El riesgo de compromiso

 

2 Sam. 6: 1-5, 12b-19; Salmo 24; Marcos 6: 14-29

 

La semana pasada hubo una interrogación en el Senado de Peter Strzoks, el empleado del FBI que ha sido acusado de tener prejuicios en la investigación del Presidente Trump. Me hizo recordar una película de 1994 – Clear and Present Danger – protagonizado por Harrison Ford. Ford jugó el rol de Jack Ryan, un agente de la CIA asignado por el presidente a enfrentar a un grupo de narcotraficantes colombianos. En una escena estuvo en la oficina del presidente. Resulta que el presidente había establecido una operación militar secreta detrás de la espalda de Ryan. Ryan fue a confrontar al presidente por su parte en el escándalo. Al principio el presidente negó la acusación; pero Ryan dijo que la llevaría al Senado. Por un momento el presidente entró en pánico. Pero luego sonrió y dijo: “No vas a hacer eso, Jack. Tienes una canica en el gran juego. La vas a guardar por un momento en que tu propia vida está en juego. Luego la vas a sacar y yo voy a cobrarla por ti.” Jack dijo: “¿De veras?” El presidente continuó: “El país no puede permitirse otro engaño que llega hasta la cúpula. Te echaré la culpa y serás castigado, pero no será demasiado. Una palmada en la muñeca. Ya sabes, Jack, es el viejo baile de dos pasos del Potomac.” Ryan respondió: “Lo siento, señor presidente. Yo no bailo”.

Necesitamos más Jack Ryans en el mundo; y necesitamos más Peter Strzoks. Las palabras de apertura del Sr. Strzok en su audiencia fueron su declaración de No bailo. Dijo: Entiendo que vivimos en una era política en la que la insinuación y los insultos suelen ahogar la honestidad y la integridad. Tengo el mayor respeto por el papel de supervisión del Congreso, pero creo que la audiencia de hoy es solo otra victoria en el cinturón de Putin y otro hito en la campaña de nuestros enemigos para desgarrar a Estados Unidos. Como alguien que ama a este país y valora sus ideales, es profundamente doloroso observarlo y, lo que es peor, desempeñar un papel importante en él.

Rehusar bailar “el viejo baile de dos pasos del Potomac” crea un interesante contraste con los bailes en los textos de esta mañana. David bailó frente al Arca de la Alianza como un acto de gozosa exuberancia. Estaba emocionado de que, a través del Arca, Dios ahora estaría presente en Jerusalén, y esa bendición seguiría para el Reino de Israel. Pero el baile de David no estuvo exento de controversia. Michal, la hija del fallecido rey Saúl, le dijo a David que ella lo despreciaba por bailar delante de las criadas de su siervo. David respondió: “Me haré aún más despreciable que esto; pero por las doncellas de las que ha hablado, seré honrado.” David iba a cambiar las políticas del rey Saúl para traer justicia a los pobres. Por eso, para los compinches de Saúl, el baile de David sería despreciable. Pero su baile literal sería visto como honorable para la clase de sirvientes por tratarse de la justicia. David bailaría, pero no al ritmo de Michal.

En el Evangelio, la hija de Herodes bailó frente a su padre y sus invitados. El suyo fue un acto de intriga y seducción. Y como Herodes se preocupaba demasiado por su reputación frente a sus compinches, pidió la cabeza de Juan el Bautista, incluso en contra de sus propias convicciones. Herodes tenía suficiente brújula moral como para sospechar que su duplicidad traería consecuencias; así que cuando se enteró del ministerio de Jesús, se imaginó que Juan, a quien decapité, ha resucitado. ¿Cuántos líderes hoy en día son como Herodes, sabiendo que los profetas tienen razón, pero que no están dispuestos a hacer frente a su verdad porque la verdad no conviene en el momento?

Tal vez la razón por la cual Herodes sabía que su duplicidad tendría consecuencias fue porque había escuchado al salmista preguntar: “¿Quién puede unirse a la alegre procesión en la ciudad santa?” El Salmo contesta su propia pregunta: “Aquellos que son puros de corazón y mano”. El Salmo se refiere a aquellos que se comportan de maneras que respetan al prójimo, mejoran la comunidad y no distorsionan las relaciones sociales en beneficio privado. David y Juan se unirían al baile para entrar en la ciudad santa. Pero Herodes no; y él parecía saberlo.

