Transfiguración Nuevos Ojos y Oídos

021421 Transfiguración Nuevos Ojos y Oídos:

2 Co. 4:3-6; Marcos 9:2-9

 

La semana pasada, esta nación volvió a vivir los acontecimientos del 6 de enero en el juicio de Donald Trump. Vimos y oímos detalles nuevos que no se veía ni oía en el mismo día. Pero no sólo era nueva información. Vemos y oímos esos eventos con nuevos oídos y ojos. Insurrección, Impeachment, Inauguración: 3 palabras que empiezan con la letra I. Los miércoles de enero en alguna medida transformaron nuestra visión y audición. No sé Uds., pero todos esos eventos cambian la manera en que yo miro el 6 de enero. 

Pero esa transformación puede durar poco tiempo. Los vientos políticos cambian en un abrir y cerrar de ojos. Eventos como el 6 de enero pueden vivir en nuestras vidas sin sentido hasta que otros eventos levanten las nubes y muestren claramente su significado. Eso es lo que les sucedió a los discípulos que estaban con Jesús en el Monte de la Transfiguración. Sabían que vieron algo importante, pero no tenían idea de lo que significaba … hasta ser aclarado por la crucifixión y resurrección de Jesús. Por eso Jesús les dijo, no le digan a nadie lo que han visto hasta después de que el Hijo del Hombre haya resucitado de entre los muertos. 

Para muchos la pregunta planteada por lo que pasó el 6 de enero, y en los últimos 4 años, es, ¿cómo muere la democracia? Así como los discípulos entendieron lo que vivieron en el Monte de la Transfiguración sólo después de la crucifixión y resurrección de Jesús, sólo podemos entender qué tan cerca de la muerte llegó nuestra democracia al ver a los senadores viendo los mismos videos que vimos nosotros votar para absolver al ex presidente. La democracia no muere en un momento. La muerte se produce en una serie de daños colaterales: incitar a la violencia, olvidar el propio registro de votación, negar hechos publicados, no tener que rendir cuentas por sus acciones, brutalidad policial, etc. Aquellos que están demasiado ocupados mirando hacia atrás, o en otras direcciones equivocadas, y aquellos que tratan de aferrarse a las experiencias en la montaña, no ven eso. Terminan siendo desfigurados en vez de transfigurados.

Llegar al Domingo de la Transfiguración se siente diferente este año. No sólo por COVID y por más claridad sobre el racismo sistémico. Sino también porque estamos descubriendo una nueva relación a los lugares. El pasaje de Marcos muestra que Jesús espera que la transformación ocurra tanto en la montaña como en el valle. La transfiguración comienza en la montaña con Jesús, Moisés, Elías y los tres discípulos. Pero continúa en el valle donde los discípulos no pueden liberar a un niño con un espíritu que lo dejaba mudo.

Pedro no entendía esto. Quería construir tres tiendas de campaña en el monte de la Transfiguración. Jesús tenía otras ideas. Así que bajaron de la montaña para enfrentarse a un mundo herido que necesitaba sanidad. ¡Jesús quería que Pedro y los demás discípulos se dieran cuenta de que ellos tenían que ser la tienda de Dios! Cuando llegue el momento de seguir adelante, hay que seguir adelante. Y nos lanzamos a otro lugar siendo la tienda de Dios. Nosotros somos la gloria de Dios, la tienda de Dios, incluso el eco de la voz de Dios – sea quieta y pequeña, o fuerte y clara.

Una cantante afroamericana hizo el mismo punto: Durante el siglo XIX, estar en el camino para salir de la esclavitud por lo general significaba dejar un lugar para ir a otro lugar, cubriendo territorio geográfico. De hecho, tenías que poner distancia entre dónde estabas y hacia dónde te dirigías. Durante el Movimiento por los Derechos Civiles del siglo XX, estar en camino a menudo significaba quedarse donde estaba y causar estragos en su comunidad local, insistiendo en su transformación para que una nueva construcción pudiera ser posible. Los afroamericanos estaban decididos a reorganizar el espacio para ellos y su futuro. (La Dra. Bernice Johnson Reagon)

      Resulta que los lugares tienen dos lados. La encarnación nos dice que lugar importa mucho. Importa que Jesús entró en una familia judía en Palestina en el siglo I. Importa porque sucedió allí. Pero su importancia radica en el hecho de que todos y cada uno de los lugares importan por igual. En la montaña y en el valle, en la iglesia y en la calle. Una montaña no importa más que otra montaña. Ya no diremos: “La montaña de Mi Dios es mejor que la montaña de tu Dios”. Diremos, “Parece que tú y yo tenemos algunos de los mismos anhelos. Tal vez podamos trabajar juntos para crear algo hermoso”. Ya no intentaremos poner tiendas de campaña en la montaña. Seremos las tiendas de la presencia de Dios en el mundo.

