Vivir con dos naciones en el vientre

7/12/20 Pentecostés 6. Servicio de Oración Matutina.

Posted by St. Athanasius Episcopal Church, Echo Park on Sunday, July 12, 2020

071220 Pentecostés 6 

Gén. 25:19-34; Rom. 8:1-11; Mateo 13:1-9, 18-23

 

La lectura de Génesis ofrece la poderosa imagen de gemelos luchando en el útero. El autor dice que eran dos naciones de una madre peleando en el útero. La lucha entre Jacob y Esaú comenzó en el vientre; continuó como hermanos al crecer; y sus descendientes, los edomitas y los israelitas, lucharon como archienemigos en toda la historia. Génesis aborda cómo ciertos conflictos en Israel tuvieron su origen en pleitos entre gemelos siglos antes.

Estados Unidos comenzó su historia con varias naciones luchando en el vientre también. Las luchas han continuado a lo largo de su historia. Estados Unidos tuvo trillizos–natívo-americanos, afroamericanos y europeo-americanos. Lucharon en el vientre, en su infancia y hasta hoy. Son los pecados originales del país: el exterminio de los nativos americanos y la esclavitud de los afro-americanos. Los menciono porque aparecen tanto en las noticias, y porque Génesis nos invita a ver los paralelismos. La semana pasada la Corte Suprema dictaminó que aproximadamente la mitad de la tierra de Oklahoma está en una reserva de nativos americanos. El llamado a pagar reparaciones a los descendientes de esclavos están de nuevo en las noticias, recibiendo más atención y más legitimidad que en el pasado. 

Para entender y transformar estas luchas, se necesita una perspectiva teológica saludable. Los conflictos de ahora buscan transformación. Estamos viendo signos de transformación, pero también signos de resistir la transformación; a veces con las mismas formas. Los buscadores de división y los buscadores de reconciliación utilizan protestas y legislación para lograr su propósito. Por eso debemos mirar debajo de la superficie para discernir sus intenciones e impacto. Una lente teológica puede ayudar a discernir el significado de esos signos. Pero tenemos que reconocer los prejuicios de la teología cuando se limita a una visión parroquial de religión. Una teología transformadora toma en cuenta toda la historia, toda la realidad y todo el universo. 

Génesis cuenta la historia de Jacob y Esaú con un ángulo teológica particular. Es pro-Jacob/Israel. Lo vimos en la historia de Sara/Agar e Isaac/ Ismael. Lo vemos de nuevo aquí. Eso no significa que la teología sea mala. Sólo significa que debemos darnos cuenta. La imagen de un Dios que se pone del lado de los impotentes, los débiles, el hermano menor y la mujer estéril es una perspectiva saludable. Al mismo tiempo, revela que Israel se ve a sí mismo como un pueblo diminuto e impotente que vivía en medio de naciones más fuertes; una realidad que se hizo aún más evidente en las batallas con países muy superiores que podían aplastarlos fácilmente. 

Pero Génesis cuenta una historia madura. Muestra cómo las luchas que comenzaron como superficiales en un momento se convierten en conflictos fuertes con el tiempo: el hambre conduce a un cambio en la primogenitura, la envidia se convierte en obsesión, y la astucia se vuelve sobre sí misma. La lucha no es entre ganador y perdedor, mejor y peor, o bueno y malo; inicialmente es sólo entre el mayor y el menor. Jacob no demostró ser más noble o justo que Esaú. La voluntad de Dios no se revela automáticamente por quién gana o quién es justo. La voluntad de Dios siempre debe ser discernida, no asumida en base de superficialidades. 

