en la frontera. Y sin lugar a duda, es una crisis. Y no solo para personas de Centroamérica y los gobiernos de EEUU y México; hay migrantes de varios países en África y otras partes. Todos están huyendo de persecución, hambre y violencia en sus países. Exponen sus vidas a muchos peligros buscando un lugar de seguridad – un hogar – para sus familias. Cuando llegan a la frontera entre Mexico y EEUU, encuentran otra crisis que presentan los gobiernos de esos países. 

El profeta Oseas y el Psalmista muestran dos maneras de responder a ese tipo de crisis: insistir en obediencia, o mostrar misericordia aun cuando hay desobediencia. Los gobiernos están respondiendo a la crisis insistiendo en la obediencia. Y si quieren ver las consecuencias de la política de Quédense en México, vean las fotos de miles de niños y adultos viviendo en las calles de Tijuana, sin comida ni donde bañarse. Pero también en Tijuana conocimos a 3 personas que crearon expresiones de misericordia. Una ofrece servicios legales a los refugiados. Otro les ofrece un albergue y comida. Y otro les ofrece una cena tres veces a la semana. Las almas de cada una de esas personas y sus equipos de trabajo brillan con la luz de misericordia en medio de esta crisis. 

¿Qué hacemos cuando no podemos sentir la misericordia de Dios cuando estamos en crisis, ya sea que busquemos a Dios o no? El salmista describe un patrón que muchos de nosotros hemos experimentado:

  • iniciamos un proyecto de vida con autoconfianza y un sentido de aventura. Los que navegan en el mar en barcos; los que comercian a través de aguas profundas; Estos han visto las obras del Señor, y las maravillas de Dios en lo profundo. Empezamos un camino a una vida mejor: huyendo persecución, entrando en un matrimonio, iniciando una carrera, siguiendo un curso de estudio o iniciando un proyecto. Al principio apreciamos la belleza y alegría de vida.
  • Pero de repente nos arroja una crisis que nos hunde en la depresión y el miedo. A la voz del Señor se desató una tormenta que levantaba grandes olas; eran lanzados hasta el cielo y hundidos hasta el fondo del mar; ¡perdieron el valor ante el peligro!
  •  Entonces, clamamos desesperadamente a Dios por ayuda. Clamaron al Señor en su angustia; y de su temor nuestro Señor los ha rescatado. Dios calmó la tormenta con una suave brisa, y los vientos de la tormenta se quedaron quietos. La mayoría de las personas claman a algún dios o ídolo para satisfacer el dolor momentáneo: una bebida, un cigarrillo, una droga, el sexo o un dios religioso; muchos de nosotros a lo mejor recurriríamos a Jesús.

Muchos hemos recorrido un camino así. Las líneas finales del Salmo describen una forma que solo algunos siguen: de su temor, Dios los ha rescatado. Dios calmó la tormenta con una suave brisa, y los vientos de la tormenta se quedaron quietos. Quizás recuerdes la suave brisa de Dios en ciertos momentos. Aún más, puedes recordar las veces que no llegó. En todo momento, el salmista nos invita a responder: den gracias al Señor, porque el amor de Dios es eterno. Pero eso es precisamente lo que es difícil de hacer en el momento cuando nos hundimos, cuando Dios parece no estar en ningún lugar para rescatarnos de nuestros miedos, silenciar nuestras tormentas, satisfacer nuestros anhelos y restaurar nuestro sentido de aventura y confianza en nosotros mismos. ¿Qué hacemos entonces?

El Salmo y Oseas dan dos respuestas diferentes. La respuesta del salmista parece ser, quien sea sabio meditará estas cosas y considerará bien las misericordias de Dios. ¡Se Sabio! Reflexiona sobre la vida! ¡Presta atención al patrón de la vida! La verdad es que a veces somos como príncipes donde todo parece funcionar para nosotros; las cosas van bien, tenemos confianza y realmente no necesitamos a Dios. En otras ocasiones estamos necesitados, deprimidos, indefensos y sin esperanza. El Salmo dice que Dios da la respuesta correcta en cada caso: el desprecio se derrama sobre los príncipes y sobre nosotros en la arrogancia de príncipes; nos hacen vagar por los escombros sin huellas. Eso es lo que nos vuelve al buen camino. Pero con los necesitados, Dios los levanta de su angustia y hace que sus familias abunden. Eso es lo que necesitan. Los sabios reconocen y siguen el patrón.