Y prestaremos atención a lo que de veras importa de las experiencias en la montaña. Tanto el primer como el último domingo de la Epifanía incluyen las palabras, Mi amado hijo. En el bautismo de Jesús, fueron dirigidas a él, y Dios agregó, estoy muy complacido contigo. En el Monte de la Transfiguración, las palabras se dirigieron a los discípulos, y se añadió, escúchenlo. Los demás capítulos del Evangelio de Marcos muestran que no habían escuchado. En el capítulo anterior, Jesús dijo, aquellos que quieren salvar sus vidas la perderán, y aquellos que la pierdan por mí y el Evangelio la salvarán. Los discípulos dejaron claro una y otra vez que no habían oído esas palabras. Nosotros tampoco. Sin embargo, lograr que los discípulos escuchen esas palabras puede ser más urgente para Dios de lo que pensábamos. 

Siendo judíos, los discípulos fueron entrenados a escuchar a Moisés y Elías, superestrellas en la galería de héroes judíos. La historia sobre Elías y Eliseo sirve de trasfondo para la transfiguración. Elías fue el primer profeta de tiempo completo que Israel había visto desde Moisés, y llegó a una etapa crucial del declive de Israel. Moisés y Elías fueron los profetas principales en la historia de Israel; por eso son las que aparecen con Jesús en el monte de la transfiguración. Así como Elías pasó el manto profético a Eliseo, Moisés y Elías el Profeta lo pasaron a Jesús. Para los discípulos que presenciaron ese recogimiento, el mensaje era que Jesús era la nueva voz a que escuchar. 

      Pero eso fue un reto. Jesús era su contemporáneo. Claro, dijo cosas buenas, e hizo cosas increíbles. Pero algunas de sus enseñanzas no tenían sentido. La última fue un buen ejemplo: ¿quién querría perder la vida? ¿Qué tiene de malo un poco de autoprotección? ¿Desde cuándo intentar salvar mi vida garantiza que la perderé? Para ellos y para nosotros, viviendo en un mundo lleno de falsos profetas, donde es cada vez más difícil distinguir las Buenas Noticias de las noticias falsas, Dios quiere asegurarse de que todos sepan quién está hablando la Verdad de Dios hoy en día.

Los momentos de transfiguración nos pasan a todos todo el tiempo. Y la gloria que vemos en esos momentos es el reflejo de Dios desde dentro, no por fuera. No les pasa principalmente a las celebridades, y no se trata de lo que sucede en el escenario. Es lo que sucede dentro de nosotros cuando estamos preparados para vivir y sufrir por el bien y por el amor. Un pastor describió la gloria de Dios como la santidad de Jesús que brilla a través de su humanidad; su rostro tan brillante con ella que estaban casi cegados. Eso no solo sucedió en la montaña. Sucedió cada vez que Jesús sonreía a los leprosos, se veía triste al ver a un pecador siendo rechazado por la religión oficial, o feliz después de decirle a una prostituta que fuera en paz porque sus pecados fueron perdonados. En esos momentos, los discípulos podían ver el rostro divino transfigurado. El pastor sugiere que ese tipo de transfiguración sucede entre los seres humanos todo el tiempo: La cara de un hombre paseando a su hijo en el parque, de una mujer recogiendo chícharos en el jardín, de la persona más inesperada escuchando un concierto, o descalzo en la arena viendo las olas rodar, o simplemente tomando una cerveza en un partido de béisbol. De vez en cuando, algo tan conmovedor, tan incandescente, tan vivo transfigura el rostro humano que apenas se puede aguantar. (Frederick Buechner Whistling in the Dark, Harper San Francisco, 1988, p. 108). 

    Amigos y amigas, tal vez se necesitan más momentos transformadores para entender lo que sucedió el 6 de enero. Definitivamente necesitamos ser más conscientes de los momentos de transfiguración, cuando la gloria de Dios brilla en rostros donde no lo esperamos. Y debemos estar constantemente subiendo y bajando la montaña con la gloria de Dios al llevar nuestra tienda dentro de nosotros y al convertirnos en agentes de sanidad.

2 Comments

  1. Portal on February 24, 2021 at 9:21 am

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