Uno de Nosotros

010321 Navidad 2 

El sermón empieza en el minuto 16:40 del video

Mateo 2:13-23

 

Quiero que vuelvan a mirar la imagen al principio del boletín, porque revela algo importante sobre el Evangelio de hoy. Muestra a la Sagrada Familia viajando a Egipto vestidos como inmigrantes de Latinoamérica. El mensaje es que Dios en Cristo se identifica con todos los que han sido expulsados de sus hogares por la amenaza del terror, con todos los desplazados por la violencia y todos los que huyen con miedo. Todos esos tienen esperanzas de un futuro mejor pero tienen pocas garantías de ello. Los horrores de 2020 no eran nuevos; eran nuevos para nosotros. Tampoco la matanza de los inocentes por Herodes fue nueva en los días de Jesús. Mateo fue intencional en mencionar que el faraón había matado a los niños judíos. La violencia de Herodes surgió del miedo. Él haría cualquier cosa para proteger su lugar en el trono de Jerusalén. No podía quedarse de brazos cruzados mientras existía cualquier otra amenaza al poder. 

¿Suena familiar? Es lo que hemos visto en el actual presidente. Incluso esta semana, estamos en los últimos días de una administración que utiliza el miedo y la violencia para proteger el poder y la riqueza. Pero en el mundo del miedo Jesús entra como Emmanuel, Dios con nosotros. El Dios que acompaña a la santa familia en su huida a Egipto no se ausenta del miedo y horror, la tensión y la violencia de nuestro mundo. El camino de Dios pasa por en medio, no alrededor, de los problemas. 2020 despertó a mucha gente a la realidad de la injusticia sistémica en nuestro país. Después del asesinato de George Floyd, el público recordaba los asesinatos anteriores; y se volvió más atento a los asesinatos que sucederían después de ese. Mucha gente blanca se hizo consciente de la charla que los padres negros tienen con sus hijos al crecer en un mundo blanco. 

La primera lectura del Evangelio en 2021 revela que Dios, el niño encarnado, creció en un mundo parecido. Probablemente José, María y Jesús no fueran recibidos calurosamente en Egipto. A medida que ellos y otros refugiados llegaron, sus vecinos y los funcionarios egipcios seguramente se quejaron de esa gente” que 

se viste de manera diferente, observa una religión diferente, compra alimentos especiales difíciles de encontrar, celebra días festivos extraños, no entiende ni respeta las costumbres locales. Ese carpintero va a tomar el trabajo de otra persona. ¡Deben aprender nuestro idioma! Probablemente el primer recuerdo de Jesús fue el sentido de miedo en las voces de sus padres, cuando le decían que no jugara fuera, para que se quedara escondido hasta que estaban más allá del peligro.

Esta historia de la presencia de Dios en una 

situación difícil muestra que el mundo no es sólo defectuoso; también es amado. Esa es la buena nueva. El amor de Dios por un mundo defectuoso se muestra en la jornada de la santa familia en Egipto. Pero los amados no siempre devolvemos el abrazo de Dios fácilmente. No importa cuántas Navidades hayamos vivido; no importa cuántas veces hayamos oído que el Verbo vino y habitó entre nosotros; no importa cuántas veces hayamos cantado, ASÓMATE A LA VENTANA PORQUE ESTÁ NACIENDO DIOS, nuevas circunstancias siempre plantean nuevas preguntas acerca de cómo Dios está encarnado en nuestro mundo. 2020 presentó al mundo muchas nuevas circunstancias, y planteó muchas preguntas nuevas. ¿Por qué permitió Dios que surgiera un virus que mataría a tantos? ¿Dónde estaba Dios cuando tantos morían sin el apoyo de sus familias? ¿Cómo puede Dios permitir que tanta violencia racial e injusticia fluya de las personas que se hacen llamar cristianos? 

El Evangelio de hoy nos despierta al hecho de que un Dios que se encarna utiliza el poder de manera diferente de lo que a menudo esperamos. El Dios encarnado no se presentó ante Herodes para mostrar quién está encargado. Dios huyó. Ante esa realidad no podemos ni entablar las preguntas de 2020 a menos que imaginemos el poder de Dios de una manera diferente. Dios no nos coacciona para someternos; Dios nos ama para convertirnos en cocreadores. Las historias del Evangelio nos alejan de la fuerza bruta y la sobrevivencia del más apto. Vislumbramos una nueva forma de ser humano. El poder no consiste en dominar para sobrevivir y gobernar. Se trata de dar, habilitar, sacrificar y fortalecer a los débiles. Este tipo de poder amenaza todo lo que tenemos y todo lo que somos; sin embargo, nos dota de momentos de satisfacción y nobleza más allá de todo lo que hemos visto hasta ahora. 

