Una invitación a liberarse

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032220 Cuaresma 4

Juan 9: 1-41

Tenía un amigo de Sudáfrica que me visitó a principios de los 90 cuando yo vivía en México, y Sudáfrica estaba en el proceso de deshacer el sistema de Apartheid en que habían vivido por 50 años. La separación de las razas, y la inferioridad de las personas de color, estaban establecidas por ley. Recuerdo un día sentado en los escalones fuera de nuestra casa, riendo y bebiendo cerveza. Nico me habló de un nuevo dicho que circulaba por Sudáfrica en esos días: es un mundo muy, pero muy extraño en el que vivimos, Master Jack. Era extraño de verdad. Los sudafricanos habían estado viviendo bajo el sistema del apartheid durante casi medio siglo. Y de repente vivían en un mundo nuevo que todavía no había establecido nuevos leyes sobre la relación de las razas. La gente no sabía lo que se esperaba de ellos. La ley cambió rápidamente; pero sus corazones no cambiaron tan rápido. Y estaban confundidos acerca de cómo comportarse.

    Hoy, al enfrentar el nuevo mundo de Coronavirus, todo el mundo podría decir lo mismo. Es un mundo muy, pero muy extraño, en el que vivimos, Master Jack. Pero en lugar de decirlo como una declaración, estamos haciendo preguntas. ¿Cómo se supone que debo pasar mi tiempo cuando no puedo ir a trabajar? ¿Cómo nos entretenemos cuando no hay eventos deportivos, teatro o películas? ¿Cómo me mantengo saludable cuando no puedo ir al gimnasio? ¿Cómo pagaré el alquiler si me despiden de mi trabajo? ¿Cómo se educarán mis hijos si no soy maestra?

Los gobiernos también están haciendo preguntas que quizás deberían haber hecho antes de la crisis. ¿Qué hacemos con las personas sin hogar, ahora que corren un mayor riesgo y ponen en riesgo a la población en general si usan todas las camas del hospital? ¿Deberíamos permitir que los inmigrantes indocumentados sean probados gratis también, ya que también ellos infectarían a otros? Y la pregunta en la mente de todos: ¿cuánto durará todo esto?

La temporada de Cuaresma es un período de preparación para el nuevo mundo de la resurrección. La Carta a los Efesios dice que todo lo expuesto por la luz se hace visible. Eso es lo que sucede con la resurrección: todo se ve bajo una nueva luz. La Cuaresma es un tiempo para explorar la oscuridad, para que no nos sorprendamos cuando la luz de la resurrección irrumpe en el mundo. La Cuaresma logra eso invitándonos a centrarnos en lo esencial de la vida al practicar la oración y el ayuno.

¿Qué nos invita la Cuaresma a explorar este año cuando coincide con la cuarentena para el coronavirus? Muchas nuevas razones para orar, y muchas nuevas formas de ayuno, nos han sido impuestas este año. Oramos por respuestas a nuestras preguntas. Oramos por aquellos que ya están enfermos con el virus. Oramos para que nuestros amigos, nuestras familias y nosotros mismos no se enfermen. Oramos por nuestros líderes, que nos guíen sabiamente para reducir las muertes.

También ayunamos – del entretenimiento, del trabajo, del ejercicio, de las fiestas e incluso de la iglesia. De hecho, la forma en que estamos llevando a cabo este servicio hoy en Internet es una nueva forma de orar y una nueva forma de ayuno. La mayoría de nosotros no hemos tenido que hacer eso antes. Es parte de ese mundo muy, pero muy extraño para nosotros. Pero no es extraño para todos. Los presos tienen mucha experiencia relacionándose con el mundo exterior en una especie de cuarentena. Este mundo no es tan nuevo para ellos. Tienen experiencia con esto. Hablan con sus visitantes por teléfono a través de un vidrio. Una vez, yo conducí una boda en una cárcel donde el novio estaba detrás del vidrio y habló por teléfono con la novia y conmigo. Soldados, personas con enfermedades contagiosas, prisioneros y otros han tenido que ayunar del contacto físico. Quizás puedan ser nuestros maestros durante este tiempo de cuarentena.

