Recordando lo que ya sabemos

020721 Epifanía 5 Recordando lo que ya sabemos

Isaías 40:21-31; Marcos 1:29-39

 

La semana pasada se tomaron varias medidas que impactan la forma en que vivimos con COVID-19. El gobernador removió la prohibición de comer en restaurantes al aire libre; la Corte Suprema dictaminó que las iglesias en California podían tener servicios dentro de sus edificios con un 25% de capacidad; y hoy, sin duda, los aficionados al fútbol romperán las recomendaciones de los CDC y tendrán fiestas del Superbowl. Mientras tanto, algunos seguimos viviendo como exiliados en nuestros propios hogares, mientras que otros van a trabajar todos los días y se exponen al virus. Todo esto mientras el número de nuevos casos, muertes, y hospitalizaciones sigue siendo más alto que en cualquier momento antes de diciembre. 

¿Cómo afecta esta experiencia a nuestras vidas a largo plazo? ¿Y cómo afecta a nuestra fe? Todavía no tenemos respuestas a esas preguntas, pero tenemos que reflexionar sobre ellas. Es difícil seguir creyendo en cosas que hemos creído por tanto tiempo cuando todo está saliendo tan diferente de lo que suele suceder. Algo parecido estaba sucediendo para Israel al final de su exilio en Babilonia. Es difícil seguir esperando cuando lo que estamos viviendo no se corresponde con ella. 

     Su cautiverio estaba terminando; iban a regresar a la tierra prometida – un lugar de comodidad y libertad. Un nuevo día estaba amaneciendo para ellos, pero no era fácil esperar cuando su realidad era tan difícil. Necesitaban ánimo para hacer la transición y enfrentar la nueva realidad que probablemente no cumpliría con sus expectativas. Sus recuerdos de ese lugar eran de antes del cautiverio en Babilonia. Esa historia fue destruida, y aunque mucho podría ser restaurado, las condiciones pasadas dan paso a la realidad presente, y el impacto de todo lo que ocurrió en el medio. Los exiliados necesitaban esperar ser restaurados, pero también necesitaban aliento para soportar los dolores de esa restauración.

Por eso Isaías tuvo que recordarles lo que ya sabían. Les dio un mensaje que iba en contra de lo que estaban viviendo, alentándolos y exhortándolos a recordar lo que ya sabían acerca de Dios, pero que tal vez se habrán olvidado porque Dios parecía estar lejos de su realidad. Isaías respondió a dos aspectos de su olvido. Primero, escribió, Dios es grande en fuerza, poderoso en poder. En otras palabras, Dios está dispuesto y es capaz de salvarlos en su crisis actual. Luego, dijo: ¿Por qué dices, ‘Mi camino está oculto del Señor’? Dios da poder a los débiles, y fortalece a los impotentes. Dios también está dispuesto y es 

capaz de darles poder para el largo viaje por delante. 

Al repetir una serie de preguntas retóricas, Isaías estaba llamando la atención a lo que se habían olvidado y animándolos a actuar a pesar de sus circunstancias. ¿Quién es Dios? ¿Y qué hará Dios en la vida del pueblo de Dios? No eran impotentes, porque tenían el poder de Dios a su alrededor. El teólogo argentino, J. Severino Croatto, conectó las palabras de Isaías con el desorden político, económico y social en Argentina: La esperanza para el pueblo cristiano está en la palabra de Dios, que no sustituye a la iniciativa humana, sino que la apoya y la fortalece. 

Dios no es distante, indiferente y apático, pero la comunidad necesitaba que se le recordara esa verdad. Habían pasado años sin oír una palabra profética que les alentara ni que les asegurara de la presencia de Dios. En el último periodo de cautiverio, había mucho trabajo que hacer. Necesitaban una esperanza que no sólo los apoyara hasta llegar a su patria, sino que los fortaleciera para reconstruir lo que se había perdido, para reconstruir una vida y una comunidad en un hogar que, en muchos sentidos, sería tan ajeno a ellos como su lugar de exilio. Isaías los invita a esperar a Dios, a poner su confianza en Dios. El tiempo en el exilio no fue un desperdicio. Les renovó para lo que estaba por venir. Era, de hecho, un tiempo para recargar y recuperar su fuerza, para ser restaurados antes de regresar a su patria, a su próximo proyecto de construcción. Ir a toda velocidad agotará incluso a los jóvenes y fuertes. Un autor dijo, Nuestro cansancio se basa con demasiada frecuencia en el hecho de que mucho de lo que huimos es a lo que deberíamos correr. (Craig D. Lounsbrough) O como dijo Maya Angelou, el Amor no reconoce barreras. Salta obstáculos, salta vallas, penetra muros para llegar a su destino lleno de esperanza.

