Perdón por encima del Miedo

4/19/20 Segundo domingo de Pascua servicio de oración matutina

Posted by St. Athanasius Episcopal Church, Echo Park on Sunday, April 19, 2020

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Juan 20: 19-31

 

¿Por qué es que el primer domingo después de la celebración más grande del año cristiano, encontramos a los seguidores de Jesús encerrados en el miedo? ¿No debería la temporada de Pascua estar llena de valentía porque ya pasó lo peor y Dios ganó la victoria? Bueno, tal vez lleguemos allí. Pero parece que antes el camino siempre pasa por el miedo. Quizás este año lo Podemos entender mejor. El miedo está en todas partes, incluso cuando toma la forma de negar y desafíar lo que los estados están tratando de hacer para combatir el virus. Quizás, si podemos admitir que tenemos miedo, podemos descubrir el regalo de Pascua que nos llevará a la vida.

Solo he visto a una persona pasar por las etapas de la enfermedad de ALS, también conocido como la enfermedad de Lou Gehrig. ALS se convirtió para mí en una ilustración de cómo atravesar experiencias de miedo. Mi amigo, Gary, era un pastor con quien yo antes trabajaba. La primera vez que lo vi después de ser diagnosticado fue en su fiesta de cumpleaños. Su pecho estaba hundido, su delgado estómago estaba caido y le fue difícil respirar. En un momento de la fiesta, Gary habló con sus amigos reunidos y nos contó que esperaba mantenerse lo suficientemente fuerte para participar en un tratamiento experimental que consistía en colocar electrodos en el diafragma que harían que el diafragma se contrajera para comprimir y liberar los pulmones para poder respirar. El experimento consistió en conectar un músculo a una nueva fuente de energía.

Cuando Jesús entró en la habitación donde los discípulos estaban acurrucados por el miedo, la pena, la confusión, la culpa y la ira, los encontró afligidos con una versión espiritual de la enfermedad ALS: sus músculos espirituales se habían desconectado debido a las emociones debilitantes que sentían por la amenaza que la crucifixion de Jesús señaló para sus vidas. En los días oscuros y confusos después de la ejecución de Jesús a manos de soldados romanos y la instigación de las autoridades de Judea, se estaban preguntando, ¿por cuánto tiempo creen que podemos durar?

Algunos están hacienda la misma pregunta en este tiempo de distanciamiento social: ¿cuánto tiempo crees que esto puede durar? Un pastor que habló a su congregación cuando estaban viviendo un momento de miedo dijo: “La principal tarea religiosa en estos días es tratar de pensar con claridad … No se puede pensar con claridad con un corazón lleno de miedo, porque el miedo busca seguridad, no verdad. Si tu corazón es una piedra, no puedes tener pensamientos decentes… Un corazón lleno de amor, por otro lado, tiene un efecto calmante en la mente”. (Página web del leccionario de la UCC) No creo que sea una exageración decir que necesitamos pensar con claridad hoy más que nunca.

Entonces, ¿cuál fue la nueva fuente de energía en la que Jesús conectó a los discípulos cuando llegó a la escena? Él sopló sobre ellos y pronunció las palabras: La paz sea con ustedes. Los conectó al Espíritu Santo: Recibe el Espíritu Santo. Los discípulos buscaban seguridad, y mas bien llegó la verdad. La verdad les dio poder para amar. En realidad, sucedió en dos etapas. Jesús ayudó a los discípulos a conectar su necesidad de sanar sus heridas con la necesidad de expresar su vocación. La primera vez, cuando dijo: La paz sea contigo, ofrecía sanar sus heridas al mostrarles las suyas. La segunda vez quería invocar su vocación. Agregó las palabras, como Dios me envoi a mí, así les envío a ustedes. Reciban el Espíritu Santo.

Vi una versión contemporánea de esto cuando leí un libro titulado, Espacio par Respirar, escrito por una pastora luterana que pastoreaba una iglesia en Nueva York. Primero, describe la conexión entre la espiritualidad y la respiración: “Aquellos que estudian la ciencia de la respiración enfatizan la importancia de respirar desde el diafragma en lugar del pecho. La respiración del pecho rápida y superficial se relaciona con nuestra respuesta de luchar o huir. La respiración lenta y profunda del diafragma canaliza oxígeno fresco y energizante hacia los rincones lejanos de los pulmones, las puntas florecientes de cada rama del árbol bronquial, llamadas alvéolos “.

