Responder a tiempos perturbadores

030721 Cuaresma 3 

El sermón empieza en el minuto 19:30 del video

Éxodo 20:1-17; I Corintios 1:18-25; Juan 2:13-22

 

  • Hace 2000 años, Jesús estorbó el templo. Fue asesinado por agentes del sistema que estaba denunciando.
  • Hoy hace 56 años 600 personas intentaron cruzar un puente en Selma, Alabama. Muchos fueron asesinados por las fuerzas que representaban el sistema al que se oponían. 
  • Hace 2 meses miles de personas irrumpieron en el capitolio porque se habían convencido de que se había robado una elección y de que el sistema del gobierno estaba podrido. Sólo uno de ellos fue asesinado en el disturbio.  
  • Mañana está previsto comenzar el juicio de Derek Chauvin, el policía que mató a George Floyd. La mayoría de los policías blancos han sido protegidos por el sistema cuando han matado a personas negras en circunstancias cuestionables o indefendibles. 

Esos hechos históricos muestran distintas formas de mantener y protestar contra los sistemas. Las lecturas de hoy hacen lo mismo. Contrastan los diez mandamientos con el disturbio en el templo. Nos obligan a preguntarnos qué significa ser respetuosos de la ley, ser piadosos y ser obedientes. Cuando Jesús sacó los mercaderos del templo, expresó los tres; pero no en la forma en que los líderes religiosos entendían.

Según ellos, en el curso de su ministerio, Jesús había desobedecido casi todos los 10 mandamientos, y un montón de otras leyes también. Al causar estragos en la corte del templo ese día, Jesús era tan escandaloso para ellos como los que saquearon el capitolio el 6 de enero eran para nosotros. Al atacar el templo, Jesús atacó el corazón del sistema legal y religioso. Con sus acciones, los insurrectos del 6 de enero se vieron a sí mismos haciendo lo mismo.

La ley no se trata principalmente de ser amable, o incluso obediente. Muchas personas en Jerusalén resentían las prácticas torcidas de los que cambiaban el dinero en el templo, así como mucha gente hoy se resiente de los altos salarios de los ejecutivos, las prácticas turbias de los inversionistas, y los acuerdos chuecos de los políticos. Tanto Jesús como Pablo enseñaron la Ley de Moisés a una sociedad gobernada por grupos que convirtieron las leyes en legalismos que solo servían a los que las inventaron. Centrarse en una pureza falsa arruina el sentido de comunidad. La tendencia humana a estar al lado equivocado de la justicia en el nombre de la ley llevó a Jesús a quitar a los mercaderos.

Los manifestantes siempre creen que están del lado de la justicia, y que el sistema, o la ley, está defendiendo la injusticia. ¿Cómo decidimos cuál lado está promoviendo la verdadera justicia en el mero momento? Eso era lo que le preocupaba a Pablo al escribir a los Corintios. La iglesia estaba dividida en facciones, ambas partes decían tener razón. La respuesta de Pablo fue voltear los criterios de sabiduría e insensatez, diciendo, hablamos de estas cosas con palabras no enseñadas por la sabiduría humana, sino por el Espíritu, interpretando las cosas espirituales a aquellos que son espirituales. Y al afirmar que nosotros tenemos la mente de Cristo.

Ese argumento puede haber convencido a los Corintios, que reconocían la autoridad de Pablo. Pero en este país ya no es posible que todos respeten a una sola autoridad, ni en la iglesia ni la ciudadanía. Los cristianos que apoyan los disturbios del 6 de enero dicen tener la mente de Cristo, al igual que los que los califican de insurrección. Los ciudadanos que lo apoyan lo llaman patriotismo; incluso lo comparan con Jesús limpiando el templo. Los que se oponen lo llaman sedición

     Un pastor (Daniel Meeter), escribió: No recuerdo que los noticieros hayan llamado al Capitolio “el templo de la democracia estadounidense” antes, pero comenzaron a hacerlo el 6 de enero, y lo mantuvieron dos semanas después. Después de los disturbios, el templo tuvo que ser limpiado, y así fue para la Inauguración, aunque fueron los alborotadores quienes evocaron a Jesús volcando las mesas. Una autora (Lauren Kerber, Saving History: How White Evangelicals Tour the Nation’s Capital and Redeem a Christian America) escribió, he oído a mucha gente preguntar: ¿Cómo podrían ellos profanar este espacio? “Ellos” se refieren a todos en el Capitolio. [Pero] para los nacionalistas cristianos blancos, y para las personas involucradas en esta insurrección, el Capitolio ya había sido profanado antes…porque los que gobiernan el país desde ese espacio no están promulgando la voluntad de Dios o la voluntad del pueblo de acuerdo con los mitos sobre el fraude electoral. Iban a sacar a los prestamistas del templo en una manera muy violenta y aterradora. [Detenga el robo] coloca la injusticia en el centro de la conversación; la idea de que algo malo ha pasado, y necesita ser corregido.