Juan no fue el único profeta que perdió su vida por desafiar las leyes de las autoridades. De hecho, la muerte de los profetas es más la regla que la excepción. Marcos escribió su Evangelio en el momento de la caída del templo en Jerusalén, un tiempo de persecución para los seguidores de Jesús. Quiso mostrarles que su ministerio como seguidores de Jesús está en la tradición de los profetas. La voz profética de Juan el Bautista es la clave para entender las consecuencias que a menudo sufren las personas que luchan por la justicia al denunciar la arbitrariedad, y los abusos de poder contra la gente más vulnerable e inocente de la sociedad. A lo largo de la historia los poderosos han intentado silenciar las voces críticas y necesarias del pueblo. Las voces proféticas siempre están a la vanguardia de la lucha por la justicia y la dignidad de cada ser humano en el Reino de Dios. La voz profética proclama el mensaje de Dios del amor, a pesar de las amenazas a su existencia.

El mensaje de Jesús nos invita a involucrarnos práctica y conscientemente en las necesidades que nos rodean, porque el mensaje de Jesús quiere transformar nuestras comunidades. No debemos guardar su mensaje en secreto, sino sacarlo a la luz y responder con nuestras acciones a los eventos que suceden a nuestro alrededor. Es por eso que la Iglesia Episcopal votó la semana pasada a ser una iglesia Santuario, y por qué practica la resistencia sagrada. Es la misión profética a la que nos comprometemos en nuestro pacto bautismal cuando decimos que con la ayuda de Dios lucharemos por la justicia y la paz entre todos los pueblos, y respetaremos la dignidad de cada ser humano. Vemos a seres humanos constantemente despreciados y privados de sus derechos y libertades. Los cristianos y cada ser humano deben alzar la voz con el mensaje central del evangelio de amor indiscriminado que acoge a cada persona con ternura y misericordia.

Quiero compartir un escrito en Facebook de un amigo mío que recientemente alzó su voz en medio de su vida diaria. Muestra cómo surgen oportunidades para dar testimonio profético en los momentos menos esperados. Escribió: En un bar de un campo de golf con ambiente irlandés donde me gusta comer el cantinero se volvió ruidoso y animado mientras presumía ante un grupo de golfistas cómo trató a una persona transgénero en un bar donde antes trabajaba. La tercera ronda de su calumnia me hizo levantarme e ir al bar y decirle que sus palabras eran ofensivas. Él me dijo que me sentara y volviera a mi comida. Dije que me haría cargo de mí mismo. El gerente salió a arreglar los rezagos del acontecimiento. Pero no puedes poner un parche sobre lo ofensivo. Dijo que el cantinero vendría a disculparse. Su disculpa: “Caray; era solo un grupo de tipos hablando al final del día”. Así fue, le dije; y fue ofensivo y usted es un empleado y debe rendir cuentas. Esos son los momentos proféticos donde podemos hacer pequeñas diferencias que se juntan para tener un impacto. Puede ser que nos ignoren, nos tratan con condescendencia, nos intimidan o algo peor. Pero una semilla se siembra; y sabemos lo que sucede con las semillas del Evangelio.

Pero también tenemos que reconocer lo opuesto a la verdad profética. En medio de la práctica de la administración actual de separar familias en la frontera, muchos hemos recordado que la familia de Jesús huyó a Egipto poco después de nacer para escapar de una masacre ordenada por un rey tiránico. La familia vivió en Egipto hasta la muerte de ese rey. Para muchos cristianos, el hecho de que el fundador de su fe fuera un refugiado significa que están llamados a dar la bienvenida y servir a los inmigrantes y refugiados en la actualidad.

Pero según Paula White, consejera espiritual del presidente Trump, no debemos interpretar esta historia bíblica así. Al preguntarle qué reflexión bíblica que se le ocurrió durante su visita a un hogar de acogida, ella afirmó que, aunque Jesús era un refugiado, no cruzó las fronteras ilegalmente. “Sí, vivió en Egipto durante 3 años y medio. Pero no fue ilegal. Si hubiera violado la ley, entonces habría sido un pecador y no habría sido nuestro Mesías.” Ignorar que Jesús rompió las leyes a lo largo de su ministerio es exactamente lo opuesto a una voz profética.

Entonces, reflexionemos esta semana sobre cómo podemos representar a Jesús y ser una voz profética en las circunstancias cotidianas de nuestras vidas, incluso cuando no nos sintamos dignos de esa responsabilidad. El testimonio evangélico a menudo se manifiesta en pequeños detalles, desde la sonrisa para hacer feliz a alguien, en la acogida con ternura y misericordia hacia los que están bajo nuestro cuidado, en el abrazo tierno y compasivo hacia todos los que lo necesitan, y también al enaltecer nuestras voces de protesta enérgicamente contra el trato injusto e indigno de cualquier ser humano. Jesús está con nosotros al seguir su ejemplo de una vida dedicada a elevar la dignidad de cada ser humano, mostrarnos el camino de la verdad en él y continuar su obra divina a través de nuestras vidas con la guía del Espíritu Santo.