¿Qué hacemos cuando Dios no parece estar cerca y no podemos acudir a él en busca de ayuda? Oseas dice que si las personas actúan como príncipes durante demasiado tiempo, y no responden a la medicina del desprecio y el vagabundeo, y no recurren al verdadero Dios de todos los dioses falsos, Dios no los abandona, aún cuando sería justo: ¿Cómo puedo entregarte al castigo, Efraín? ¿Cómo puedo entregarte a tus opresores, oh Israel? Mi corazón retrocede dentro de mí; Mi compasión se vuelve cálida y tierna. La respuesta de Oseas es que incluso si seguimos rechazando a Dios porque no hemos encontrado satisfacción allí y seguimos buscando en otro lado, Dios eventualmente nos encontrará y nos llevará de regreso a casa.

La doble respuesta a la crisis es la siguiente: haz lo que puedas para regresar a tu centro espiritual, ya sea que te rebeles contra tu crianza religiosa o reconozca la mano de Dios en su vida. Si buscamos a Dios y reconocemos la mano de Dios y damos gracias por lo que hemos recibido, eso generalmente resulta mejor. Pero si no podemos hacer eso auténticamente, Dios nos traerá a casa de todos modos. Lo aceptemos o no, son buenas noticias. El hogar que Oseas describe es el lugar donde realmente pertenecemos; donde somos totalmente aceptados tal como somos. Pero hay un problema: nada molesta más a las buenas personas religiosas que Dios perdonando a los pecadores. Pasan sus vidas asistiendo a la iglesia y sirviendo en comités. Luego, Dios introduce a una adolescente rebelde que ni siquiera quiere estar aquí, la sienta en la mesa principal y le dice: bienvenida a casa.

Por eso los religiosos decían que Oseas estaba equivocado. Pero Oseas sabía que la búsqueda para satisfacer las necesidades de sexo, comodidad, seguridad, significado, pertenencia, emoción y aventura es parte de ser humano. La tristeza y la ira de Dios no provienen de que tengamos esas necesidades, sino que buscamos satisfacerlas con dioses equivocados que nunca nos darán lo que buscamos. La satisfacción solo se puede encontrar en los brazos de Dios, nuestro padre amoroso.

Dios no nos llama a renunciar a nuestros deseos y necesidades; eso sería negar nuestra humanidad, y Dios es quien nos creó. Fuimos creados para estar seguros y ser seducidos. Así es como cumplimos el mandato de ser fructíferos y multiplicarnos. Es parte del diseño. El problema es que dejamos que los amantes equivocados nos seduzcan. Oseas es muy útil aquí. Dios había liberado a Israel de la esclavitud en Egipto. Ese fue el principal reclamo de Dios sobre Israel, y la enseñanza central de Israel. Israel llegó a conocer a Yahwé como un Dios del desierto. Eso estuvo bien cuando era su realidad; pero ahora Israel vivía en la tierra y dependía de la lluvia. Baal era el dios de la lluvia y la fertilidad en Canaán; por eso Baal era un rival formidable por un dios del desierto. ¿Debería Oseas llamar a la gente a la fidelidad a Yahweh cuando necesitaban un Dios de la naturaleza, o debería ampliar su fe en Yahweh para comprender que Yahweh también podría satisfacer sus necesidades y anhelos actuales? Baal era un dios de la fertilidad para quien el sexo era necesario. Yahweh era un Dios de amor, que incluía pero no se limitaba al amor sexual.

Oseas vio que la gente necesitaba a Dios, pero no un Dios abstracto. Más bien Dios como hogar, como el lugar de pertenencia donde se satisfacen las necesidades. Es un lugar espiritual, pero no siempre religioso. Ser atraído de regreso a casa no significa necesariamente ser atraído a la iglesia. De hecho, la iglesia ha sido a menudo un lugar donde la gente no podía encontrar un hogar, y que negaba una humanidad que se atreve a revelar necesidades que no siempre se consideran apropiadas. Cuando Dios atrajo a la gente a casa, fue para decir: “Baal no puede satisfacer. Yo sí. Vuelvan a casa.

Dios se sentía jalado en dos direcciones, entre el pacto que estableció límites en la relación con su pueblo, y la calidad de la misericordia que va más allá del pacto. Un pacto es un compromiso, un acuerdo de dos partes para vivir dentro de ciertos límites. Eso hace que algunos quieren salir de casa. Cada cultura  y cada generación lucha con los límites, incluido las nuestras. Nosotros tenemos que luchar con el límite que se llama frontera. Que todos encontremos la capacidad de escoger misericordia para nosotros y para otros en medio de las crisis tanto de la vida, tanto personales como públicas.