Eso es lo que el ciego en la historia del Evangelio estaba haciendo para los líderes religiosos. Se convirtió en su maestro, a pesar de que ellos no estaban dispuestos a recibir su enseñanza. Ellos creían que ellos eran los maestros, los que veían las cosas espirituales. Pero la verdad es que el ciego que fue sanado tenía una visión espiritual más clara que los líderes religiosos. Ellos también pensaron que eran libres. Nosotros también. Pero cuando se eliminan ciertas libertades – como ir al cine, viajar en el bus, e ir al trabajo – se ven las raíces superficiales de esas libertades y la falta de verdadera libertad. Esa puede ser una de las lecciones que necesitamos aprender durante esta crisis.

Muchas cosas que pensábamos que ya sabíamos se ponen en tela de juicio en el extraño mundo nuevo. Lo mismo sucedió en la historia del ciego en el Evangelio. Los discípulos de Jesús le hicieron una pregunta del viejo mundo: Rabino, ¿quién pecó, este hombre o sus padres, que nació ciego? No tenían ninguna duda de que su ceguera era el resultado del pecado; era solo una cuestión de, ¿el pecado de quién? Nadie estaba pensando en sanar o cuidar al hombre. Solo querían la respuesta de Jesús a una pregunta teórica sobre la relación entre ceguera y pecado.

La respuesta de Jesús cuestionó esa suposición teológica: “Ni este hombre ni sus padres pecaron; nació ciego para que las obras de Dios pudieran ser reveladas en él. Debemos trabajar las obras de Aquel que me envió mientras es de día”. Jesús respondió de otra suposición. Él habló desde un mundo nuevo que sonó extraño a los oídos de los discípulos y los líderes religiosos: “No se trata de quién pecó; se trata de lo que vamos a hacer al respecto” – no solo de lo que Jesús va a hacer. “Debemos trabajar las obras de quien me envió”. ¿Qué es ese trabajo? Jesús muestra que Dios no se relaciona con nosotros solo en torno a nuestro pecado. El amor, la luz y la sanidad son más centrales para Dios.

La pregunta teórica solo importa cuando conduce a la práctica correcta. No te preocupes por qué el hombre es ciego; permita que su ceguera sea una oportunidad para practicar la obra de la sanidad de Dios. Aunque en 2020 muy pocas personas creen que la ceguera es causada por un pecado específico, muchos piensan que Dios los está castigando cuando sucede algo malo. Ni siquiera se cuestiona; se supone. Ha habido muchos ejemplos de esto desde el surgimiento del Coronavirus. Predicadores y políticos lo han culpado a los chinos, a los homosexuales, a los socialistas de izquierda y a los demócratas, entre otros. Jóvenes adultos han culpado a los viejitos por no tomarlo en serio a tiempo. Los viejos expresan su frustración a los jóvenes que seguían sus fiestas de las vacaciones de primavera. Muchas personas se sienten mejor una vez que encuentran a alguien a quien culpar por la enfermedad. El problema con ese tipo de pensamiento no es solamente que intensifica la discriminación; también nos distrae de lo que realmente importa: cuidar a los necesitados.

Pero hay otro camino. Podemos reconocer las limitaciones que descubrimos durante este período. Podemos permitir que aquellos que siempre hemos visto como personas con limitaciones sean nuestros maestros, abriendo nuestros ojos al camino a través de esta crisis. Es un mundo extraño, Master Jack. Y en ese mundo, nos puede sorprender quienes se convierten en nuestros guías pueden. Somos llamados a ejercer una vision spiritual mostrada por el ciego, y renunciar la sabiduría asumida de los líderes del viejo mundo, que se está despareciendo. Que encuentren a Cristo en las personas y lugares menos esperados durante estos días, para que en el nuevo mundo de la resurrección, tengamos una mayor capacidad de amar.

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