¿Cómo discernimos la mente de Cristo en este momento? ¿Cómo determinamos qué es verdadero y sabio? ¿Cómo podemos encontrar el camino a seguir después del 6 de enero? Mi guía espiritual favorito, Richard Rohr, reflexionó recientemente sobre esa descripción de Pablo de la sabiduría tonta y la sabia insensatez, y ofrece criterios útiles para evaluar las fuentes sabiduría y verdad: Los santos tontos son personas que son felizmente, pero no ingenuamente, inocentes de todos los demás damos por sentado. Solo ellos pueden confiar y vivir la nueva obra de Dios porque no están protegiendo el pasado por control (conservadores) o reaccionando contra el pasado componiendo (liberales). Ya ni encajan ni pertenecen entre los suyos. Sin embargo, solo ellos pueden señalar el camino a la “tierra prometida” o a la “nueva Jerusalén”. [Son] personas que conocen su dignidad y, por lo tanto, no tienen que pulirla o protegerla; hombres o mujeres que tienen verdadera autoridad y no tienen que defenderla ni la autoridad de nadie más. Son hijos e hijas de Dios que han conocido a Aquel que vela por los gorriones y crea las galaxias, y por lo tanto se sienten cómodos en ser hijos de Dios. En ellos, y solo en ellos, se puede confiar para proclamar el Reinado de Dios. 

     Tal vez Jesús estaba siendo un santo tonto cuando despejó el templo. Tendemos a encontrar santos tontos en lugares extraños. Pero si permitimos que nos conmueven, a lo mejor encontremos el camino que buscamos. Deja que la siguiente historia de un santo tonto te conmueve:

Érase una vez en un campo de concentración vivía un prisionero que, a pesar de que estaba bajo sentencia de ejecución, era intrépido y libre. Un día lo vieron en medio de la plaza de la prisión tocando su guitarra. Una gran multitud se reunió para escuchar, porque, bajo el hechizo de la música, todos se volvieron tan intrépidos como él. Cuando las autoridades vieron esto, prohibieron al hombre tocar. 

Pero al día siguiente allí estaba de nuevo, cantando y tocando su guitarra ante una multitud aún mayor. Los guardias lo arrastraron airadamente y le cortaron los dedos.

Al día siguiente estaba de vuelta, cantando y haciendo la música que podía con sus dedos sangrantes. La multitud echaba porras. Los guardias lo arrastraron y le rompieron la guitarra.

Al día siguiente cantaba con todo su corazón. ¡Qué canción! ¡Tan puro y edificante! El público se unió, y mientras el canto duraba, sus corazones se volvieron tan puros como él, y sus espíritus tan invencibles. Tan enojados estaban los guardias esta vez que le arrancaron la lengua. Un silencio de muerte descendió al campamento.

Para asombro de todos, al día siguiente allí estaba de vuelta en su lugar, bailando con una música silenciosa que nadie más que él podía oír. De repente, todos se estaban agarrados de la mano y bailando alrededor de esta figura sangrante y rota en el centro mientras los guardias se quedaban atónitos. 

Cuando ese prisionero empezó a hacer música y terminó bailando como una figura sangrante y rota, nos mostró lo que realmente importa. En lugar de salvarse a sí mismo o a cualquier otra persona, se centró en crear una calidad de vida que todavía podría encontrarse en una vida que no le quedaba mucha cantidad. Su historia nos invita a una jornada cuaresmal que puede ayudarnos a discernir la diferencia entre la verdad y la opinión, el patriotismo y la sedición, los opositores y los enemigos, y el camino de la vida y el camino de la muerte. Tal vez demos más frutos convirtiéndonos en santos tontos que analizando todos los datos que nos ayudan a decidir. Ninguno de los dos caminos es fácil; pero uno nos lleva a la vida.