Luego, ella muestra la conexión entre sanar las heridas y descubrir la vocación. “Mis alvéolos no estaban floreciendo como deberían. Me faltaba el aliento; mi garganta se apretó;el tronco traqueal se obstruyó y encogió … Estaba llorando fácilmente, perdiendo la paciencia con los niños, sin resistencia, con los nervios expuestos, perdido en mi misma… ¿Fue este el comienzo del agotamiento? Pudo haber sido, pero no lo fue. Fue el comienzo de este libro. Escribir me evitaría volver al límite otra vez. Escribir se convirtió en una puerta para la contemplación y un canal para el dolor “. (p 97-98) No fue casualidad que Heidi escribiera un libro por su propia necesidad de sanidad. Estaba íntimamente ligado a quién era ella.

Del mismo modo, los seguidores de Jesús recibieron una vocación que surgió directamente de su necesidad del poder sanador del perdón que se había logrado en la resurrección. Su comisión fue: si perdonas los pecados de alguno, ellos se los perdonan; si retiene los pecados de cualquiera, ellos son retenidos. El Arzobispo Rowan Williams declaró por qué esto tiene sentido: Para los discípulos, la resurrección fue una experiencia de perdón. Habían abandonado a Jesús, convirtiéndose en cómplices de sus asesinos. El hecho de que la resurrección les sucediera fue una experiencia de perdón para ellos que se convirtió en una vocación de perdón.

Para nosotros, esto a veces significará ser “respiradores de Dios” en nuestro mundo, exhalando esperanza, vitalidad espiritual y sanidad relacional. (Bruce Epperly, Process and Faith Lectionary Studies) Estamos llamados a practicar la resurrección respirando la presencia de Dios, abrazándola y compartiéndola con el poder vivificador del Cristo de Pascua. Al igual que los apóstoles, estamos llamados a conectar nuestras heridas a la fuente de energía que es el Espíritu Santo, y luego ser enviados al mundo – a las partes más quebrantadas del mundo – porque somos el Cuerpo de Cristo, la presencia de Jesús en el mundo. En esta temporada cuando debemos permanecer en nuestras casas, no significa estar encerrados por miedo. El distanciamiento social no puede ser una excusa para aislarnos del dolor del mundo; porque cuando hacemos esto, nos estamos escondiendo de nosotros mismos y de la presencia de Cristo.

Afortunadamente, Jesús nos sigue insistiendo, soplando paz en nosotros. Hoy en día, ese aliento tiene que ser lo suficientemente poderoso como para romper la resistencia que viene de nuestras mentes lógicas. Nuevamente, una palabra de mi mentor spiritual, Richard Rohr, sobre la forma cruciforme de la realidad: “Si nos esforzamos demasiado por entenderlo, detendremos el proceso o lo guiaremos en la dirección equivocada. Parece que la realidad tiene una forma cruciforme con propósitos cruzados, paradojas e intenciones opuestas. Jesús se cuelga allí en medio de ellos, ni siquiera equilibrándolos, sino simplemente sosteniéndolos”. El Evangelio de hoy nos obliga a entrar en la paradoja de encontrar la verdad de la historia.

  Debemos recibir el soplo de Jesús para darnos el poder de dejar caer las máscaras en nuestras almas, incluso mientras mantenemos máscaras literales sobre nuestras narices y bocas; y para darnos poder para abrir las puertas de nuestros corazones, incluso mientras nos quedamos detrás de las puertas de nuestros hogares por amor a nosotros mismos y a los demás; y para darnos poder para tocar los lugares donde el Cuerpo de Cristo todavía sufre, incluso cuando nos abstenemos del contacto físico durante una temporada. Cada uno de nosotros tiene una parte. Ninguno de nosotros puede resolver todo el desastre. Pero entre más personas que dejan que la vocación que emerge de su herida sea la exhalación después del soplo de perdón sanador de Jesús, más sanidad será liberada en el mundo. Que Dios nos conecte a cada uno de nosotros a ese poder.