Siempre tenemos que discernir el momento 

presente. No tenemos el lujo de retrospectiva. Cada movimiento social gana algunas batallas y pierde otras; tiene momentos cuando se porta bien y momentos cuando se porta mal. Cuanto antes reconozcamos eso podremos mirar más allá del momento para discernir el arco de la historia. La semana pasada los conservadores celebraron algunas decisiones de la Corte Suprema y se enfurecieron en otras; progresistas celebraron diferentes decisiones y discutieron otras. El mes pasado, unos manifestantes saquearon tiendas, y unos fiesteros usaban máscaras. No hay ni villanos puros ni héroes puros. Cada lucha tiene una invitación a reconciliarse y discernir. Pero la reconciliación no será forzada y el discernimiento no será fácil. Los conflictos se pueden resolver en cualquier momento; pero cada vez que no elegimos la reconciliación esa tarea se vuelve más difícil. La claridad se puede ganar en cualquier momento; pero cada vez que no actuamos se vuelve más esquivo. Por más grande que sea el desafío hoy será más grande mañana.

En la carta de Pablo a los romanos, aprendemos que no hay una condena general de los pecadores. Después de un capítulo en el que Pablo luchó con su propia voz interior de condenación, declara, no hay condenación para los que están en Cristo Jesús. Uno de los mayores errores de la religión ha sido condenar a categorías enteras de personas que consideran pecadoras: las discapacitadas, las zurdas, mujeres, homosexuales, negros, y una serie de otros. 

Jesús confrontó esa práctica con sus palabras y con sus hechos: siempre acogió a personas que eran excluidas por la religión y la sociedad por su pecado: leprosos, discapacitados, eunucos y mujeres en su periodo. Y expuso a los líderes religiosos, diciendo: ¡Ay de ustedes, escribas y fariseos, hipócritas! Mantienen a la gente fuera del reino de los cielos. Acusar a los movimientos y a sus líderes del pecado y del mal es una manera común de condenarlos y socavarlos. Los blancos acusaron a ML King de ser un comunista y un marido infiel para socavar el movimiento por los derechos civiles. Hoy en día muchos han tratado de deslegitimar las protestas señalando los saqueos y la destrucción de monumentos. Pablo dice que el Espíritu da vida. ¿Dónde se está nutriendo la vida hoy en día?

La parábola del sembrador también habla de cómo vivir con diferentes partes que luchan entre sí. El sembrador en la parábola tenía un jardín con espinas, rocas, tierra dura, y suelo bien arado donde las semillas crecen bien. En ese jardín el sembrador esparció la semilla indiscriminadamente. No parecía hacer un gran esfuerzo para asegurarse de que la mayor parte de semilla cayera en buen suelo. Cayó en partes iguales en suelo espinoso, rocoso, duro y arado. 

Dios es el sembrador, Jesús es la semilla, y los cuatro suelos señalan las condiciones de vida. Jesús ya se había sembrado en todas partes – en buena tierra y mal, entre rocas y entre espinas – y eso pasó sin ninguna participación de nosotros. ¿No es esa la ofensa en esta historia? Creemos que Dios sólo puede sembrar la palabra en Jacob o Esaú, demócratas o republicanos, en protestantes o católicos, Europeos, africanos o nativos americanos. Pero todos tienen rocas, espinas, veredas duras y tierra labrada. La familia de Abraham y Sara parecía entender esto. Cada historia en Génesis muestra una mancha familiar. Hoy, vemos engaños y celos entre Esaú y Jacob. Otras historias tienen secretos y orgullo. Resulta que para dar fruto debemos acoger y aceptar las muchas personas – ¡o suelos! – que nos hacen lo que somos, en individuos y comunidades. 

En este momento, cuando diferentes partes del país luchan por el dominio, es importante sanar las heridas que comenzaron en el útero, y afirmar el valor de cada parte a medida que discernimos el camino hacia adelante. Más adelante en la historia de Jacob, lucha toda la noche con Dios. En la mañana busca la reconciliación con su hermano. Ya era tarde, pero la intención era buena. Jacob se dio cuenta de que Esaú también tenía un papel en la historia. El más fuerte no siempre gana. El ganador no siempre tiene razón. Cuando las imperfecciones se convierten en excusas para despedir líderes o movimientos, perdemos su contribución. Eso hace que sea más difícil de discernir. Pero ya es hora de que lo hacemos bien. 

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