Así que, es cierto que cuesta percibir a Dios encarnado en nuestra realidad. Para hacer y responder a la pregunta de cómo Dios está presente, debemos desarrollar nuevos hábitos en nuestra percepción de Dios. No se trata sólo de cambiar de opinión; debemos darnos cuenta momento a momento de que nuestra percepción natural de Dios es deficiente. Nuestras mentes se resisten a una figura divina que también es plenamente humana y un poder que se atreve a ser impotente. Y no superamos esa resistencia solo siendo enseñados que Dios está encarnado. Debemos desarrollar nuevos hábitos para seguir corrigiendo nuestra visión de Dios con prácticas repetitivas. La contemplación es una práctica necesaria para desarrollar nuevos hábitos. Pero, así como la santa familia viajó a Egipto, viajar a nuevas tierras es otra práctica necesaria. 

Hemos visto lo mismo cuando hemos tratado de cambiar nuestros hábitos de relaciones entre diferentes razas. Grandes empresas han ofrecido talleres contra el racismo y no han logrado sus objetivos. Aprendieron que no podemos “cambiar de opinión” simplemente recibiendo nueva información, porque regresamos al mismo ambiente racista. Cambiamos nuestra conducta racista cuando nos ponemos en nuevos ambientes, en una relación permanente con diversos grupos de personas, para que podamos formar nuevos lazos emocionales, y desarrollar nuevas concepciones de quiénes somos “nosotros” y quiénes son “ellos”. 

Hace más de 50 años, la teología de la liberación comenzó a enseñar que las personas pueden cambiar su visión de Dios al cambiar su entorno. Los pobres ven a Dios de manera diferente a los ricos; los que no tienen poder ven a Dios de manera diferente a los poderosos. Pero esa enseñanza es tan amenazante para los que quieren mantener todo lo mismo que se ha rechazado constantemente por la mayoría de instituciones ortodoxas. Hoy en día, las ideas de la teología de la liberación sobre cómo creamos nuevos lazos emocionales con Dios y entre nosotros han sido corroboradas por la teología mística, las ciencias sociales e incluso los estudios del cerebro. 

¿Cómo creamos esos nuevos lazos emocionales que cambian quiénes somos nosotros, quiénes son ellos, y quién es Dios? ¿Cómo podemos dejar a Herodes en su palacio, rodeado de halagadores, a solas con su miedo, y viajar a Egipto como exiliados para abrazar una visión del amor encarnado de Dios? Primero es necesario que nos enfrentemos a la parte de nosotros que quiere estar con Herodes en el palacio, y admitir que no siempre deseamos estar con la sagrada familia en el camino a Egipto. Si no encontramos una parte de nosotros en la persona de Herodes el Grande, nunca vamos a poder sanar las divisiones en este país en 2021. 

¿Cómo somos como Herodes? Primero, debemos saber que Herodes no sólo masacró a los inocentes y amenazó a Jesús. También construyó ciudades y fortalezas, mejoró el suministro de agua a Jerusalén y reconstruyó el Templo. Tal vez temía a Jesús porque creía que un nuevo rey y un dios encarnado iban a destruir el idealismo y la justicia que él había luchado para avanzar. A nosotros también nos cuesta seguir al Dios encarnado y vulnerable que nos invita a poner nuestros proyectos de vida patas arriba, con un resultado incierto? Hemos trabajado tan duro, hemos tenido tan buenas intenciones, hemos sacrificado tanto para perder lo que hemos ganado por algo tan frágil como la fe. Sí, conocemos los motivos de Herodes, si no su poder, desde adentro. Si podemos acceder a ese conocimiento, tal vez podamos eliminar la brecha con aquellos que creemos que quieren destruir nuestra democracia.

Pero también somos como la sagrada familia en su jornada en Egipto. El Evangelio nos muestra que Jesús es uno de nosotros. Cuando estamos en una situación difícil, Jesús no siempre nos rescata; muchas veces se convierte en uno de nosotros – vive lo mismo que nosotros. Jesús es salvador y Dios con nosotros al mismo tiempo. Incluso en los tiempos más oscuros, Dios está con nosotros y para nosotros, prometiendo no sólo acompañarnos en tiempos difíciles, sino también llevarnos al otro lado. Si estamos contentos de que Dios nos salve de nuestras crisis, estamos desesperados por saber que Dios está con nosotros durante esas crisis de dolor, pérdida y miedo. Asómate A La Ventana Porque Está Naciendo Dios.