¿Qué deberíamos proclamar hoy en un mundo con tanta tristeza y angustia? Siguen los problemas con el suministro y la distribución de vacunas. Las divisiones políticas no comenzaron con el ascenso de la administración pasada, y no fueron borradas por su partida. La injusticia racial que siempre ha existido fue legitimada por personas poderosas, por lo que es ahora una realidad más obvia a qué oponerse. La inseguridad económica y el costo emocional de vivir en la pandemia siguen pesando sobre nosotros. El final está más cerca que antes, pero la hora de su llegada no está clara. Cuando pensamos en la vida después de la pandemia, ¿Cómo esperamos lo que nunca hemos conocido? ¿Cómo podemos esperar lo que no podemos imaginar?

Al igual que los israelitas de Babilonia, muchos hemos sido exiliados a nuestros hogares durante el último año. Otros han tenido que seguir yendo a un lugar de trabajo que conlleva todo tipo de peligros. Por una parte esperamos con interés un retorno a la normalidad y por otra parte preguntamos qué novedad enfrentaremos a medida que la pandemia acabe. Si lo queremos no, la pandemia afectará la forma en que vemos la vida después de ella. Shannon Alder escribe: Tu perspectiva de la vida proviene de la jaula en la que te mantuvieron cautivo. Es verdad. Pero reflexionar de antemano sobre ese impacto puede darnos herramientas para enfrentarlo.

La reunión anual de esta mañana fue planeada por personas que se ha reunido regularmente en los últimos diez meses para planificar, coordinar y reflexionar sobre nuestra vida como congregación. En estos primeros días de 2021, el grupo ha comenzado a hacer preguntas sobre lo que hemos aprendido acerca de ser iglesia a través de la pandemia. No se trata sólo de preguntas sencillas, tales como, cómo continuar los servicios virtuales después de regresar al edificio. Se relacionan con la naturaleza misma de la iglesia:

  • ¿Qué nos enseña nuestra incapacidad de reunirnos físicamente por un año sobre lo que más importa de la Iglesia?
  • ¿Qué necesitamos reconstruir: ¿qué tenemos que aprender sobre el papel de los lugares sagrados al no poder reunirnos como tradicionalmente lo tenemos? 

 

  • ¿Cómo influye la experiencia de ver la muerte de tantas personas en la misión de la iglesia, cuyo mensaje central habla de la vida y la muerte? 

       Las preguntas sobre la iglesia son sólo uno de las área en que debemos reflexionar al prepararnos para salir del exilio de la pandemia. También debemos preguntarnos cómo será nuestra vida en un futuro que lleve la amenaza constante de otra pandemia. Tenemos que enfrentarnos a una creciente división política y a una mayor desigualdad económica. El aumento del escepticismo sobre la ciencia y la salud pública, y el auge de las teorías conspirativas difundidas en las redes sociales serán fuerzas sociales en los años venideros. Dado el número de familias que han perdido empleos o ingresos, debemos hacer frente a las consecuencias duraderas en la salud física y mental de los niños que han experimentado un aumento de la privación, la inseguridad y el estrés traumático. 

      Al considerar estas preguntas, Isaías nos invita a recordar lo que ya sabemos acerca de Dios, y lo que Dios nos pide. Nos recuerda que Dios no ha estado ausente; que Dios tiene un poder único para operar en el mundo; y que Dios da poder a los débiles, y fortalece a los impotentes. Lo que yo ya sé de Dios es que el poder nunca es algo que tengo. Es algo disponible para usar cuando lo necesite. Y el poder que tuve la última vez nunca parece ser suficiente para lo que tengo que hacer ahora. Pero si sigo caminando, mi fuerza se renueva. La fuerza, por lo general, viene en el momento en que la necesito; no cuando estoy pensando en lo que podría necesitar algún día. ¿Qué recordatorios necesitas tú acerca de Dios y de la vida al prepararte para vivir más allá de la pandemia?